Gabinete: Una visión esperanzada

Michelle Bachelet, la primera mujer que llega a la Presidencia de la República en Chile, ha dado a conocer la composición de su primer gabinete ministerial, que la acompañará en su gestión a partir del 11 de marzo próximo.

                        El equilibrio entre hombres y mujeres, operación a la española destinada a marcar la marcha de los nuevos tiempos en igualdad de oportunidades, ya es un guiño interesante para alimentar las esperanzas de apertura y amplitud de miras. Pero tambièn hay un equilibrio en las experiencias personales de los elegidos: veteranos curtidos en mil batallas y jóvenes muy bien formados dispuestos a iniciar con entusiasmo la lucha en tales menesteres.  Y en concepciones políticas, también hay equilibrios interesantes: desde los militantes asérrimos, a los independientes con compromiso. Desde los veteranos muy conocidos -alguno incluso con historial polémico a sus espaldas-, hasta los jóvenes emergentes en el mundo de la política.

                        Pero hay algo que no está equilibrado, que predomina: la gran mayoría de los nuevos ministros ha vivido fuera de Chile. Por diversos motivos. Desde el crudo y duro exilio, hasta el dorado becariato universitario de élite. Pero, de todas maneras, todos con visiones macrocósmicas de mayores vuelos. Y eso nos abriga la esperanza a los que vivimos fuera de nuestro país, pero que vibramos con lo que ocurre dentro de nuestro país. 

                        Pensamos que esa visión macrocósmica gubernamental, junto con  la mayoría suficiente parlamentaria, nos dará a los chilenos radicados en el exterior la posibilidad de participar más activa y legalmente en esos  acontecimientos que nos preocupan y conmueven. Hace unos años surgió una idea interesante, la Región XIV. Pero no avanzó, no se desarrolló, no se puso en actividad porque se intentó trabajar desde los mullidos sillones de los despachos, sin contar con los principales afectados: los que estamos fuera. No lo duden, estamos capacitados para aportar ideas, para transmitir experiencias ajenas aprendidas y que son buenas al respecto. Porque todo ya está inventado y sólo es cuestión de adaptarlo a nuestra propia realidad e idiosincracia. Por ejemplo, el derecho al voto de quienes vivimos fuera de Chile.

                        La gran mayoría de los países tiene asumida esta cuestión, con matices pero con excelentes resultados. España, sin ir más lejos, maneja este asunto con maestría, los ciudadanos en el exterior juegan un papel electoral de importancia y quienes aplican el sistema están dispuestos a transmitirnos su experiencia.

                        Pero hay más: necesitamos un servicio exterior más eficaz y moderno. Eficaz para atender nuestras necesidades con el mínimo de burocracia, como es el caso de trámites, papeleos, documentación, actuación similar a la notarial que ejercen nuestros consulados. Necesitamos leyes claras y precisas para que nuestros hijos obtengan la nacionalidad de sus padres al nacer y, más tarde, cuando obtengan su mayoría de edad, puedan decidir libre e informadamente. O que tengan opción a la doble nacionalidad sin contratiempos, sin renuncias, porque al fin y al cabo aportarán en ambas puntas del camino. En definitiva, necesitamos un servicio exterior moderno, dotado de apoyo jurídico claro y recursos económicos suficientes para su desempeño.

                        Creemos que la visión globalizada del nuevo gabinete ministerial permitirá avanzar en la idea de terminar con las diferencias entre chilenos de primera y de segunda. Debemos estar esperanzados en que nuestro aporte desde el exterior será reconocido, valorado y tenido en cuenta. Un aporte intelectual enriquecedor, porque ha sido enriquecido a su vez por nuevas culturas. Un aporte material, porque cada cual envía a Chile recursos para familiares y amigos, para instituciones y organizaciones de bien público, en cantidades muy a tomar en cuenta. Y un aporte de prestigio porque afuera luchamos por ser los mejores, por destacar en un mundo distinto, para orgullo propio y de los nuestros. Eso hace grande a Chile por donde quiera se vaya.

                        Si, sin duda: tenemos esperanzas en la visión macrocósmica de la Presidenta y de los  ministros que la acompañarán en su andadura histórica .