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Agosto 18, 2026

Matanza de lobos o caza de brujas

En Chile entre las múltiples escenas que desmienten a diario el exitismo  de la derecha y del autodenominado progresismo,  respecto del vigor  moderno y sensible de la sociedad chilena, están las imágenes penosas y ofensivas del maltrato y de la vida miserable que llevan un gran número de los animales del país, tanto domésticos como silvestres.

Estos cuadros, que se repiten incesantemente en el campo y las ciudades con mínimas variaciones a lo largo del territorio nacional,  son una demostración más de la falta de sensibilidad de los gobernantes y de los gobernados,  para solucionar un problema que en sociedades modernas se trata de prevenir y erradicar con iniciativas públicas y privadas. Incluyendo estas,  la educación, los controles reproductivos y de prevención de enfermedades  y la educación de la población humana,  que es al fin de al cabo la responsable de la ocurrencia de estos complejos problemas biológicos y sociales.  El valor negativo que estos hechos tienen para el país fue ostensiblemente demostrado por la matanza de los perros vagos de la Plaza de la Constitución llevada a cabo días antes de la toma de mando del gobierno de la Dra. Bachelet.  Acto fundador y premonitorio de la esencia determinante de un gobierno insensible, que hiciera del cultivo y de la propagación de iconografías más que de políticas efectivas para mejorar la realidad, un  hábito cotidiano en su manera de gobernar.


Las jaurías de perros vagos,  hambrientos, maltratados y enfermos que asolan las calles, plazas y mercados de las grandes y pequeñas ciudades, del campo y de las playas de Chile son una condena vergonzosa y permanente,  a una serie de arreglos sociales y económicos en el país, los cuales comienzan por la falta de responsabilidad individual y colectiva, de los amos putativos de esta gran cantidad de animales. Ellas también reflejan un nivel educativo de pésima calidad, ya que esta falta de responsabilidad, puede sin lugar a dudas atribuirse fundamentalmente a una educación deficiente,  que falla en introducir en los educandos los conceptos éticos y morales de respeto a la naturaleza y a los animales,  que son por ejemplo co substánciales a un entendimiento e interpretación cabal de la Teoría de la Evolución de Darwin que acaba de cumplir 150 años.  Del mismo modo, estos problemas reflejan también una falta de  importante de contenidos éticos y religiosos en un país que se autodefine como cristiano. Baste recordar aquí las imágenes de respeto a los animales representados por los pesebres navideños y de un San Francisco de Asís rodeado de fieras y animales domésticos, que han ilustrado las imágenes religiosas por siglos.  


La presencia de este problema además ilustra  una educación insuficiente  en elementos básicos de salud pública, ya que sin lugar a dudas esta gran masa de animales abandonados constituye fuentes potenciales de epizootias y de enfermedades humanas como la hidatidosis,  la cual tiene aun una frecuencia inaceptable para un país moderno en varias regiones del país.  La explicación de este desgraciado fenómeno, va sin duda mas allá de  la falta de responsabilidad  individual,  ya que la educación respecto de el depende  de diversos organismo del Estado como los Ministerios de Educación, Agricultura y de Salud y de los gobiernos locales como las municipalidades.  Teniendo estas ultimas además la obligación de implementar  las potenciales medidas de control de este problema de una manera humana y técnicamente adecuada. Si bien es cierto,  el maltrato permanente en Chile de perros, gatos  y otros animales domésticos como los vacunos y caballares  son diariamente manifiestos y visibles, el maltrato y el abuso de la fauna animal silvestre es menos apreciado,  ya que  para evaluarlo es necesario acceder a conversaciones con científicos preocupados del problema y  a sus publicaciones.   


En este contexto no es una casualidad que un grupo importante de animales que definen nuestra biogeografía y cuya presencia ha determinado a nuestro territorio  desde  tiempos inmemoriales estén amenazados de extinción, De esta forma animales  como el zorro de Darwin en Chiloé, el huemul de las regiones cordilleranas del norte y el sur del país,  el pudú  de la regiones australes y las nutrias de mar de nuestras costas (chungungo y huillin) han visto disminuir el tamaño de sus hábitats y  decrecer su población de una manera alarmante. Esto como resultado de una explotación incesante e ignorante de los recursos naturales, irrespetuosa de la belleza y de la armonía natural, y cuyo único norte es la extracción a ultranza de utilidad  económica de una manera cortoplacista y miope,  que hace de la utilidad privada mas que el bien común el acervo cultural predominante. Pareciera ser que en Chile tanto la vida de los animales domésticos y la de los silvestres como los de la población humana claman aplastadas por el peso de la irracionalidad primitiva de un sistema  político y social carente de la menor empátia  por individuos indefensos,  ya sean estos animales o humanos.  El sistema  y sus administradores,  son incapaces de entender que existen valores que van mas allá de la utilidad económica inmediata y que como dijera el naturalista estadounidense Henry Beston los animales “pertenecen a un mundo mas antiguo y completo que el nuestro y se mueven en el con sentidos que nosotros nunca hemos tenido o alcanzado y oyendo voces que jamás seremos capaces de oír, ….. ellos pertenecen a otras naciones que comparten con nosotros la vida, la tierra y el tiempo.”


Con esta historia no es sorprendente que en los últimos meses  parlamentarios de la región austral mal identificados como progresistas,  pretendan solucionar problemas económicos y sociales de larga data de sus teóricamente representados,  con una matanza más expiatoria que racional de lobos marinos,  cuya caza aun esta regularizada por el gobierno debido a su escaso numero.  De más esta decir que los problemas de los cuales se hace responsable a estos lobos,  son el resultado de una explotación  insensata  de los recursos naturales marinos llevada a cabo por largo tiempo,  bajo la que debiera haber sido la visionaria y vigilante mirada y control de los nombrados parlamentarios, que ahora tardía y estérilmente están preocupados en proteger los intereses de sus representados con medidas insanas,  demagógicas e inhumanas.  La calidad ética de nuestro sistema político y de los individuos que lo representan y controlan, es puesta en tela de juicio por la actitud de  parlamentarios que sin haber tenido la entereza para oponerse  a su tiempo a las fuerzas políticas y económicas responsables del  estado calamitoso de los sistemas ecológicos del litoral en sus regiones, recurren a ultimo minuto para salvar su responsabilidad en este desastre,  a medidas brutales e indignas de corte propagandístico,  carentes además de soporte científico y tecnológico.  Los trabajadores de la región austral,  y también los lobos,  son las victimas indefensas de esta situación y tal vez es bueno recordar  en estos momentos que como dice el  filosofo C. Trungpa  “que en la medida que destruimos nuestro ambiente natural y  nos enajenamos de el,  destruimos también nuestra solidaridad”.


Con frecuencia, durante el Medioevo y el Renacimiento en Europa, cada vez que el poder de la Iglesia y de los señores feudales se veía cuestionado por  la audacia y la rebeldía de la población, estos recurrían a la caza y a los ajusticiamientos de brujas, judíos y heréticos siempre inocentes, para crear temor y consolidar su poder. Pareciera que después del fin de sus 20 años de gobierno los parlamentarios progresistas dudaran de su futuro político, y al igual que la Iglesia y el poder feudal en el pasado, recurren ahora a la caza de inocentes lobos marinos como un mecanismo para apuntalar  su disminuida autoridad.  Autoridad, que sin dudas debe ser cuestionada,  por la menguada situación económica y social que viven sus representados, la que evolucionara continuamente de manera negativa,  durante el largo tiempo que ellos usufructuaran del poder ejecutivo y del legislativo de manera concluyente.   Seria tal vez cuerdo que los parlamentarios en cuestión, a través de la concurrencia  del Presidente Piñera y de su amigo el gobernador de California Arnold Schwarzenegger,  pudieran visitar el litoral de California y comprobar que los lobos marinos en todas las ciudades costeras de ese estado,  incluyendo Los Ángeles y San Francisco están protegidos al igual que en Chile, y han llegado a un adecuado modus vivendi con la población humana.  Ellos además constituyen una atracción turística que estimula la educación de adultos y niños acerca del mundo natural,  generando  empleo y entradas económicas a las diferentes ciudades.  Su presencia establece un ejemplo de civilización,  de preocupación y conservación del mundo natural y de coexistencia pacifica,  entre sus artificialmente separados componentes humano y animal.