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Agosto 18, 2026

El mito de la relación PS /Allende

Uno de los mitos mas difundidos de la historia política chilena lo constituye aquél que plantea la actuación del Partido Socialista durante el gobierno de la Unidad Popular como una constante oposición al Presidente Allende que habría sido determinante en su caída.Este mito no tiene sólo una connotación histórica, sino que es un fantasma  que se agita con excelentes resultados inhibitorios cada vez que el PS formula planteamientos de izquierda ya sea en el plano económico-social interno o en el ámbito de las relaciones internacionales. Los resultados son formidables. Junto con otros factores, por cierto, este fantasma del pasado permite a nuestra sociedad de desigualdades escandalosas tener el socialismo mas acrìtico de Amèrica Latina.

El imaginario colectivo de la clase política chilena sólo tolera al PS una posición propia en el ámbito de los Derechos humanos. Claro, sería mucho sino se le permitiera siquiera defender a sus miles de muertos, torturados, exiliados y desaparecidos.

El supuesto sabotaje del PS al gobierno del presidente Allende es un mito contundente y efectivo. En más de una ocasión he escuchado jóvenes que no habían nacido durante la UP y que al parecer no han leído o investigado nada sobre ella, decir: “no debemos repetir los errores del pasado”. Hay también dirigentes importantes en el socialismo  de hoy que hacen actos de constricción pública sobre responsabilidades del pasado, que ademàs nunca tuvieron, y que por ello reciben los aplausos complacidos del establishment neoliberal.

Un PS saboteador de Allende y causante de su caída difunde la mitología oficial. Pero, las cosas ocurrieron de otro modo.

La primera piedra del mito es que los socialistas no querían a Allende. Lo que en realidad ocurre es que a partir de que Raúl Ampuero asume la conducción del PS en la segunda mitad de la década del 50 no sólo se produce la reunificación y recuperación orgánica, sino también el florecimiento de un pensamiento político extraordinariamente original y en sintonía con los tiempos que se viven. En ese marco surgen liderazgos muy potentes, entre los que, además de Ampuero, se deben contar Salomón Corbalán, fallecido tempranamente, Aniceto Rodríguez, Adonis Sepúlveda, Clodomiro Almeyda y Salvador Allende.

Son líderes de talento político excepcional. Cualquiera de ellos en situación de asumir el desafío presidencial. Cuando el pleno del Comité Central debe definir entre Allende y Aniceto no es tarea fácil. Allende tiene ya tres derrotas presidenciales que pesan, particularmente la última y viene llegando de Vietnam donde se ha entrevistado con Ho Chi Min. Hay abstenciones a la hora del cómputo, pero de ahí en adelante el PS no registra vacilaciones en el respaldo a su candidato.

Es un mito dentro del mito sostener que los comunistas apoyaron desde siempre a Allende, ellos tenían su candidato Pablo Neruda.

Sobre la vida interna de la máxima conducción del socialismo he leído o entrevistado/conversado con la  mayoría de quienes la conformaron y sobrevivieron, entre ellos Carlos Altamirano, Adonis Sepúlveda, Victor Barberis, Hernán Coloma, Gustavo Ruz, el “Huaso” Lara todos ellos coinciden en que las diferencias se dieron, como es normal, en el plano de las coyunturas tácticas y nunca en el plano de la estrategia y mucho menos en el de los principios. A la luz de lo acontecido podría pensarse que pudieran estar dando una versión acomodaticia de los hechos, vamos entonces a los planteamientos concretos y al desarrollo objetivo de los acontecimientos.

Cuatro eran los ejes estratégicos del proyecto de la Unidad Popular: 1).- Que era posible y necesario iniciar la construcción del socialismo en Chile, 2).- Que ese proceso era posible llevarlo a cabo en los marcos que una legalidad democratizada por decenios de lucha social la cual sería garantizada en lo esencial por las fuerzas armadas, 3).-Que era necesario crear una nueva legalidad a través y con los procedimientos legales existentes que dieran especio a las nuevas realidades sociales como la emergencia del poder popular. 4).- Que la modernización de Chile implicaba necesariamente la nacionalización del cobre y la reforma agraria. 

Esos cuatro ejes estratégicos fueron compartidos por el presidente Allende y el PS, en la teoría y en la práctica.

Los norteamericanos operaron en 1964 por impedir el triunfo electoral de Allende, repitieron el 70, y se asesinó al general Schneider mucho antes que Carlos Altamirano y su dirección asumieran la conducción del PS el 71.

El presidente del 70 al 73, y como siempre, asistió a todos los actos y eventos partidarios significativos tanto del PS como de su juventud lo cual da cuenta de una relación fluida aunque no exenta de contradicciones como en todo proceso revolucionario. Allende explicitò su relación con el PS señalando: “todo los que soy se lo debo a mi partido, a la Unidad Popular y a los trabajadores.

La imagen de una dirección socialista enloquecida que sin cálculo de riesgo alguno propone el enfrentamiento armado, revisado los hechos con rigor histórico se nos muestra como una simple imagen producto de la guerra sicológica desatada por los adversarios de la revolución chilena.

La dirección que encabezaron Carlos Altamirano y Adonis Sepúlveda consiguió éxitos notables como por ejemplo, obtener un recaudo electoral del 22% nacional, una red de locales partidarios en todo el país, instaló 14 radios y 6 periódicos o revistas de difusión pública, construyo una plantilla militante y formada doctrinariamente de no menos de 80 mil personas y la mayor bancada parlamentaria de su historia, llegó incluso, y en aquellos años, a incorporar la computación en el trabajo orgánico interno, es sin lugar a dudas el momento más alto del desarrollo orgánico y político del PS.

Un grupo de irresponsables chapoteando en el delirio ideológico no habrían alcanzado en menos de tres años estos enormes avances políticos y orgánicos.

Esto explica, y muy bien, el que Allende no tomara decisiones sin considerar al PS, no se trataba de un gobernante pusilánime amarrado a las pretinas partidarias, sino el reconocimiento de un actor de primer orden de la política nacional.
Se ha sostenido que el Presidente Allende planteaba una transición pacífica e institucional hacia el socialismo y el PS la confrontación armada. Esto es una caricatura muy fácil de develar. El presidente Allende no descartaba la posibilidad de un enfrentamiento armado y así en el discurso del 21 de Mayo de 1971, pieza teórica de la vía chilena al socialismo,  el concibe la posibilidad del enfrentamiento pero, cree que puede evitarse. Pero, si ello no ocurriera la defensa del proceso institucional/revolucionario recaería en primer lugar en las fuerzas armadas regulares, que bien podrían ser reforzadas por los trabajadores.

El PS, por su parte,  cree que el enfrentamiento era inevitable, pero, trágicamente, también cree que todo o parte de las Fuerzas Armadas defenderán la democracia y que deben ser apoyadas por contingentes de trabajadores. Ninguna de las dos tácticas propone la creación de un ejército popular que ataque a las fuerzas armadas institucionales.

Es por eso que todo el trabajo del frente interno del PS se concibió como creación de una escolta presidencial que luego se extendió en la misma dirección hacia algunos dirigentes. Sin perjuicio de algunas iniciativas puntuales, no institucionales, y de escasa significación el PS nunca emprendió el trabajo de crear milicias populares, a pesar de que el estado de ánimo de la clase obrera y su militancia lo permitían, cuando no lo exigían.

El PS nunca intentó crear un poder alternativo a la legalidad existente es por ello que cuando el Regional Concepción junto al MIR y el MAPU de esa ciudad forman una Asamblea Popular, alternativa a la institucionalidad republicana, esa experiencia es inmediatamente desautorizada.

Las divergencias entre Allende y el PS se dieron en el plano de la tàctica. Su mayor tensión se manifestó en relación al regional Santiago Centro y que sacaba a quioscos el diario “La Aurora de Chile” que sostenía tesis bastante radicalizadas que ninguno de sus dirigentes fue capaz de llevar a la práctica el 11 de Septiembre y que en el plano nacional de la veintena de dirigentes del Comité Central sólo tenían recepción en tres o cuatro de ellos. También expresaba desacuerdos tácticos pero de un tono menor el regional Cordillera.

Las mayores diferencias se dieron, reitero,  en el plano táctico, primero en relación a la incorporación de militares al gabinete y luego del intento golpista del 29 de Junio. El presidente es partidario de descomprimir e iniciar un repliegue ordenado que impida la ofensiva golpista, esa es la táctica que se utiliza; marcha sin discursos el 4 de Septiembre, tolerar los vejámenes militares en los allanamientos a industrias y los apremios a los marinos arrestados, y proponer un plebiscito.

El PS creía que el golpe era inevitable, y que sólo cabía enfrentarlo, una contraofensiva táctica en el marco de una situación defensiva estratégica,  a pesar de la desproporción de fuerzas así se plantea en el pleno de Madeco y en el Estadio Chile. El repliegue de la UP y el llamado a plebiscito sólo adelantó el golpe.

Todos quienes combaten en La Moneda y sus alrededores el 11 de Septiembre de 1973 son militantes socialistas.

Un PS saboteando a Allende es algo muy absurdo, pero en la misma lógica de la tesis mendaz que sostuvo que los chilenos asesinados en Argentina en el marco del plan Cóndor lo eran por sus propios compañeros.  
 
ROBERTO AVILA TOLEDO
Concejal
Miembro del Comité Central del PS de Chile

* Este artículo es una síntesis de un capítulo del libro “Allende, el PS y la Revolución Chilena” próximo a publicar.