Radio Chilena

Me dicen que la voz de Radio Chilena se ha acallado. Y que, como dijo Pezoa Véliz, “tras la paletada, nadie dijo nada…nadie dijo nada”. Se mueren los medios diferentes. Se acaban los mensajes distintos ante el peso de la voz monopólica que campea por los ambientes comunicacionales chilenos.

Entonces, no me queda más alternativa que evocar, que recordar…

                Recuerdo que en 1967 me llamaron desde la Chilena. Comenzaba mi carrera periodística en Radio Nuevo Mundo, bajo la batuta de otro “Mono”, de apellido Gómez. Yo era muy jovencito, pero me había apuntado unos tantos muy llamativos. Primero, el intento de fuga fuga a balazos del Loco Pepe y de Julio Ignacio Scarpizzo, junto a cuatro delincuentes chilenos, desde la Penitenciaría de Santiago. Y luego,  el terremoto de Tal-Tal. Hechos noticiosos de gran calibre y dramatismo que cubrí con éxito gracias a una suerte enorme que, algún día, lo contaré. Lo concreto es que en la Nuevo Mundo me pagaban medio arancel de priodistas (En  ese entonces el Colegio era fuerte e imponía mínimos arancelarios), y gracias a los dos casos citados, me llamaron de la Chilena para ofrecerme una plaza de periodista, a arancel completo. A pesar de mi juventud, estaba recien casado y ya era padre de un hijo…y venía en camino una niña… Así es que llegué a calle Phillips con las ilusiones de un niño frente al pastel comprado en la puerta del colegio. Por eso comencé haciendo de todo: redactor de mesa y reportero de lo que se presentara.

               Una mañana de junio de ese año ’67, estando en turno de mesa redactando los informativos, sonaron las campanillas del teletipo indicando una noticia urgente. Salté de la silla, corrí hasta el aparato y leo…”Guerra en el Medio Oriente…” Corrí con el trozo de papel en la mano hacia el locutorio, pero no estaba Fredy Hube en el micrófono (había salido unos momentos por una “emergencia personal”) y un disco sonaba lánguidamente. Entonces le digo a Víctor Hugo Farfán, control de turno: “Dame micrófono…es un flash!”.  Me miró sorprendido y me rspondió casi mecánicamente: “No puedo…tienes que ser locutor profesional” (En ese entonces, el Sindicato de Locutores tambièn tenía fuerza y había que estar sindicalizado para cumplir tareas microfónicas). Afortunadamente, yo lo era y llevaba con orgullo mi carnet encima. Se lo enseño y Víctor Hugo me abre el micrófono. Excitado, leo la información y la amplío con más datos de mi cosecha. En cuanto terminé de dar el flash, llamó por teléfono al control el Director de Programas, José Luis Córdova: “¿Quién se puso al micròfono para dar lanoticia?”, preguntó con voz seca. Y Víctor Hugo tartamudeó una respuesta:  “…Yo…yo le dije a  Monín San Martín, señor, que no le podía abrir el micrófono…”. No terminó de hablar, porque Córdova le cortó en seco: “Que siga leyendo los informativos. Le ha salido muy bien”.

             Desde que ocurrió esta anécdota que me abriò las puertas (bueno, los micrófonos) de la emisora más popular de Chile de ese entonces, hasta que me fuí a la Radio Corporaciòn, cuando ganó Allende en 1970, para hacerme cargo del Departamento de Prensa, viví los años más entretenidos, formativos y enriquecedores de que tengo memoria. Porque la Chilena era una radio alegre, juvenil, en las formas, sin dejar de ser creíble y seria en sus contenidos.

             Levantaba a los profesionales como ninguna, convirtièndoles en estrellas indiscutibles. Juan La Rivera, María Pilar Larraín, Juan Carlos Gil, Hernán Pereira, Pablo Aguilera, Miguel Davagnino, el ya citado Freddy Hube, Esteban Lob…en fin, por citar sólo a algunos, son hitos de una época gloriosa de la radio del Arzobispado…que, siendo de quien era, no tenía cortapisas más que la decencia, las buenas costumbres y el humor sano. 

            Programas inolvidables, como “El Malón de la Chilena”, “Pasando el Rato”, “Primera Plana”…etc.,, reflejaban la enorme aceptación que tenía nuestra programación cotidiana entre los oyentes.

           Y nuestro Departamento de Prensa, dirigido con habilidad por Mauricio Montaldo, era también importante y referente informativo de mucha gente. Por allí pasaron (y se formaron)  profesionales que hoy gozan de merecido prestigio, como Manola Robles, Carlos Cisternas, Roly Solis, Luis Arancibia, Ana Laura Cataldo…y tantos más que hoy NO olvido…

            ¡Ah!, y los artistas emergentes de entonces (Pollo Fuentes, Los Bric a Brac, Los Cuatro Cuartos, Luz Eliana, Buddy Richard, Luis Dimas, etc.etc.) estaban siempre por allí y prácticamente se peleaban por participar en estos programas. Al igual que los representantes de los sellos discográficos que pululaban por sus pasillos intentando que sus últimas grabaciones “sonaran” en cualquier minuto de la Chilena (¿Te acuerdas Lucho Flores?). 

           Era tal el éxito, que María Pilar Larraín -junto a Manolo Olalquiaga- sacó una revista, llamada “Ritmo”, que simplemente arrasaba en los quioscos. Y patrocinaba torneos de baby fútbol, con participaciòn de artistas y famosos (¿Verdad, Carlos Caszelly?) que repletaban los estadios donde jugábamos.

          En  interior de la radio, en el seno de los que trabajabamos en ella,  surgió una comunión casi familiar que perdura hasta hoy.

          Sin duda, fue una época importante para la radiotelefonía chilena.

          Personalmente, para mi fue una época simplemente inolvidable. Tanto, que ahora que me entero de que la Chilena no está en el aire, me entra un dejo de nostalgia y un viento fresco de recuerdos invade mi espíritu, que me obliga a escribir estas líneas, como un abrazo simbólico a quienes compartimos sueños de comunicadores noveles.