“Yo creo que ahí hay un problema obvio que lamentar. La forma en que se ha cursado este premio me parece antidemocrática, y así lo he dicho siempre, en la medida que en sesenta años sólo se ha premiado a tres mujeres. Y si ahí no se reconoce que hay un problema se colabora en esa sociedad antidemocrática”.
“Más allá o más acá de que se premie a una mujer hay una cosa antidemocrática, entonces, si uno fuera coherente políticamente, yo te diría que los próximos diez premios nacionales se los deberían dar a las mujeres. Para empezar a equilibrar. Y todavía quedamos cortos”.
Diamela Eltit, escritora
por Enzo Borroni Ricardi
El pasado viernes 19 de mayo, leyendo la Revista de Libros del diario El Mercurio, me encontré con una entrevista a la escritora Diamela Eltit, quien expresó el siguiente juicio con relación a la supremacía masculina a la hora de la entrega del Premio Nacional de Literatura en sus sesenta y cuatro años de vida: “Más allá o más acá de que se premie a una mujer hay una cosa antidemocrática, entonces, si uno fuera coherente políticamente, yo te diría que los próximos diez premios nacionales se los deberían dar a las mujeres. Para empezar a equilibrar. Y todavía quedamos cortos”.
Su discurso se basa en que solo tres mujeres han recibido tan “prestigiosa” distinción: Gabriela Mistral (1951) –después de 5 años de recogido el Nobel en Estocolmo- Marta Brunet (1961) y en uno de los escasos aciertos de la dictadura de Pinochet, Marcela Paz en 1982, premisa que apoyo en su totalidad y que es una vergüenza desde todo lugar que se le mire.
Pero en relación a dichos comentarios, y expuesto de la forma en que la escritora se refiere sobre la ya esperada polémica literaria de todos los años –no es para menos, 11 millones brutos y seiscientos mil pesos mensuales de por vida- que saltó cual conejo del sombrero del mago la famosa “palabrita” que ha sido todo un emblema en los gobiernos de la Concertación… Consenso.
Podemos remitirnos a muchas cosas, pues aquella palabra también ha llegado al arte y en especial a la literatura.
El caso más bullado de “Consenso” en la literatura –pero dentro de la Concertación- fue el otorgamiento del premio al poeta Raúl Zurita (2000). No pondré en duda la calidad de su poesía, sus libros Purgatorio y Anteparaíso son una muestra de ello, pero desde esta tribuna, pienso que por lo menos había dos o tres nombres con muchos más méritos que el poeta de la campaña de Ricardo Lagos… Apoyo + Favor = Consenso. A buen entendedor pocas palabras.
En el año 2002 Volodia Teitelboim, reconocido militante comunista recibió el premio, para muchos fue una forma de “Consenso” para comenzar a repartir de forma equitativa el galardón y así apagar las críticas por el otorgamiento a Raúl Zurita.
Después no faltó quien para equiparar la situación atribuyó al “Consenso” el nombramiento del poeta Armando Uribe (2004). Los premios estaban demasiado cargados a los escritores pro-Concertación, y la versión anterior había quedado en manos de un novelista de la izquierda extraparlamentaria, por lo que a Uribe –reconocido opositor a los gobiernos del conglomerado, sin militancia en partido alguno- habría sido premiado bajo aquellas circunstancias.
Pero para ser consecuentes con la verdad, aunque haya sido de esa forma en la que llegó acuerdo el jurado, el autor de ”Odio lo que odio, rabio como rabio” hace ya largo rato merecía la distinción.
Si llegamos a la conclusión que el Premio Nacional de Literatura se entrega por “Consenso”, entonces bien cabría la “postulación mediática” que ha venido enarbolando el diario El Mercurio a través de una votación en línea, del escritor Miguel Serrano, literato estrechamente vinculado con el Nacional Socialismo chileno.
Es decir, uno para la Concertación (Zurita) otro para los comunistas (Teiltemboim) un tercero para los “apolíticos” (Uribe) y ahora le tocaría el turno a la derecha.
Creo que Serrano no necesita de esta pirotecnia medial, pues su obra lo pone a la altura de cualquier laureado.
Volviendo al escenario propuesto por la Eltit “Yo creo que ahí hay un problema obvio que lamentar. La forma en que se ha cursado este premio me parece antidemocrática, y así lo he dicho siempre, en la medida que en sesenta años sólo se ha premiado a tres mujeres. Y si ahí no se reconoce que hay un problema se colabora en esa sociedad antidemocrática” cabe preguntarse, entonces, si los premios han sido entregados de mala forma, solo porque no ha existido igualación entre adanes y evas.
Tendrá Gonzalo Millán, Germán Marín, Claudio Bertoni -entre otros- esperar que ocurra una década para ser reconocidos por el Ministerio de Educación, aunque ellos –en mi opinión- sean los mejores escritores y poetas vivos aún no reconocidos, porque hay que darle el premio a diez mujeres, por lo bajo, antes que ha ellos, porque la ley del consenso lo dice?
Cabe preguntar, que si acaso a la señora Eltit habría que entregarle dicha distinción por ser mujer, escritora y esposa de un ex – Ministro –Jorge Arrate- por una cuestión de consensos, ya que no se le ha adjudicado a ninguna esposa de secretario de estado y ya sería la hora de hacerlo?
El consenso, puf, patrañas, si hasta el último fin de semana lo hemos visto… todas las bancadas políticas apoyando a los estudiantes, después que estos juntos a profesores y apoderados amenazaran con movilizar 600 mil personas si no eran escuchadas sus demandas, el marketing de la política o la política del marketing, indicaba que había que apoyar a los jóvenes si no querías ser antipopular… ¿será que así eligen al Premio Nacional de Literatura?
Sería una pena que las causas políticas y las luchas por las igualdades mal entendidas sigan siendo el parámetro principal para el otorgamiento de este premio, que cada vez menos logra representar la identidad literaria del país.
Son muchos los que no lo recibieron (Vicente Huidobro, Jorge Teillier, Maria Luisa Bombal, Enrique Lihn, Roberto Bolaño entre otros) y muchos más los que no lo han recibido (Estela Díaz, David Rossenman –Taub, José Miguel Varas) como para estar poniendo en el tapete algo tan antidemocrático y fascista que imponer por sexo, etnia o lo que fuese, sobre la genialidad de todo buen escritor o poeta, el veredicto del otrora premio más importante de nuestra literatura.
No caigamos en el mismo error de siempre, que después será imposible resucitar a tanto virtuoso para explicarle la definición de la palabra Consenso… y recordando al viejo Parra, pero interviniendo su famosa frase “O terminamos con los consensos o los consensos terminarán con nosotros”.
