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Agosto 18, 2026

El síndrome de la división en la “ex Concertación”

Mientras subsista el eje democratacristiano-socialista – Camilo Escalona-Eduardo Frei – va  a ser completamente imposible llevar a cabo una política de alianzas, de tal manera que una a la oposición para enfrentar a la derecha, actualmente en su momento más exitoso.

Desde las elecciones municipales de 2008 se veía venir un quiebre entre la Democracia Cristiana y el Partido por la Democracia que, en esa ocasión se expresó en la competencia de listas paralelas para concejales – por un lado, el eje Escalona-Frei y, por el otro, el Auth-Gómez -. La Democracia Cristiana está en plena decadencia, no sólo ideológica, pues “el vuelo de cóndor” y el socialcristianismo no tiene ninguna cabida en el escenario político actual, sino también electoral: obtuvo apenas el 13% en las municipales últimas, decreciendo al nivel obtenido en 1961 – mucho antes del triunfo de Frei Montalva -.

Ignacio Walker ha declarado en la prensa que sus antiguos aliados, principalmente el PPD, pretenden arrinconar a la Democracia Cristiana por el solo hecho de que ese partido ha iniciado conversaciones con el Partido Comunista y el Partido Progresista con el objetivo de ampliar la oposición que, espero, supone terminar con la Concertación tal cual está constituida y comenzar a construir una nueva mayoría.

A pesar de haber abandonado el aislacionismo mesiánico de que la Democracia Cristiana hizo gala durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva privilegiando, en este caso ahora un eje con el Partido Socialista – que pudo funcionar en base a el reparto del botín del gobierno – pero como esa combinación no existe en este momento,  la alianza Escalona-Frei sólo ha conducido a la Concertación al un rotundo fracaso y al justo rechazo por parte de la ciudadanía.

La Democracia Cristiana, hoy dirigida por los “príncipes” demuestra una enorme incapacidad, no sólo para hacerse una necesaria autocrítica, sino también para buscar aliados que le permitan reconquistar el hueso del poder, que constituye el único alimento para un partido carente de ideas y de ideales y, para el cual, el único sentido está en administrar el botín de los empleos públicos. Ignacio Walker plantea que él sólo puede aceptar un pacto electoral con el Partido Comunista, convirtiéndolo en una especie de ayudante de segunda categoría, una especie de “compañeros de ruta”, como antes la literatura anticomunista definía a los democratacristianos.

Es triste constatar que el Partido Comunista se rebaje a tan baja condición por el solo hecho de conseguir unas pocas alcaldías y sillones parlamentarios que, en la actualidad, han demostrado no tener independencia real respecto a las transacciones que la “ex Concertación” lleva a cabo, diariamente, con la derecha. En el fondo, Juntos Podemos se ha transformado, por falta de coraje, en una parte integrante del bipolio, costando mucho distinguir sus postulados de aquellos del eje democratacristiano-socialista.

El gobierno de Sebastián Piñera sueña con integrar a la Democracia Cristiana a un gran proyecto que ellos llaman “Nueva Derecha”. La verdad es que semejante idea, difundida por el filósofo francés Guy Sorman, muy conocido y alabado en Chile, pero completamente anónimo en su país de origen, ha tenido muy poca aceptación en la UDI y en otros sectores autoritarios e integristas católicos, para quienes es muy difícil aceptar a un teórico que alaba el aborto y, al mismo tiempo, el liberalismo político. Pienso que la Democracia Cristiana podría encontrar algún grado de alianza con el sector más “beato” y seguidor del Opus Dei que predomina en la UDI, de esta manera se produciría un encuentro entre los retoños de los antiguos conservadores tradicionalistas y los socialcristianos  falangistas – entre Juan Antonio Coloma e Ignacio Walker (el ex senador conservador, Juan Antonio Coloma y don Horacio Walker) -.

Estimo que mientras la Democracia Cristiana siga dominada por el clan Walker y los “príncipes” es imposible iniciar un diálogo de ideas progresistas entre las distintas fuerzas que se oponen a la derecha. Nadie está dispuesto a renunciar a sus convicciones en razón de un mero pacto electoral instrumental mientras no se lleve a cabo una renovación radical en la centro-izquierda, para lo cual se hace imprescindible declarar caduca y fracasada la Concertación, mientras tanto, seguiremos viviendo en un marasmo político.

Si antes el partido democratacristiano fue capaz de renovar la política, hoy es el principal obstáculo para construir un Chile más igualitario, justo y participativo.

Rafael Luís Gumucio Rivas
19/11/10