Muchas veces hemos oído decir que España es la puerta de Europa para los latinoamericanos y los africanos del oeste. Pero eso lo usan más a menudo quienes desean penetrar en el juego económico del mercado consumidor europeo. O sea, España como cabeza de playa para el gran desembarco de los productos del subcontinente latinoamericano, pero también como reclamo para el también gran desembarco de la inversión europea que, a su vez, busca la ampliación de su propio mercado. Es la puerta de vaivén, de ida y vuelta. Materia prima y productos agrícolas para acá, capitales para allá…como en una nueva versión de conquista mutua y consentida.
Tenemos que sacarle partido al hecho de que nos favorece el idioma, la cultura e, incluso, muchas de las costumbres y leyes que se han ido heredando de generación en generación.
Pero el Instituto Nacional de Estadísticas de España, el INE, ha entregado a la opinión pública unos datos que demuestran que España también es puerta de paso para la inmigración misérrima de Africa, que maneja otras lenguas, y también punto de destino para latinoamericanos empobrecidos que buscan un halo de luz en sus condiciones de vida.
En este momento, dice el INE, hay empadronados -o sea, inscritos- en los Ayuntamientos de este país casi 4 millones de extranjeros. Eso significa que casi el 9% de la población hispana procede del extranjero. Ni más ni menos…
Al 1 de enero de 2006, la cifra total de habitantes era de 44.395.300. Los extranjeros registrados sumaban 3.880.000.
Según estos datos, comparados con el año anterior, los españoles subieron en 132.000 habitantes, en tanto que los extranjeros crecieron en 646.000 personas. Una cifra que da que pensar, más aún si hablamos de “empadronados”…considerando de que hay muchísimos más que no están registrados en ninguna parte, se manejan en el filo de la navaja de la ilegalidad o, definitivamente, en la ilegalidad.
Escuché un comentario de una directiva del INE en el sentido de que España, hace sólo unos años, era el país con el más bajo índice de natalidad del mundo. Y que el nivel medio de su población envejecía año tras año. Ahora, con la presencia de tanto extranjero, el proceso de envejecimiento poblacional se está deteniendo, en tanto que los índices de natalidad están subiendo. Los extranjeros le ponen fecha de caducidad a estos asuntos!.
Hace unos días, desayunando con el Concejal de Seguridad Ciudadana de Madrid, Pedro Calvo Poch ( gran admirador de Chile, su geografía y su gente), dijo con rotundidad: “La inmigración no genera inseguridad ciudadana…¡crea riqueza!”. Proveniendo de un joven de derechas, la frase no deja de tener su sentido, porque aquí la oposición al Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero tiene una tendencia a criminalizar la inmigración y de acusar a los gobernantes de no controlar estos flujos migratorios.
España necesita a los inmigrantes, necesita mano de obra sacrificada (más que cualificada) para que realicen los trabajos que los españoles ya no quieren hacer. Este es un país que avanza y se desarrolla enormemente. Y en políticas sociales también lo hace. Por lo tanto, es un verdadero polo de atracción para quienes se debaten en la miseria en sus países de origen y dan el gran salto en busca de mejores condiciones.
Llegan a este país en las formas más increíbles, especialmente los africanos que en muchos casos lo hacen en pequeñas embarcaciones que los marroquíes llaman “pateras” y en otras un poco mayores que los subsaharianos llaman “cayucos”. Lo malo es que las mafias de traficantes de seres humanos se aprovechan de esta situación y organizan viajes que conducen a territorio español en esas embarcaciones con capacidad para un máximo de 10 personas, con 40, 50 o más miserables en busca de horizontes. Y les cobran una barbaridad por la travesía del Atlántico a las Canarias o a las costas andaluzas. Sin garantías de que lleguen con vida…ni que, si lo consiguen, no sean descubiertos por la policía que los repatria a las pocas horas. Es imposible conseguir cifras de quienes se han dejado la vida en el intento, ya sea ahogados porque la patera o el cayuco se hunde, o por hipotermia o deshidratación al durar estos viajes más días de los previstos al fallarle el motor -cacharriento motor- y quedar a la deriva sin ayuda de ningún tipo.
También llegan oleadas por avión, especialmente de América Latina. Vienen como “turistas”…y se quedan. Familias enteras de gente pobre, modesta, que ha vendido todo (han quemado sus naves) para poder cruzar el charco en busca del pan que sacie su hambre. Es obvio que aquí se adoptan medidas para evitar la entrada masiva, sin cotrol. Y es dramático ver, muchas veces, cómo se les impide el ingreso y se les mantiene bajo control en los aeropuertos hasta que son devueltos a sus países, con las ilusiones rotas y los recursos exprimidos.
Entonces ha surgido el ingenio, la nueva figura desesperada que impida que se les expulse: la del refugiado, la del asilado.
La Comisión Europea de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha publicado un informe sobre la situación de los refugiados en España que no deja de sorprender: en 2005, solicitaron asilo en España 5.254 personas, 150 menos que el 2004; 539 menos que el 2003; 4.236 menos que en el 2001. (Los datos dicen que el 50,97 de los solicitantes de asilo procedían de Africa; el 35% de América, en su gran mayoría de Colombia). O sea, es una vía descubierta y utilizada por los inmigrantes para quedarse aquí, pero que viene en un proceso descendente muy significativo. ¿Por qué? Porque aquí tampoco está demasiado clara la política de regulación de la inmigración. Datos al canto: del total de solicitantes de asilo, sólo 201 lograron el estatuto del refugiado. Y de ellos, el 2,65 % alcanzó además la protección complementaria. Pero las cifras son todavía más elocuentes: el 25,1 % de los solicitantes obtuvo una respuesta desfavorable…pero el 68,12 % ni siquiera fue admitido a trámite.
No voy a abundar más en cifras que confirman varias cuestiones. Como por ejemplo, que la inmigración se ha transformado por estos lados en un problema, en circunstancias en que debería servir de solución para los nuevos problemas del mundo desarrollado. La desesperación de la gente, los cantos de sirena que se oyen en los países pobres de quienes consiguieron instalarse y trabajar, la falta de información clara y precisa sobre las normas a seguir para no tener problemas de ingreso a estos países, son la causa de situaciones más que dramáticas que se pueden y deben evitar.
Claro que, a decir verdad, la cuestión de fondo es que la falta de oportunidades y desarrollo de los países pobres es la causa de que los ciudadanos opten por cortar el cordón umbilical de su terruño, de su idiosincrasia, de su cultura y lanzarse a una aventura triste, injusta.
Los países de potenciales emigrantes necesitan de políticas internas que permitan el desarrollo, otorguen más justicia social, más reparto equitativo, que cambien radicalmente la situación. Pero también necesitan ayuda desde el mundo desarrollado. Ayuda concreta, pero que no signifique nuevos agobios. Ayuda que no implique una nueva forma de explotación. Ayuda que no conlleve exprimir más a los ya exprimidos. Ayuda que no se transforme en dependencia. Ayuda, simplemente, y no imposiciones.
Recuerdo una anécdota contada por Federico Mayor Zaragoza, cuando era Director General de la UNESCO, que le resultó tan aleccionadora que hasta hoy no sólo la recuerda, sino que la aplica. Dice que, hace unos años, estando de visita en un pequeño y misérrimo pueblo de Africa, en medio de los actos y festejos por la entrega de ayuda material moderna que hacía la UNESCO, una profesora -tan modesta como el paisaje- le cogió de un brazo y le llevó hacia un costado para decirle en voz baja: “Gracias por la ayuda, pero ¿por qué no nos dejan a nosotros decidir en qué nos pueden ayudar?”…
—————————miguelangelsanmartin@gmail.com
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