Fernando Karadima es como el cura Marcial Maciel chileno. La jerarquía eclesiástica, que no tiene nada que ver con Jesucristo, ni con el Pueblo de Dios de Juan XXIII, después de proteger a estos pedófilos, en razón de preservar la buena fama de la iglesia, termina identificándolos a Maciel y Karadima con el demonio, una forma muy hábil para que no se descubra la trama de traiciones y sinvergüenzuras de un sector del catolicismo que se identifica con la ultraderecha fascista y que, además de regocijarse manoseando infantiles y juveniles genitales, protege a criminales que asesinaron, en el caso de Chile, al general en jefe del Ejército, René Schneider.
Los conquistadores de la época capitalista saben que la opción para una Tierra que está agotando sus recursos es compartir los que restan con toda la humanidad o apropiárselos solo para ellos. Su política es la continuación de su historia: el robo sin escrúpulos.
México DF.- En entrevista telefónica desde Tegucigalpa, Lucy Argueta (1983), artista visual hondureña, habla de la influencia del golpe de Estado en la comunidad cultural en Resistencia: “