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Agosto 18, 2026

Los poderosos

 Mucha vuelta le han dado a un famoso discurso de Nibaldo Mosciatti a la hora de recibir un determinado premio. Hasta lo recogió Mouat en una columna de El Mercurio como símbolo de encarar al poder. Y ante la sorpresa de muchos, Marcelo Bielsa los citó a los dos en su chovinista despedida del cargo de seleccionador nacional.

Es tan fácil recoger las intervenciones cliché del oportunismo como hacerse el rebelde y anti-sistémico de la prensa libre con un medio de comunicación propio detrás, afirmándote los amagues de Robin Hood.

Los medios en Chile son complacientes o resentidos. Temerosos y poco diligentes. Lo sabemos. Pero molesta cuando mienten o cuando tergiversan la información real. Fíjese que hoy existen tantas versiones sobre la salida de Mayne Nicholls desde el sillón de la ANFP que hasta teorías de conspiración mafiosa y de interés político de alta alcurnia han salido al ruedo. Y son ridículas. Como varias ideas equivocadas sobre las que se sustentan y no hacen más que confundir al fiel receptor del mensaje. Ya saben. El árbol que se siembra chueco no se endereza en el camino.

Veamos. La primera idea errónea es que se cometió un pecado con elegir a Jorge Segovia. Falso. Se dio el paso que hace rato estaban sentenciando en el seno de los “feudales” del deporte popular. Créame. Y dicen que se farreó gente intachable e irremplazable. Otro error. Los que perdieron la destellante elección de ayer no son más que una plana ejecutiva de buen perfil y pésimo manejo comunicacional. La zancadilla más grande se la hicieron ellos mismos al no reparar en los constantes llamados al consenso y a sembrar algunas sensaciones de conformidad fuera del círculo de hierro. Les faltó ese nunca bien ponderado paliativo como le llaman los maestros del lobby…

Tampoco es cierto que los votos a favor de la lista disidente hayan estado hermanados como un grupo de pulpos arribistas con tentáculos ávidos de tomar los excedentes del fútbol nacional a manos llenas. Primero, el fútbol nacional les pertenece a ellos. Sépanlo. Los que la gente apunta con el dedo son los que ponen dinero para el show del fin de semana, los que financian los clubes, los que apoyaron la gestión de Sánchez al crear el CDF –no fue la administración Mayne Nicholls como se sugiere- y hoy quieren un pedazo más grande de la torta que ellos mismos mandaron a cocinar.

Nadie le está robando a nadie. Son los mandamases, ligados por color político a los partidos de la alianza derechista –que hoy les promete estadios y desarrollo sideral como buenos aliados-, con claros “amigos” en La Moneda y que invirtieron sus dineros hace unos años para aunarse este jueves a la abundante y prometedora fiesta de su propia vendimia. Los que siempre tuvieron el poder de estas nuevas sociedades anónimas con forma de pelota y alguna vez vieron en un “otro” –Harold con su lista de dirigentes tradicionales- a quien se antepuso a semejantes y egoístas cálculos de bonanza. Esos que generaron el cambio son los mismos que pagan barras bravas para asegurarse el marketing, el espectáculo y garantizan el imán de la TV teniendo a sus sponsors en pantalla. Los que construyen marcas, apuestan dividendos, se rodean de periodistas y autoridades de peso como quien arrima más sombra al buen árbol. Y quieren seguir con el control absoluto del fútbol chileno.

Aprovechan el encarecimiento del producto selección para que los huevos que alguna vez pusieron en ese nido –léase, sus jugadores en Pinto Durán- produzcan mayores ganancias a menor plazo. Es el balompié empresa, el que desde 2006 le pertenece a algunos pocos de la alta sociedad. Con algunos avecindados de la turbia sociedad a veces. Por más que haya idealistas defendiendo nuestras pichangas como un bien de todos se pierden en su inconsistencia. No es una playa de bienes nacionales. Ni sus costos salen de nuestros impuestos. Se juega con estadios medio vacíos. Con un tercio de instituciones sustentadas por su pasado glorioso y con el resto de comparsa esperando su golpe de suerte. O al menos, para recibir migajas y garantizar la tómbola donde los apostadores afortunados son siempre los mismos…

Las insignias en el pecho ya no le pertenecen a sus hinchas. Ni las motivaciones de la ANFP se hacen en concordancia con la gente. El fútbol chileno es otro de los tantos modelos de libre consumo que nos rodea. Donde ganan los que tienen la billetera más grande y los otros deben encalillarse, hacer malabares o simplemente perecer. Estamos sumidos en este modelo de pretensión. Como sociedad.

Nos lo vendió la concertación. Se sirvió de él la derecha piñerista para asumir el gobierno. Les siguen haciendo creer a los rebeldes que pueden romper con la norma. Pero es mentira. Como el discurso de Mosciatti, el de Bielsa o el de Mayne Nicholls a la hora de despedirse. Poco importa que Jorge Segovia diga a los cuatro vientos que “nadie es dueño del fútbol chileno”. Hace rato que el deporte que alguna vez fue del pueblo, hoy le pertenece a unos pocos. Como todo en este país. Mejor nos sacamos las caretas…