google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Los “sóviets” de estudiantes secundarios: Una lección de civismo para la sociedad chilena

“El Mercurio”, portavoz nítido y lúcido de la derecha chilena más reaccionaria, anda cazando a los brujos que han “manipulado” el gran movimiento de los estudiantes secundarios. Así como a comienzos del siglo XX culpó a los “agitadores profesionales” y a los “activistas” pagados por el “oro de Moscú”  de la “cuestión social”, hoy el decano de la prensa uniformada atribuye el gran movimiento estudiantil reciente a la conducción de los comunistas, de Fuerza Social y Democrática, “la Surda” y, en general, de la izquierda extraparlamentaria.

Pronto los ideólogos de la derecha pinochetista (en Chile casi no existe una derecha “civilizada”) descubrirán una gran similitud entre las asambleas multitudinarias regidas por una democracia directa de nuestros estudiantes “en toma” y los sóviets de obreros, campesinos y soldados surgidos en la revoluciones de 1905 y las de febrero y octubre de 1917 en la Rusia zarista. En efecto, las asambleas soberanas de estudiantes secundarios establecieron sus reivindicaciones a corto y largo plazo, controlaron directamente el curso de las negociaciones con el Gobierno,  designaron y revocaron a sus dirigentes al puro estilo de los sóviets originales. Recordemos que el docto y conservador “Diccionario de la Lengua Española” de la Real Academia Española define en forma coloquial al soviet como “Servicio o colectividad en que no se obedece a la autoridad jerárquica”.

Los estudiantes secundarios se han atrevido  a desobedecer la autoridad de los jerarcas de la Concertación que en “democracia” no han garantizado una educación de calidad para todos los chilenos y se han doblegado, como en todas las demás esferas de la vida social, cultural y económica, ante la nefasta herencia de la dictadura. El movimiento estudiantil ha puesto una vez más al desnudo la contradicción fundamental de la sociedad chilena: la profunda desigualdad entre una ínfima minoría que goza de todos los privilegios y la abrumadora mayoría despojada de los derechos humanos más elementales.

En los días de huelgas y tomas, los secundarios han aprendido e impartido al resto de la sociedad una lección de civismo, que nos permite abrigar esperanzas de nuevos avances en la lucha por más democracia y justicia social.