Las puertas del infierno

Poco antes de iniciarse la guerra contra Iraq, hace ahora tres años, un dirigente árabe vaticinó que, si se producía la invasión por las tropas norteamericanas, “se abrirían las puertas del infierno”. Así ha sido.

Está ya demostrado que esa agresión de opción e ilegal se comenzó a planificar por la Administración Bush inmediatamente después de los atentados del 11S. Se urdió la gran mentira, con el doble motivo de las armas de destrucción masiva en manos de Sadam que hacía realidad una amenaza grave e inminente y la afirmación de una relación entre los terroristas y el propio Sadam. En ambos casos, falsedades urdidas por Bush y sus fieles Cheney, Powell, Rumsfeld, Wolfowitz y Rice, con la connivencia de los grandes medios de comunicación del país y la siempre fiel compañía de su fiel servidor, Blair. La peligrosísima doctrina de la guerra preventiva se abrió paso sobre la legalidad internacional y sobre las resoluciones de Naciones Unidas.

Tres años después, el infierno está ahí, en Iraq sobre los sufridos ciudadanos de ese país, creado artificialmente por el imperio británico y al que otro imperio agresor, el norteamericano, puede deshacer. Más de cien mil muertos, incontables heridos, sufrimientos indecibles, penurias económicas, el país efectivamente, como dijeron los entonces dirigentes norteamericanos con el bloqueo tras la primera Guerra del Golfo, está volviendo a la edad de piedra. Ése era su objetivo ya. Hoy ya las noticias no son de primera plana porque las víctimas entre las tropas de ocupación crecen mucho más lentamente y son los iraquíes los que se matan entre ellos, camino de una guerra civil abierta. Con el sanguinario Sadam existía la paz de los cementerios, hoy existen los cementerios sin paz.

Contrariamente a lo que afirma Bush, la inseguridad mundial por las amenazas terroristas no han disminuido por la guerra en Iraq sino que ha aumentado, según una reciente encuesta de la BBC en treinta y cinco países. Iraq no era un centro del terrorismo internacional, hoy lo es. Como es mucho mayor el riesgo de desestabilización de una región siempre inestable y clave. El supremo y real objetivo de la invasión, una región más favorable para los intereses de Estados Unidos y de Israel, parece hoy muy lejano.

El rechazo a Estados Unidos y su política internacional es hoy mucho mayor, especialmente en los países árabes y musulmanes, que antes de la invasión. Respondiendo a esa pregunta que se hace el ciudadano de ese país de por qué les odian tanto, ahora hay muchos más motivos para ese odio. Una guerra de agresión, bombardeos de poblaciones civiles, una posguerra catastrófica, violaciones de los derechos humanos, muertes y torturas en cárceles como Guantánamo, Abu Ghraib y otras menos conocidas, secuestros de personas y entregas a centros de tortura en terceros países (con complicidad por acción u omisión de países europeos que, hipócritamente, condenan esos hechos), acoso y expulsiones de árabes en Estados Unidos, recortes de las libertades en ese país con instrumentos como la Patriot Act y el espionaje interior a cargo de la Nacional Security Agency y, como siempre, prepotencia y doble rasero. En todo el mundo democrático, las libertades han retrocedido claramente a favor de la seguridad, como se ve claramente en el Reino Unido con Blair, alumno aventajado de Bush.

Tres años después de la agresión, la Administración Bush está en un pantano del que no sabe cómo salir. Su legado, para su país y para el resto del mundo, es claramente negativo. Hoy el mundo es más inseguro, más injusto y con mayores sufrimientos gracias al fundamentalismo de unos iluminados que fundamentaron ideológicamente y decretaron la agresión.