Seúl.- Discusiones acaloradas mediaron hoy las reuniones previas a la cumbre del G-20 (países más industrializados y emergentes), a solo un día de su inicio en esta capital. Según fuentes del comité organizador del evento, la cuestión de los desequilibrios de los tipos cambiarios generó gran tensión entre los grandes países.
Precisaron que no se logró establecer líneas directrices con vista a las discusiones de la cumbre, sobre todo en temas como la depreciación de las divisas efectuadas por algunas naciones para potenciar sus exportaciones.
En tal sentido, Estados Unidos considera que China mantiene al yuan artificialmente bajo para fortalecer sus envíos al exterior, mientras que el gigante asiático, Brasil y la Unión Europea (UE) opinaron que la llamada primera economía mundial pretende abaratar el dólar con sus últimas medidas de estímulo monetario.
Recientemente, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) anunció la compra de bonos del Tesoro por 600 mil millones de dólares, ante las persistentes dificultades.
Sin embargo, analistas estimaron que esa disposición favorece los desequilibrios económicos, inunda el mercado mundial con el billete verde y lo devalúa más.
Por ello, pronosticaron un mayor control del flujo de capitales y una ola de proteccionismo comercial, en detrimento de los países emergentes.
Otro de los polémicos temas a evaluar es el desequilibrio en la balanza por cuenta corriente entre países como China y Alemania, superavitarios, y Estados Unidos, con déficit.
Al respecto, Washington es partidario de fijar un límite equivalente al cuatro por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) al déficit o superávit de las naciones, propuesta muy rechazada.
El ministro japonés de Finanzas, Yoshihiko Noda, manifestó su oposición, al señalar las diferencias entre las estructuras de crecimiento.
Por su parte, Alemania atribuyó el superávit de su cuenta corriente a una mayor competitividad empresarial y no al manejo artificial de su divisa.
Mañana jueves comenzará una reunión de dos días del G-20, la cual mantiene el pesimismo entre varios especialistas, a pesar de que los temas a debatir son cruciales para la economía mundial.
