Se reconstruye a partir de estas medidas, la relación pueblo-Estado, ampliando en forma significativa el erario nacional, al disponer en plenitud del proceso de comercialización del petróleo, y en consecuencia de las utilidades que en una lectura socialista, implementará los programas de desarrollo e inversión social.
Por otra parte, la firme voluntad de ampliar y profundizar la democracia, se expresa en la decisión del Presidente Evo Morales de crear una nueva Constitución Política que modernice la vida ciudadana, abriéndole mayores espacios de participación y radicar así la soberanía de su nación en el pueblo.
La ventaja que tiene Evo en relación a Bachelet es la clara diferencia porcentual obtenida por el primero en las últimas elecciones presidenciales de su país, la que además se concentra en un discurso coherente en materia de ideas e intereses, los electores apoyaron la propuesta del MAS y su líder máximo, en cambio Bachelet obtuvo un porcentaje menor, pero además de una coalición donde su condición de socialista es claramente minoritaria. Ideas como las de nacionalización, verdad y justicia, o superación de la Constitución Política heredada de la dictadura militar son ideas erradicadas de los bloques oficiales. Ni la Concertación ni la derecha están disponibles para transformaciones que vulneren su adhesión al modelo capitalista globalizado, lisa y llanamente, son dos lógicas de desarrollo antagónicas.
En Chile, la presencia de poderes fácticos representados por los gremios empresariales como la Sociedad de Fomento Fabril y la Confederación de la Producción y el Comercio, por una parte, y la representación parlamentaria en la Cámara de diputados y el Senado, dan cuenta de una visión que reafirma el modelo que se reconoce en los diagnósticos como discriminador y excluyente tanto en lo económico como en lo político.
Evo Morales es un socialista de esencia, y Bachelet es una socialista de apariencia. Tal vez consciente del escenario restringido por un sistema jurídico consustancial al modelo económico neoliberal, su gestión está más bien encaminada a humanizar las relaciones laborales en el modo de producción, y a buscar los mecanismos que permitan modificar el sistema binominal para darle una mayor diversidad, a una democracia limitada por ciertos enclaves autoritarios que aún permanecen latentes.
Otro antecedente es, el nivel de conciencia en que se encuentran ambos pueblos, mientras las organizaciones populares bolivianas son un soporte sólido para un gobierno progresista como el de Morales, la sociedad civil chilena en gran medida permanece despolitizada y distante de su rol como gestor de políticas públicas que se identifiquen con sus intereses inmediatos y estratégicos.
América Latina ha iniciado una nueva fase en su lenguaje y en su acción destinada a reposicionar el socialismo sin caer en ciertos dogmas tradicionales, lo hace por la vía democrática y con la expresión decidida de sus pueblos, en cambio Chile, permanece atrapado por una camisa de fuerza que nos legó la dictadura, y que proyectan los políticos tradicionales haciendo uso de las herramientas que le entrega un sistema político estático elitista y vigilado.
