Energía: hacia una estrategia latinoamericana

No porque produzca reactores, centrifugas y aceleradores de partículas atómicos, cuente con la sexta reserva mundial de uranio, sea capaz de refinarlo y pueda convertirse en exportador de tecnología y combustible nuclear, Brasil se considera al margen del problema energético, todo lo contrario.  

Tampoco Argentina que, presionada por una contumaz escasez de energía, fue pionera de una política petrolera latinoamericana y precoz en el aprovechamiento de la energía atómica, intentado incluso dominar la fusión nuclear y que cuenta con tradición, recursos y capital humano, se excluye.

Viniendo de menos a más, Venezuela ha imbricado su petróleo y sus recursos y, lo más importante, su voluntad política, imaginación y capacidad de convocatoria para formular programas de integración basados en la concertación, la solidaridad, la eficiencia y la viabilidad.

Bolivia se incorpora a los proyectos y seguramente Colombia, Chile y Perú no se conformarán con mirar los toros desde la barrera. Aunque se echa de menos a México, probablemente llegue el día, a pesar de sus realidades geopolíticas, mire también al sur.

Por el otro extremo de la ecuación, desde el entorno insular, avanza y se consolida la experiencia cubana basada en una original concepción de la gestión energética que asocia la eficiencia en la producción y la distribución con la racionalidad en el consumo.

La doctrina energética cubana que, excepto la nuclear, combina la utilización de todas las formas de producción de energía, auspicia la descentralización de la generación eléctrica, introduciendo modernos, y eficientes grupos electrógenos y la racionalidad en el consumo, es un complemente y una solución.

Sin renunciar a los factores subjetivos, Cuba no se ha resignado a las apelaciones a la conciencia ni al facilismo de tratar de limitar el consumo por vía de subir los precios, sino que ha desplegado un conjunto de eficaces medidas prácticas que producen resultados a muy corto plazo.

Mediante una terapia de choque contra el despilfarro y a favor de la racionalidad, ofreciendo muchos incentivos al ahorro y algunas penalizaciones al derroche, Cuba suma a los usuarios finales y mediante discretas inversiones introduce en masa equipos eléctrico-domésticos, de iluminación e incluso de fuerza, eficientes que, además de elevar el confort y la calidad de la vida, determinaron una drástica reducción del consumo.

Mientras en Europa se conoce que más del 50 por ciento del alumbrado público es ineficiente, pero no se hace nada para cambiarlo, en Cuba, por disposición estatal se sustituyen de un golpe todas las luminarias incandescentes provocando, por ese sólo concepto ahorros equivalentes a una termoeléctrica mediana.

Las iniciativas de PetroSur y PetroCaribe y otras que colocan sobre nuevas bases el comercio petrolero en América Latina y el Caribe, los ejes energéticos formados a partir de acuerdos bilaterales y multilaterales, así como el estimulo a las investigaciones en torno a las energías no convencionales y la introducción de las tecnologías apropiadas, son aportes sustantivos a la definición de una estrategia energética latinoamericana.

Percibidas en su conjunto y ensambladas en un proyecto de integración económica debidamente consensuado como es la Alternativa Bolivariana para las Américas, todas estas acciones y otras que seguramente se sumarán, forman la base de un programa conjunto e integral para asumir la crisis energética como un desafío y no como una tragedia.

Lo que no es viable es sentarse a esperar que Estados Unidos o Europa busquen soluciones para los países pobres. Eso no ocurrirá.

En América Latina está todo lo necesario para enfrentar la crisis energética y convertirla en una opción para el desarrollo y el progreso de nuestros pueblos.

Ya hemos comenzado a andar.