Las elecciones primarias efectuadas en el país son susceptibles de ser leídas como una amplia encuesta. Bajo este supuesto, resulta evidente que Nueva Mayoría (71,06%) ha obtenido un triunfo aplastante sobre la Alianza (26,81%) Es interesante destacar que mientras Nueva Mayoría representa un desplazamiento hacia las reformas, la Alianza se ha atrincherado en su sector más duro. Este nuevo cuadro político consolida una fuerte tensión entre quienes abogan por las reformas y aquellas fuerzas que apuestan al continuismo.
Entre las candidaturas derrotadas destaca Andrés Allamand (48,62%) que no logró configurar una derecha capaz de enfrentar los cambios que reclama el país, modernizando un discurso que solo afirma la herencia de una dictadura militar con una cosmética populista, personificada por Pablo Longueira (51,37%) La derecha chilena ha desperdiciado la oportunidad histórica de plantearle al país reformas democráticas serias que comprometan a ese sector con el futuro de Chile. Por el contrario, se ha impuesto el miedo que ve como amenaza cualquier cambio a la añeja institucionalidad vigente.
El amplio triunfo de la señora Bachelet muestra el papel marginal de otros actores al interior de Nueva Mayoría. Diríase que el discurso de la ex mandataria logró absorber los distintos matices que representaron los otros candidatos al interior de su conglomerado. Así, el candidato Orrego, representante de la Democracia Cristiana alcanza apenas un 8.87 % frente al 73.05 de Bachelet. Es claro que la figura de la ex mandataria tras las elecciones primarias se agiganta y se consolida como la primera opción presidencial. El triunfo avasallador de la ex mandataria, tanto al interior de su conglomerado político como frente a las candidaturas de derechas, debe ser, sin embargo, puesto en una perspectiva más amplia. El indiscutido liderazgo de Bachelet no significa, de buenas a primeras, un triunfo en primera vuelta en las próximas elecciones presidenciales. Del mismo modo, tampoco es evidente que su liderazgo signifique un triunfo así de amplio en las elecciones parlamentarias.
La dispersión del voto a la izquierda de Nueva Mayoría bien podría obligar a la ex presidenta a ir a una segunda vuelta en las próximas elecciones presidenciales. En cuanto a las elecciones parlamentarias, las candidaturas de Nueva Mayoría deben enfrentar la realidad del binominalismo, lo cual relativiza la conformación de mayorías suficientes en ambas cámaras del poder legislativo para llevar adelante las reformas sustanciales que promete el programa de la señora Bachelet.
Las elecciones primarias consideradas como una gran encuesta que cubre un segmento importante del universo electoral, nos deja varias lecciones. Primero, la figura de Bachelet concita un liderazgo indiscutido y presagia su triunfo frente a la candidatura de derechas. Segundo, la campaña que se avecina opone “reformas” y “continuismo” en una escena de “alto contraste”. Tercero, la participación amplia de ciudadanos en esta elección apuntaría a una baja en la tasa de abstencionismo en los próximos comicios, sin embargo, recordemos que un 60% de chilenos no se pronunció en las últimas elecciones. Cuarto, las candidaturas alternativas a la izquierda de Nueva Mayoría obligarían a la candidatura Bachelet a una segunda vuelta electoral. Quinto, las reformas contenidas en el programa Bachelet debilitan las opciones alternativas a Nueva Mayoría en cuanto éste absorbe, al menos nominalmente, muchas de sus demandas. Sexto, las posibilidades ciertas de implementar reformas en el país dependen de las mayorías parlamentarias y la fortaleza de la candidatura Bachelet no se endosa, de manera mecánica, a las candidaturas parlamentarias del sector, pues éstas siguen bajo un esquema binominal.
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Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS