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Agosto 18, 2026

Que Piñera venda sus acciones de Colo-Colo y devuelva Tantauco

El problema central del Presidente Piñera es su fortuna… y esto lo digo sin querer meterme en la forma como la obtuvo. Sabemos que su campo en el mundo de las finanzas es el de la bolsa, de los créditos, de cifras manejables, manipulables. 

Es decir un campo que se basa en la especulación. Y el hombre parece ser una bala. Menos me referiré en detalle a su pasar por el Banco de Talca. Ni como la culpabilidad de sus bienes (muchos) mal habidos se volatilizó, despareció, cuando el aún no presidenciable andaba escondido de la justicia. Dijo la prensa que eso fue por obra e intervención, hasta demostración de lo contrario, de quien fuera su patrono desde el Edificio Portales.


Las acciones de Colo-Colo son conocidas por la visibilidad del equipo popular. Pero querer imitar a Berlusconi era demasiado tentador. Las acciones eran una ganga cuando el pobre equipo andaba volando bajo. Y por eso, ahora, no las suelta… hay que dejarlas que “crezcan, que engorden” porque de eso se trata el mundillo accionista. Incluso mezclarse en la política del fútbol es comprensible… porque su mayor inquietud es y ha sido, hacer subir el valor de lo que posee. Para muestra: LAN y sus acciones; o el Canal de Televisión que, patrióticamente vende… cuando la oportunidad se dio, a una mega empresa gringa.


Pero, donde hay menos visibilidad y presión mediática -¿es esa una especie de complicidad histórica con carácter también racistoide?- es en su turbia relación con las tierras de Tantauco, allá, en la Isla de Chiloé. (Y no hablemos de otras zonas donde también los conflictos con tierras ancestrales es enorme, como en la IXa. Regíón, al interior de Villarrica y Pucón) Porque allí no se trata de venderles a los huilliche nada: él adquirió en forma especuladora tierras que no deberían de haber sido nunca vendidas. Tenían dueño y el pueblo Huilliche tiene papeles y la historia de su lado. Hasta los españoles, que no eran ningunos santurrones para atropellar e incautar lo que era de los pueblos originarios, habían determinado que esas eran tierras mapuche (huilliches, como es su designación regional). El Estado chileno, ya formado cuando España entrega las tierras a ese pueblo, rápidamente se encarga de hacerlas tierras fiscales (como con Rapa Nui en 1888). Luego, empiezan los negocios y beneficios de los “nuevos dueños chilenos del país”. Nada había, por supuesto, que pretender. Chile, decían, se había “liberado del yugo español” o “independizado”. Como la independencia era una transferencia del poder a los que se creían herederos de España -de allí que el bicentenario no sea sino una maniobra demagógica que solo creen los interesados en creerla-, las tierras de todos lados, Chiloé incluido, fueron apropiadas como fiscales y, entonces, empezó el negociado para unos mediante el despojo de otros. Cuando el magnate Piñera ve la oportunidad no le sirvió de nada que el mismo Obispo de Ancud le indicara que “no se metiera a comprar tierras robadas, que las de Tantauco tenían dueños”: el pueblo Williche (otra ortografía, ésta es mapuche). “Pero de negocios, Piñera sabe”: nos dice El Mostrador  que su respuesta fue de “que no era asunto suyo, sino del Estado”. Además, como era una ganga en un mercado especulativo, se hizo astutamente de 91.000 hectáreas a unos $25.000 cada hectárea!!!  Curioso esto de que en Chile se celebre como cualidad el que alguien “haga una diablura o se pase de vivo”… Pero, ¿que hay del hecho de que si alguien compra algo robado… lo pierde?. Peor aún, ¿si esto fue hecho a sabiendas? La ley y los DDHH’s dicen algo distinto.


“En la vida hay que saber perder” dice la ranchera, señor Presidente: no pretenda ver como recupera su plata con intereses abultados: Debe devolverlas al pueblo Williche ahora y no esperar a que por allí se inflen con ganancias para luego venderlas. Recuerde que las fortunas financieras no crean trabajo ni bienes públicos, se basan en la especulación. Y estas deben ser devueltas a un pueblo que las necesita para enfrentar mejor la miseria en que el Estado chileno, el que ahora Usted administra, los mantiene. Devolver las tierras de Tantauco le hace bien a todos, Señor Presidente. Sería un acto en pro de los Derechos Fundamentales de los pueblos indígenas y que Chile, al firmar la declaración correspondiente de Naciones Unidas, dijo respetaría. Respetar estos principios que Ud. al transformarse dijo respetaría, es muy importante. Sobre todo que estamos viendo en Cañete que sus promesas de Juicios Orales Justos se desvanecieron y que el prometido “nuevo trato al pueblo mapuche” ya se esfumó.  Incluso, cumplir promesas y leyes le haría bien a su propia reputación, que está bastante por los suelos, y que no se va arreglar ni siquiera con unos cien goles del Colo-Colo…