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Agosto 18, 2026

Tras el paro estudiantil

Tras el paro de los estudiantes secundarios, han quedado, si ponemos atención, varios asuntos en evidencia respecto al comportamiento de las autoridades y los medios de comunicación frente a los problemas sociales que cuestionan el sistema imperante.


En 1971 Salvador Allende trató de poner la educación al alcance de todos, como un deber irrenunciable del Estado hacia sus ciudadanos, pero esa intención fue destruida por la tiranía militar y los economistas que la asesoraban. Lo que hoy tenemos es un mendrugo de educación, sobre todo para los más pobres. La “libertad de educación”, tan cacareada por la Derecha y la Iglesia, es tan sólo la utilización de ésta como una fuente más de lucro.

Cuando vemos a las autoridades desperfiladas, burocratizadas y atrapadas en la miseria de una política basada en la hipocresía, y por otro lado a estudiantes organizados en base a una asamblea que ejerce una democracia transparente, manifestando sus opiniones de manera lúcida y fundamentada, nos damos cuenta de que la forma actual de hacer política tiene sus días contados. Son insostenibles en el tiempo el oportunismo de los legisladores, sus oídos sordos ante los problemas y luego sus mensajes de cambios profundos para solucionar los conflictos que “percibían desde antes”, oración demostrativa de su condición de cínicos. Tampoco son aceptables presidentes –o presidentas- serviciales a las transnacionales y sometidos a la política internacional de los Estados Unidos. Lo demostrado por esta generación de estudiantes es un ejemplo de que muchas cosas se pueden lograr con inteligencia, unidad y fortaleza, cuestionando, a la vez, la capacidad de socialización de los partidos políticos.

Respecto a los medios de comunicación, al ver que la movilización iba en serio, intentaron farandulizar a sus principales líderes, además de cuestionar las capacidades escolares de algunos de ellos. La delantera la asumió la TV, encabezada por Megavisión -cubil del pinochetismo- y unos programas llamados matinales o algo así, que transmiten todos los canales y son la mayor alegoría a la imbecilidad, la ignorancia y la escatófila que se puedan encontrar. La prensa escrita también jugó su rol, con los generales El Mercurio, Las Últimas Noticias y La Tercera en primera línea, para tratar de quebrar el movimiento estudiantil con noticias sesgadas y frases de “expertos bien intencionados”, la mayoría ex funcionarios públicos o profesionales al servicio del empresariado y de los dueños de los medios de comunicación. Lamentablemente para ellos, la inteligencia y perspicacia de los estudiantes destruyó cualquier intento de manipulación, pues su movimiento está, como dijo el poeta: “ajeno a la política diabólica y ruin de los ensimismados”.