Berlusconi y Prodi: principales caras de la política italiana

Roma.- Los italianos eligen hoy y mañana su primer ministro entre dos abogados: el primer ministro Silvio Berlusconi, acusado de corrupción, y el ex jefe de gobierno Romano Prodi, líder de la coalición opositora la Unión. Diferentes como una gota de agua y otra de aceite, Berlusconi y Prodi, las dos caras de la moneda en la política italiana, disputan la jefatura del gobierno en reñido pulso y luego de concluir, el primero, una escandalosa campaña electoral. El primer ministro y líder del Partido Forza Italia, el cual fundó en 1994, principal grupo de la Alianza Casa de las Libertades (CDL), nació en septiembre de 1936, en Milán, en cuya universidad se graduó de licenciado en leyes.

Posiblemente, ese sea el único punto de coincidencia con un pausado Prodi, quien aboga a favor de una Italia solidaria y con equidad social, pues ambos estudiaron esa carrera en la misma ciudad, aunque en diferentes universidades.

Luego de iniciarse en los negocios en Milán, en un terreno que compró y abrió una constructora con origen monetario dudoso, Berlusconi comenzó a incrementar sus fondos hasta llegar a convertirse en el hombre más rico de Italia con más de 12 mil millones de dólares de patrimonio.

En ese camino, fundó en 1978 Telemilano, primer paso para crear Mediaset, la principal televisora de este país, a la que sumaría seis años más tarde la compra de los canales 1 y Retequatto.

Pero además, entre otros negocios, es accionista de importantes editoriales y dueño del afamado club de fútbol Milán.

Con Forza Italia y la Liga Norte (LN) y Alianza Nacional logró alcanzar el gobierno en 1994, pero sólo por unos meses.

La LN provocó entonces la caída del Ejecutivo al retirarse de la coalición por acusaciones de corrupción contra Berlusconi.

En el segundo mandato también recibió el respaldo de esos dos partidos, sin embargo, pese a los diversos expedientes judiciales abiertos en su contra, logró concluir su administración.

Precisamente, la oposición lo acusa de aprovechar la mayoría parlamentaria de la CDL para aprobar leyes a su medida y evadir el brazo de la justicia.

Entre el rosario de delitos, se libró de las acusaciones de la fiscalía de Palermo por asociación mafiosa y lavado de dinero al prescribir el caso por pasarse del tiempo establecido en las nuevas legislaciones.

También salió ileso de las acusaciones de sobornar a los magistrados para que su compañía Fininvest se alzara con la compra de una empresa estatal, en detrimento de su rival comercial Carlo de Benedetti.

Pero, además, evadió sanciones por lo menos en otros tres casos, entre ellos uno en que fue declarado culpable por falsedad de testimonio.

Con una vida turbulenta, al primer ministro le llovieron imputaciones políticas como las de involucrar el país en la guerra contra Iraq y complacer a su aliado, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

Al protagonizar disímiles escándalos, su personalidad se tornó más agresiva en los días finales de la campaña electoral por los insultos lanzados contra los opositores y llegar a llamar coglioni, sinónimo de testículo e imbécil, a quienes voten por la Unión.

Muy lejos de esa forma de proceder se coloca Prodi, llamado también El Profesor, nacido en 1939, en la región de Emilia-Romagna, y quien se dedicaba a estudiar, impartir clases en universidades y hacer una carrera política más mesurada.

Se desempeñó como presidente de la Sociedad Editora Il Mulino, de 1974 a 1978, fundador de una sociedad de estudios económicos y consultoría (1981), y director de las revistas Energía e industria, un calendario después.

Fungió además como ministro de Industria durante un año en el gobierno de Giulio Andreotti.

Tras dar vida a la coalición de izquierda del Olivo, anotó a Berlusconi su primera derrota, en las elecciones de 1996.

Dirigió el gobierno italiano hasta 1998 y no cumplió el mandato, al retirarle el respaldo el Partido Refundación Comunista y perder por un voto una moción de confianza parlamentaria.

Luego fungió como presidente de la Comisión Europea y asistió a la extensión de la Unión Europea a 10 países.

Al término de su labor al frente de la CE, El Profesor regresó a la política italiana, colocándose como líder de la Unión en momentos que se necesitaba una máxima figura política.

Con hablar pausado y un rostro sonriente, intenta marcar distancia de quien ha llegado a calificar de vulgar, por usar un lenguaje ajeno a un primer ministro.

Ahora corresponde al electorado decidir entre esas dos caras tan diferentes dentro de la política italiana.