Barcelona.- Fue en un abarrotado “Saló de Cent de l’Ajuntament de Barcelona” (había que conformar asistencia con antelación para poder ingresar finalmente), un histórico y patrimonial recinto. Todo en piedra y madera tallada medieval (en un sorprendente estado de conservación pese a sus largos siglos de existencia, data del siglo XII-XIII), ubicado justo en “Plaça Sant Jaume I distric del Gòtic, Casc Antic”, pleno corazón de la ciudad condal, frente al Palau de la Generalitat, sede el gobierno autonómico de Catalunya.
A las siete de una agradable tarde otoñal mediterránea del viernes 29 de octubre, Barcelona rindió un hermoso y emotivo homenaje al legendario grupo musical chileno Quilapayún: “El qual va ser nomenat ambaixador cultural de Xile pel president Salvador Allende. Al llarg dels anys, aquest grup musical ha demostrat el seu compromís amb la llibertat, la solidaritat i la justícia al servei de tots els pobles del món”, según destacó en un “cerrado catalán” el propio edil Jordi Hereu en parte de su elocución.
Se trató de una ceremonia breve y sencilla pero dotada de una tremenda significación, especialmente, porque este homenaje coincidía con la celebración de los 35 años de los ya históricos conciertos que dieran “Los Quila” en el Palau Blaugrana de Barcelona (un mini estadio ubicado en un costado del recinto del Camp Nou) un 20 y 21 de octubre de un, ya, lejano año 74’.
Los históricos conciertos del grupo musical chileno, fueron en su momento gestionados por “L’Agermánament” una, por entonces, activa organización cristiana de base, pionera en el mundo en acciones de solidaridad con Chile que a través del “Comité Catalán de Solidaridad con Chile” (emulo del “Comité Chileno de ayuda a los Refugiados Españoles” creado por Neruda y Allende por allá por el 39’, bajo el auspicio del Frente Popular) aglutinó a buena parte de la izquierda, la intelectualidad, el sindicalismo y la ciudadanía de Barcelona de aquellos años, logrando canalizar una importante ayuda para nuestro país en esos traumáticos momentos.
Y que pese a la dificultad de las circunstancias vividos, de censura, represión, de fuerte conmoción y sensibilidad por los recientes sucesos ocurridos en Chile, fue capaz de convocar a más de doce mil personas a través de un cauteloso y disciplinado “boca – oreja”. Eficiente rebeldía que logró romper con creces el fuerte cerco des-informativo impuesto por los últimos estertores de una deplorable y anacrónica dictadura que se caía a pedazos, gracias –enhorabuena- a la inercia lógica que marca el inclemente e inexorable paso del tiempo, antes que por la decidida lucha de un pueblo, completamente irresoluto y resignado a dar vuelta la hoja de su historia reciente, no antes que “la palmara” el vejete.
En efecto, eran tiempos diametralmente opuestos para los protagonistas de esta maravillosa y paradojal historia vívida, pero igualmente difíciles y dolorosos: las postrimerías de la dictadura del haragán y soso dictadorcillo español ergo los comienzos de la de su cansino y rupestre homólogo tiranuelo chileno, “El Innombrable” (no cansa decirlo, quizás el único gran acierto de Tony Blair fue este “mote” para el susodicho).
“Los Quila” tuvieron la virtud y la gracia, pese a las duras circunstancias, de darse el ánimo de hacer su aporte solidario a la lucha del “cívico y tolerante” pueblo catalán –como diría Bolaño- en su combate por la conquista de una democracia, que en Chile habían hecho estallar en pedazos y a punta de mentiras, traición y crimen. Un inmejorable escenario para invocar esa tragedia, la tragedia del pueblo chileno y la soledad de Allende muriendo valiente y estoico en La Moneda en medio de la sangre, las bombas y el fuego. Y lo hicieron con lo mejor de su repertorio musical, ese día desfilaron por sus voces y los duros y gélidos acordes de guitarras: El alma llena de banderas, La muralla, Elegía al Che, Tío Caimán, Duerme negrito, Plegaria a un labrador y El pueblo unido, entre otras.
Fue tal el impacto y trascendencia de esta casi clandestina jornada que “Los Quila” terminaron entrevistados por -el hoy retirado- José María Iñigo en su programa estelar “Esta Noche Fiesta” de la TVE, una especie de “Larry King Show” español, dotado de altísima sintonía -propio de una realidad mono-canal– y con los dos conciertos en Madrid, que remataban la gira, suspendidos, como era de suponer, y “Los Quila” casi huidos a París. Más tarde inmortalizarían esta hazaña en una composición musical, La Cueca autobiográfica, que en uno de sus pasajes señala: “En Cataluña / tocando «El pueblo unido» / quedé sin uñas”.
Este viernes 29, entonces, el acto del “Saló de Cent”, tenía ese magnífico telón de fondo. La jornada comenzó con la consabida puntualidad catalana de rigor: ‘a las siete en punto de la tarde’ hicieron su aparición en el histórico lugar los protagonistas del evento, el alicaído alcalde Hereu (tiene prácticamente asegurada su derrota electoral en las próximas municipales), acto seguido ingresaron “Las Tres Barbas”, canosas, acusando el paso de los años, guitarra al hombro, vistiendo –como era de esperar- sus solemnes e imponentes indumentarias, sus famosos ponchos negros.
El público, que abarrotaba el lugar desde hacía unos treinta minutos, se puso de pie y rompió en un espontáneo, estentóreo y emocionado aplauso, que prolongado por varios minutos se hizo más imponente y rotundo gracias a la extraordinaria acústica del hermoso salón.
El público, que abarrotaba el lugar desde hacía unos treinta minutos, se puso de pie y rompió en un espontáneo, estentóreo y emocionado aplauso, que prolongado por varios minutos se hizo más imponente y rotundo gracias a la extraordinaria acústica del hermoso salón.
Luego de las palabras de rigor del edil catalán, habló José Luis Vergara (uno de los pocos, sino el único chileno que figura entre los promotores de los históricos conciertos, aún residente en Barcelona) quien hizo un vívido recuerdo de esos lejanos días de octubre del 74’. Luego vendría el turno de Eduardo Carrasco, el líder y fundador de legendaria formación musical. Para terminar como sólo ellos saben hacer desde los imperecederos tiempos del glorioso acontecimiento de la “UP”, cantando tres de sus más conocidos éxitos, Te recuerdo Amanda (con el cual rinden siempre su particular recuerdo al eterno Víctor Jara) y La Muralla. El Pueblo Unido vendría a coronar la fiesta, luego que el público empezará espontáneamente a corearla. Entre sonrisas y la emoción del momento, no tuvieron más remedio que seguirlos en su interpretación y terminar ejecutándola rotunda y magistralmente, como en los mejor tiempos de la vida de tantos.
Una histórica composición del desaparecido músico chileno Sergio Ortega, que “Los Quila” se encargaron de grabar a fuego en el alma y en la conciencia de los pueblos libres del mundo, en la cual intervino directamente Salvador Allende, en parte de su letra con motivo de la histórica campaña presidencial del 70’. Un dato que vale la pena recordar por la trascendencia que han tenido para buena parte del mundo unos utópicos y sencillos versos: “El pueblo unido, jamás será vencido”.
A veces cuesta, en verdad, digerir que a más catorce mil quilómetros de Chile y a casi cuatro décadas vista, se les rindan por doquier homenajes a Salvador Allende y a la UP, en todas sus expresiones y matices. Es que cada año proliferan en estas tierras nobles y tolerantes, y por el mundo entero, toda clase de ofrendas y parabienes. Se trata, ni más ni menos, que de nuestro singular y valioso aporte a la sociedad humana, un importantísimo legado, miopemente in-asumido porque buena parte de nuestro país, especialmente su reaccionaria y cavernaria derecha política.
Chile no tendrá una nueva derecha, moderna y democrática, como se ha musitado por estos días, si no es capaz de asumir esta verdad del porte de una catedral gótica. Si no es capaz de dilucidar el dilema y la encrucijada que se presenta entre la aberración política cometida y la inspiración moral que pudo, legítimamente o no, tener, pues, como dijo el excelente escritor catalán Javier Cercas, “los peores infiernos de la historia también se han fabricado con las mejores intenciones”.
Una posición que le situaría, frente en alto, asumiendo la verdad histórica que les condena ante el mundo entero por la destrucción de la democracia más antigua del planeta, con el derrocamiento de un gobierno legítimamente constituido; por haber traicionado a la Patria y atentado gravemente contra sus intereses, de la mano del imperialismo estadounidense; por haber participado activamente en la violación sistemática -por casi dos décadas- de los derechos humanos, y el exterminio de miles y miles de chilenos (nuestro holocausto); por haber mentido y manipulando la conciencia pública de todo un país durante tanto tiempo. Para no hablar, aún, del modelo perverso de sociedad que diseñó para Chile basado en la inequidad y en la injusticia social, como contrapartida a esos espurios y deleznables hechos. “No importa, La historia los juzgará”.
Mientras tanto, extraviadamente, “El Embajador Pinochetista”, como es sindicado y resistido el representante diplomático, por amplios sectores de la sociedad madrileña, se empantana promoviendo la visita del director de El Mercurio y prepara entusiastamente la gira del repugnante grupo fecomusical “Los Quincheros”. Es que no tiene desperdicio, francamente.
Allende, “Los Quila” y todo el enorme y potente movimiento antropológico-cultural que significó la UP, cuyas raíces se hunden en el alma profunda de esa tierra, ya forman parte, inequívoca e irrevocablemente -como pueden serlo, sin lugar a dudas las canciones de la Guerra Civil Española- del patrimonio (inmaterial) cultural de la humanidad, porque lisa y llanamente lograron conectar con el alma de los hombres y mujeres buenos de los pueblos libres del mundo, y quedarse para siempre en nuestras vidas, parafraseando al gran García Márquez, nuestro íntegro y genuino nobel.
Fco-Javier Alvear, es investigador / doctorando en comunicación y antropología.

