Asunción en un escenario polifocal

Los cuestionamientos al acto de homenaje a Evo Morales, en vísperas de la asunción de Michelle Bachelet, constituyen intentos de llevar a la política chilena a la asepsia, a un ambiente falsamente descontaminado que no se condice con el sello ciudadano que la primera Presidenta electa en Sudamérica quiere imprimirle a su mandato.

Cuando el gerente del comando presidencial de la Concertación, Sergio Bitar, increpó ante las cámaras al candidato de la derecha, por las alusiones que le hizo durante el foro que acababa de televisarse, fue evidente la descolocación de la abanderada oficialista ese 4 de enero. Aunque es exagerado decir que le robaron protagonismo a Michelle Bachelet, por el amplio eco que el incidente tuvo en los medios, quedó flotando la duda si la actitud del ex ministro de Educación fue oportuna y beneficiosa para la consolidación de la imagen de aquélla.

Hoy, esas dudas se han suscitado nuevamente en algunos personeros concertacionistas, esta vez a nivel de relaciones exteriores, por el anunciado acto de homenaje al presidente boliviano Evo Morales, que tendrá lugar en el Estadio Nacional en la víspera de la asunción presidencial de la doctora socialista. Que la reunión pueda empañar el brillo del magno evento fue algo que un diputado del PPD, miembro de la comisión competente de la Cámara, se atrevió a decir con todas sus letras, anunciando incluso que se reuniría con el Canciller para tratar de desbaratar ese encuentro impropio, donde un Mandatario invitado pronunciaría un discurso ante sus adherentes chilenos.

Aunque el Presidente Lagos desactivó de inmediato la bomba de ruido, al sentenciar que los invitados oficiales pueden disponer de su tiempo libre y que los anfitriones de actividades particulares no precisan de autorización si las realizan en recintos cerrados, el episodio sirvió para poner de relieve varias singularidades de la realidad política chilena.

Desde luego, que las escarmentadas conciencias de algunos que fueron partidarios de la Unidad Popular no han podido librarse de ciertos fantasmas, como el de Fidel Castro visitando Chile por casi un mes y cerrando sus diálogos con la izquierda en un mitin masivo en el Estadio Nacional, que preludió la marcha de las cacerolas, primer acto de la llamada “insurrección de la burguesía” en contra del gobierno de Salvador Allende. 

Segundo, cuidar la transición de los peligros que la acechan desde la izquierda, puede, resultar, para algunos próceres renovados, tanto o más importante que blindarla ante las presiones de la derecha, justamente para no darle pretextos a ella para cuestionar la democratización.

Una conducta así sólo puede llevar a una asepsia de la política, a un ambiente falsamente descontaminado, que puede traducirse en la incubación de descontentos que al final explotan de la peor manera. Una expresión de  simpatía de la sociedad civil por el primer Presidente indígena de Sudamérica no puede ni siquiera considerarse, restrictivamente, como una movilización de la izquierda, sino como un acercamiento a nivel ciudadano con el más legítimo representante del pueblo boliviano en el último medio siglo. Y si no fuera sino un intento de la izquierda por resaltar un modelo de líder político, la Concertación no tiene por qué temblar cuando la izquierda se moviliza, para parafrasear el discurso de la candidata Bachelet del 11 de diciembre último.

Y si ella encarna un estilo más ciudadano de hacer política, los actos alrededor de su investidura no deben circunscribirse a los salones del poder oficial. Para las fuerzas que están a la izquierda o fuera del sistema, la presidencia de Bachelet estará, como lo estuvo la de Lagos, inevitablemente marcada por una impronta social demócrata -que Washington considera socialismo moderno, pese a ser tan viejo como el europeo- y eso les da espacio para expresarse en la calle o el estadio. Tal dato debiera ser internalizado, con todas sus consecuencias, por la actual mayoría electoral.

El otro argumento, el de opacar la asunción de la primera mujer Presidente, no resiste análisis y eso lo hizo ver también Ricardo Lagos. Pero no sólo está la fuerza propia de ese hecho histórico, que trasciende las fronteras, ya que se trata de la primera Mandataria electa en Sudamérica (sus antecesoras argentina y boliviana llegaron al solio presidencial por vía indirecta). Los escenarios políticos exhibidos por los medios masivos de comunicación pueden tener un carácter polifocal y eso no afecta necesariamente al mensaje principal. Al lado de la jefa de familia convertida en Jefa de Estado estará el pastor de llamas que llegó a Presidente de Bolivia y también el dirigente obrero que hoy gobierna Brasil (aunque éste ya no es novedad). Y si de robar protagonismos se tratara, entonces el diputado del PPD que reclamó también tendría que condolerse de la presencia del líder robacámaras por excelencia, el venezolano Hugo Chávez.

Con el agravante de que éste mantiene un vivo conflicto con otra protagonista, la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, que también estará presente en la ceremonia de Valparaíso. Como a ella no sólo la ha desafiado por tratar de formar un frente anti-Chávez, sino le ha ofrecido también buscarle marido, ambos podrían tener un nuevo round en suelo chileno. ¿Opacará esto la ceremonia al convertirla en escenario ocasional de la política mundial? Los gobernantes de Argentina y Uruguay -presentes también, como la totalidad de los mandatarios sudamericanos- tendrán la primera oportunidad de reunirse para tratar el diferendo de las dos plantas de celulosa en un río fronterizo y eso dará cuenta, una vez más, de que los encuentros multilaterales sirven bien de marco para la exhibición de los problemas bilaterales.

Está excluido, entonces, que Evo Morales (se realice o no, finalmente, el acto en su homenaje) o Chávez (llegue o no al estadio o tenga su encuentro propio) vayan a descolocar a Michelle Bachelet, como lo habría hecho su gerente de campaña en el dedazo con Piñera (en una actitud que, según el mito que se está instalando, le habría costado su inclusión en el gabinete presidencial). La candidata concertacionista, pese a los avatares reales y presuntos, triunfó en las elecciones y, desde entonces, con su particular don de mando, no ha hecho sino aumentar las expectativas generadas en torno a su asunción el próximo 11 de marzo.