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Cada vez que aparece la palabra “nueva” es seguro que, al poco tiempo, vendrá la división y, finalmente, la derrota. Así ocurrió en el pasado con la llamada “Nueva Izquierda” que terminó sin ninguna idea, mucho menos ideales y convertida en un grupo de legionarios pragmáticos, al servicio de Camilo Escalona.
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Le doy la razón a un amigo mío que retaba a su hijo por leer día y noche.
Como los socialistas se han convertido en empresarios e incluso de clubes deportivos – muy odiados hoy por la opinión pública, como es el caso de Jaime Estévez – tienen poco peligro de caer en la adicción al opio, que trae consigo la expresión de nuevas ideas; es recomendable que sigan en la estrechez ignara de la búsqueda del poder y, por ningún motivo, se les ocurra repensar una nueva concepción capaz de visualizar una nueva m mayoría.
La adicción opiómana ha pasado a la derecha. Un día recaló en Chile un filósofo francés, Guy Sorman, muy desconocido en Francia, pero transformado en un ídolo para los derechistas chilenos. En los años 30 ocurrió un fenómeno algo similar: Jacques Maritain se convirtió en el ídolo de los socialcristianos chilenos predicando la relación entre el cristianismo y la democracia. Cuando niño, yo lo tenía como un ídolo y modelo y creía que era el único filósofo francés importante; tuve que ser becado por Augusto Pinochet – al exilio – para descubrir que Jacques Maritain era uno más de tantos escritores que se producen a diario en la Ciudad Luz.
Guy Sorman, un caballero muy sutil en la práctica de la ironía francesa, ha puesto nerviosos a nuestros gotosos caballeros chilenos de derecha: nada menos que defendió el aborto, el divorcio y la libertad de la mujer para decidir sobre la reproducción. Esta perorata provocó, como es lógico, la condenación del columnista de El Mercurio el ultraconservador y reaccionario Gonzalo Rojas, que recién le cae la teja, en el sentido de que el presidente Piñera está introduciendo el “caballo de Troya” de las ideas liberales en la muy conservadora derecha.
Don Jorge Alessandri, antes el héroe de la derecha, se está convirtiendo en un monstruo que, aunque muerto, es el representante de todas las estupideces que la derecha pudo haber hecho en la historia: gobernó contra los partidos, afirma Andrés Allamand y fue el culpable de la debacle de la derecha en 1965. Longueira propone dejar atrás los períodos de Alessandri y de Pinochet que, según él son puntos de referencia para sectores muy minoritarios de la derecha.
Según Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, el filósofo francés había dicho que la derecha debería abandonar lo que hasta ahora la había caracterizado, a saber, la autoridad y los valores católicos, es decir, la nueva derecha tendría que ser agnóstica, abortista y, nada menos libertaria. Es cierto que en el pasado algunos sectores conservadores, junto con ser profundamente católicos y en el plano de seguidores del Papa fueron bastante autoritarios, en ideas políticas, porque estaban lejos del poder, fueron defensores de las libertades públicas, contra los liberales que las atropellaban; por ejemplo, don Abdón Cifuentes fue partidario de una libertad absoluta de asociación y don Rafael Luís Gumucio Vergara se opuso siempre a la Ley de Seguridad Interior del Estado.
La UDI, a diferencia de estos patriarcas conservadores – por cierto minoritarios en su partido – ha sido siempre representante del sector más autoritario de la iglesia católica: muchos de ellos son discípulos de “San Pirulín” Escrivá de Balaguer o de los Legionarios de Cristo, cuyo líder fue el famoso Padre Marcial Macel, y no muy lejanos de la dirección espiritual del padre Karadima. Su modela ha sido y será el falangismo español, el franquismo y la dictadura de Augusto Pinochet.
Nada peor que el opio de las ideas: detrás de tanta dialéctica sólo va quedando el despecho de los dos partidos principales de la derecha al no sentirse considerados por el extremo y brutal pragmatismo del gobierno del presidente Sebastián Pñera. Para que a Carlos Larraín, a Andrés Allamand y a Pablo Longueira, entre otros prohombres, les gustara una especie de comité de los presidentes de partido, que aplicó la Concertación, que terminó por hundirla. El sueño del pibe de Carlos Larraín y Juan Antonio Coloma es ser semejantes a Camilo Escalona y Juan Carlos Latorre – responsables del secuestro del gobierno de Michelle Bachelet – y hacer lo mismo con Sebastián Piñera.
Es evidente que tenía que tenía que desatarse la competencia de las personalidades para aspirar al sillón presidencial. Tanto Laurence Golborne, como Joaquín Lavín y otros tantos políticos que pretenden ese objetivo, pero nadie les da bola – como es el caso de Alberto Espina, que hace declaraciones a diestra y siniestra pidiendo la renuncia de sus rivales que ahora ostentan el cargo de ministros -.
Finalmente, tanto la “Nueva Izquierda”, como la “Nueva Derecha” desaparecerán, como intrascendentes y efímeros fuegos artificiales una vez que aparezca el tema del poder y la competencia esté centrada en personalismos, más que en proyectos políticos. Como antes Jacques Maritain, Guy Sorman habrá encantado a un sector de la derecha con la profecía de un mundo mejor y libertario, basado en la libertad individual. Tanto el socialcristianismo, como la derecha liberal morirán en manos del pragmatismo del “pituto o muerte”, y su paso por la Beocia del sur de América Latina sólo dejará el recuerde de noches de opio ideológico.
Rafael Luís Gumucio Rivas
21/11/10
La adicción opiómana ha pasado a la derecha. Un día recaló en Chile un filósofo francés, Guy Sorman, muy desconocido en Francia, pero transformado en un ídolo para los derechistas chilenos. En los años 30 ocurrió un fenómeno algo similar: Jacques Maritain se convirtió en el ídolo de los socialcristianos chilenos predicando la relación entre el cristianismo y la democracia. Cuando niño, yo lo tenía como un ídolo y modelo y creía que era el único filósofo francés importante; tuve que ser becado por Augusto Pinochet – al exilio – para descubrir que Jacques Maritain era uno más de tantos escritores que se producen a diario en la Ciudad Luz.
Guy Sorman, un caballero muy sutil en la práctica de la ironía francesa, ha puesto nerviosos a nuestros gotosos caballeros chilenos de derecha: nada menos que defendió el aborto, el divorcio y la libertad de la mujer para decidir sobre la reproducción. Esta perorata provocó, como es lógico, la condenación del columnista de El Mercurio el ultraconservador y reaccionario Gonzalo Rojas, que recién le cae la teja, en el sentido de que el presidente Piñera está introduciendo el “caballo de Troya” de las ideas liberales en la muy conservadora derecha.
Don Jorge Alessandri, antes el héroe de la derecha, se está convirtiendo en un monstruo que, aunque muerto, es el representante de todas las estupideces que la derecha pudo haber hecho en la historia: gobernó contra los partidos, afirma Andrés Allamand y fue el culpable de la debacle de la derecha en 1965. Longueira propone dejar atrás los períodos de Alessandri y de Pinochet que, según él son puntos de referencia para sectores muy minoritarios de la derecha.
Según Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, el filósofo francés había dicho que la derecha debería abandonar lo que hasta ahora la había caracterizado, a saber, la autoridad y los valores católicos, es decir, la nueva derecha tendría que ser agnóstica, abortista y, nada menos libertaria. Es cierto que en el pasado algunos sectores conservadores, junto con ser profundamente católicos y en el plano de seguidores del Papa fueron bastante autoritarios, en ideas políticas, porque estaban lejos del poder, fueron defensores de las libertades públicas, contra los liberales que las atropellaban; por ejemplo, don Abdón Cifuentes fue partidario de una libertad absoluta de asociación y don Rafael Luís Gumucio Vergara se opuso siempre a la Ley de Seguridad Interior del Estado.
La UDI, a diferencia de estos patriarcas conservadores – por cierto minoritarios en su partido – ha sido siempre representante del sector más autoritario de la iglesia católica: muchos de ellos son discípulos de “San Pirulín” Escrivá de Balaguer o de los Legionarios de Cristo, cuyo líder fue el famoso Padre Marcial Macel, y no muy lejanos de la dirección espiritual del padre Karadima. Su modela ha sido y será el falangismo español, el franquismo y la dictadura de Augusto Pinochet.
Nada peor que el opio de las ideas: detrás de tanta dialéctica sólo va quedando el despecho de los dos partidos principales de la derecha al no sentirse considerados por el extremo y brutal pragmatismo del gobierno del presidente Sebastián Pñera. Para que a Carlos Larraín, a Andrés Allamand y a Pablo Longueira, entre otros prohombres, les gustara una especie de comité de los presidentes de partido, que aplicó la Concertación, que terminó por hundirla. El sueño del pibe de Carlos Larraín y Juan Antonio Coloma es ser semejantes a Camilo Escalona y Juan Carlos Latorre – responsables del secuestro del gobierno de Michelle Bachelet – y hacer lo mismo con Sebastián Piñera.
Es evidente que tenía que tenía que desatarse la competencia de las personalidades para aspirar al sillón presidencial. Tanto Laurence Golborne, como Joaquín Lavín y otros tantos políticos que pretenden ese objetivo, pero nadie les da bola – como es el caso de Alberto Espina, que hace declaraciones a diestra y siniestra pidiendo la renuncia de sus rivales que ahora ostentan el cargo de ministros -.
Finalmente, tanto la “Nueva Izquierda”, como la “Nueva Derecha” desaparecerán, como intrascendentes y efímeros fuegos artificiales una vez que aparezca el tema del poder y la competencia esté centrada en personalismos, más que en proyectos políticos. Como antes Jacques Maritain, Guy Sorman habrá encantado a un sector de la derecha con la profecía de un mundo mejor y libertario, basado en la libertad individual. Tanto el socialcristianismo, como la derecha liberal morirán en manos del pragmatismo del “pituto o muerte”, y su paso por la Beocia del sur de América Latina sólo dejará el recuerde de noches de opio ideológico.
Rafael Luís Gumucio Rivas
21/11/10
