Efectivamente, el consumo de los sectores de menores ingresos crece aceleradamente, especialmente el del 50% de los hogares más pobres, en los que el número de miembros que los componen es mayor y en los que predominan las Jefaturas Femeninas. Según la CASEN 2009, el ingreso promedio de estos hogares por decil es:
Primer Decil $114.005
Segundo Decil $230.517
Tercer Decil $302.407
Cuarto Decil $357.565
Quinto Decil $423.954
El crecimiento del consumo popular es valorado por los analistas económicos como indicador de recuperación y los negocios e inversiones se multiplican para satisfacer la presión de esta demanda específica.
Sólo en 2010, y a modo de ejemplo, el UNIMARC abrirá 80 locales con inversiones por US$350 millones, un centro de distribución y expandirá su tarjeta de crédito en alianza con CORPBANCA. Para 2010 piensan tener 250 mil tarjetas activas y en 2011 650 mil. Piensan subir sus ventas gracias a este plástico, afirma el Gerente Juan Pablo Vega.[2] D&S, a través de su filial inmobiliaria SAITEC planea invertir en proyecto Espacio Urbano Viña Centro en la V Región en la perspectiva de estandarizar la imagen de diez espacios urbanos en 2010.[3] La Polar abrirá dos locales más, en San Antonio y en Mall Plaza Norte. En 2011 instalará locales en Mall Plaza Calama y Mall Plaza Oeste con un costo estimado de US$130 millones. Todo ello continuando su estrategia hacia el segmento C3 y D.[4] Ripley proyecta seguir ampliando negocio de malls con Grupo Plaza y comienza con dos centros comerciales en Chile, Plaza Egaña y Barón en V Región con una inversión de US$100 millones. Mall Plaza comienza a construir en Ñuñoa el Mall Plaza Egaña para abrir en segundo trimestre de 2012. Avanzará en la construcción en la VIII Región en el Centro Comercial Ribera Norte.[5] Falabella informó que abrirá otros cuatro supermercados.[6]
Las inversiones del retail se multiplican, se concentran en los sectores C3 y D y el modelo ha producido ganancias tan enormes que estas empresas han extendido sus inversiones y negocios a toda América Latina.
No sólo la demanda del retail ha crecido aceleradamente. Los espectáculos de bandas de rock, festivales de la canción, partidos de football, discoteques, bares y restoranes se repletan con los chilenos C y D. No hay semana en que estos consumidores no destinen parte de sus ingresos al llamado “carrete”. Lo sorprendente, es que la cantidad total del dinero gastado en este consumo creciente, que podría definirse como suntuario si se compara con las necesidades básicas insatisfechas de la población, es inmensamente superior a lo que suman los ingresos de todas las familias de los cinco deciles más pobres del país.
Una explicación la ofrece el endeudamiento. El retail y casas comerciales de todo tipo declaran, explícitamente, en el diseño de sus modelos de negocios, que las rentabilidades dependerán de los plásticos que logren entregarle a los segmentos de menores ingresos. No hay modelo de negocios sin un plástico asociado. Proliferan decenas de miles de tarjetas no bancarias que no exigen nada, sólo se basan en el temor del deudor a no poder seguir endeudándose. Los acreedores se niegan a que estas deudas se publiquen y continúan ofreciendo avances en efectivo por doquier, especialmente a los más débiles. Las farmacias ofrecen avances en efectivo a intereses usureros a los viejos y enfermos, los comercios a dueñas de casa sin trabajo y a jóvenes sin recursos propios. El negocio es endeudar a los Ninja (no income, jobs or assets), es decir los que no tienen ingresos, trabajo o activos.
No obstante, es imposible creer que las inversiones millonarias señaladas, se hagan para satisfacer una demanda tan frágil. El endeudamiento tiene un límite, lo vimos en EEUU con las hipotecas. Pese al control de los medios, de vez en cuando se filtra algo de los efectos de las deudas y repactaciones, como en el caso de Eurolatina o los deudores habitacionales. Así como, hasta hace algunos días, no sabíamos el número de los mineros muertos en accidentes del trabajo, tampoco sabemos los estragos que causa la morosidad en los afectados.
Pero hay más dinero involucrado que el que suman los ingresos y los plásticos. A alguna parte va el dinero del micro tráfico, de la delincuencia, la prostitución infantil y la prostitución disfrazada. Hay miles de alternativas ilegales asociadas a los sueños que vende la publicidad avasalladora de la TV orientadas principalmente a los jóvenes C y D. Son cosas del mercado, dirán los expertos en equilibrios macroeconómicos, mientras critican la puerta giratoria, se santiguan con la píldora del día después e inventan un nuevo modelo de negocios o una nueva publicidad.
Por lo tanto, se podría agregar a los resultados del estudio “Voces de la Pobreza” que la “nueva pobreza” es la angustia y el dolor de no acceder sistemática y permanentemente al consumo que publicita la TV. Es el ser calificado como C1, C2, C3 o D, para ser engañado con intereses usureros, viviendas de mala calidad, educación que no sirve para obtener trabajo, salud precaria. Es no tener trabajo seguro con contrato, es carecer de organización social y sindical. Es comprar cosas y más cosas con dineros ilegales o endeudamiento indefinido. Es buscar la trascendencia en el consumo, el alcohol y el carrete, porque ya no queda nada más.
