Gloria al Pulento

El profesor Lagos será el único Presidente que terminará su período amado por empresarios y trabajadores. A su paso por las calles,  seguramente, le lanzarán laureles  y cantarán himnos de alabanza; la plebe, en Tontilandia, ha sido siempre terriblemente malagradecida: cuando comienza un Presidente, todos los pateros lo alaban y aplauden, pero al fin de su mandato lo pifian y, no pocas veces, tiene que huir, en la transmisión del mando, por la puerta trasera.

Incluso, el Padre de la Patria, don Bernardo O´Higgins, después de verse forzado a entregar el poder, murió en el exilio. Los pobres negros, con cara de sepultureros, padre e hijo, Manuel y Pedro Montt, empezaron su mandato adorados por los electores y lo terminaron despreciados por los mismos: el padre, acusado constitucionalmente por notable abandono de sus deberes, cuando era presidente de la Corte Suprema, y el hijo, que murió en Alemania, con la culpabilidad de los peores peculados y el peso de la matanza de Santa María de Iquique; Juan Luis Sanfuentes tuvo que recibir una “apoteósica” rechifla al entregar la piocha de O´Higgins al demagogo catalina Arturo Alessandri; en la transmisión del mando, al presidente del Senado se le cayó, por accidente, este símbolo de poder y, como don Arturo era supersticioso, creyó que no iba a terminar su período, lo que verdaderamente ocurrió, con el golpe militar de 1924; como el León era diablo, metió en la piocha un pequeño papelito que decía: “volveré”, y así ocurrió en 1932.

Continuando con la historia del cambiante humor popular, Eduardo Frei Montalva, que triunfó con una inédita mayoría en la historia de Chile, terminó entregando el símbolo del poder a su ex amigo, convertido en su peor enemigo, Salvador Allende. El remoquete “el kerenski chileno”,  puesto por el ultra derechista brasilero, Plinio Correa de Oliveira, persiguió al pobre don Eduardo hasta sus últimos días de mandato. Daniel López Pinochet tuvo también que soportar los prolongados aplausos del pueblo, dirigidos a Patricio Aylwin, opositor a su dictadura.

En general, los Presidentes se trasladaron, humildemente, a sus casas de clase media, a la cual pertenecían y así lo hará también nuestro querido profesor, que vive en un humilde departamento, en la calle Vera y Pintado; el único que rompió esta tradición fue, nada menos, que el tirano Daniel López Pinochet, que aún posee lujosas mansiones a su haber, además de sumas incalculables de dólares, en bancos extranjeros.

Nuestro pulento profesor Lagos, que todo lo hace casi a la perfección, entregará el poder a su menuda discípula, la abeja reina Michelle Bachelet. Gloria al pulento por los siglos de los siglos