I.- En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1982, Gabriel García Márquez habló de América Latina como un continente asolado no sólo por guerras y golpes de estado, sino también incapaz de describirle al mundo de manera creíble su ‘realidad desenfrenada’, que a menudo supera cualquier imaginación o creación literaria. |
Hoy en día, aunque la condición general de Latinoamérica pudiera haber mejorado entre otros gracias a la ola de los gobiernos de izquierda, los viejos fantasmas, como demostró el golpe de estado en Honduras del año pasado siguen rondando; la región tampoco dejó de padecer el problema de falta de recursos para expresarse. Por ejemplo ¿cómo describir y contar lo que pasó el 30 de septiembre en Ecuador?
Mientras el mundo en general prestó poca atención a este suceso y en el mejor de los casos hablaba de un ‘motín policiaco’, incluso la izquierda latinoamericana se mostró incapaz de describir de manera unánime a lo ocurrido. Unos hablaban de un golpe de estado tout court y hacían paralelas directas con el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya; otros argumentaban que el carácter espontáneo y la dificultad en identificar los círculos detrás de la asonada apuntaban más bien a un ‘motín salarial’, consecuencia de las políticas contradictorias del mismo presidente Rafael Correa.
¿No será esa falta de concordancia una muestra de limitación de herramientas para expresar la realidad? Aunque golpe de estado es por su naturaleza un asunto fundamentalmente técnico y altamente planeado (tal como subraya Curzio Malaparte en su clásica obra “Técnica del Golpe de Estado”, un punto central de referencia sobre el tema), es difícil de hablar del modelo único del golpe: había coups d’état, que carecían de alta preparación y dependían más de la inmediata correlación de fuerzas. Además, dado que el autor italiano no llegó a conocer las maravillas de ‘Nuestra América’, que superan cualquier tipología e imaginación, ¿por qué no dejarnos la posibilidad de hablar en caso ecuatoriano de un ‘golpe atípico’? Y la dificultad de identificar a los conspiradores – los ‘mil técnicos’ detrás, de los que hablaba Malaparte – ¿no podrá ser remediada con un profundo estudio de las relaciones de poder en Ecuador?
Total: ¿no que descartar de antemano toda la posibilidad de un golpe equivaldría tanto a ignorar la capacidad de la sorprendente realidad latinoamericana como a renunciar al análisis detallado?
Jorge Luis Borges – un eterno candidato para el Nobel – decía que aunque pocas disciplinas son más interesantes que etimología, al final y a cabo el origen de una palabra, carece de importancia.
Lo que sí tiene interés, es nombrar cosas de manera correcta. No es mera cuestión de semántica; también de política y de credibilidad.
II.
Cuándo todavía no bajó el polvo después del putsch, seguía vigente el estado de excepción declarado por Correa y por las calles de Quito aún rondaban los tanques, de Estocolmo llegó una noticia de que la Academia Sueca había otorgado el Premio Nobel de Literatura 2010 a Mario Vargas Llosa, el mismo que habiendo desplazado a Borges tras su muerte de ‘eterno candidato’ al reconocimiento. Según el veredicto el escritor peruano ha sido galardonado por ‘la cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo’ presentes en su obra. Conocido por sus críticas de las dictaduras, por su defensa general de las ‘sociedades abiertas’ y aversión particular hacia los gobiernos de la izquierda de la región, Vargas Llosa brilló por su ausencia en la defensa de la democracia en Ecuador. No obstante es demócrata a modo: cuando cree que queda amenazada, es el primero y el más categórico – hace poco en un texto amplio criticó a Hugo Chávez por sus supuestas conductas dictatoriales. Vargas Llosa detesta casi igual a Correa que a Chávez, tachando a éste primero de ‘populista’ y ‘demagogo’, aunque la verdad es que Correa le ha dado a Ecuador un periodo de excepcional estabilidad democrática, aún con todas sus fallas y contradicciones hacia los movimientos populares e indígenas (dicho sea de paso, Álvaro, el hijo del Nobel, conocido también por las mismas posturas políticas de derecha, descartó cualquier posibilidad de un golpe, calificando por su parte a gobierno ecuatoriano como un ‘régimen semi-autoritario’). Es de temer, que el Premio para el escritor latinoamericano más que ayudar a dilucidar la realidad de la región, sirva al mundo para optar por el ‘realismo mágico’. Pero en vez de sumergirse en la literatura, convendría mejor estudiar la realidad misma. Si ésta fuera la opción, se podría – ¡porqué no! – tomar en serio el legado del autor de “Conversaciones en la Catedral” y en caso de Ecuador mirar de cerca las ‘estructuras de poder’ (¿quién estuvo detrás del golpe?), las ‘aceradas imágenes de la resistencia y la rebelión’ (¡los ciudadanos que salieron a las calles en defensa del presidente!) o ‘la derrota del individuo’ (aunque Correa sobrevivió la intentona golpista, quedaron en evidencia varias contradicciones y debilidades de su proyecto político). Tratando de entender la historia y la realidad de la región, no se puede prescindir de la literatura; tampoco se puede prescindir del mismo Vargas Llosa, con quién se puede estar de acuerdo o no en lo político, pero cuya literatura se puede disfrutar (de la misma manera no hace falta concordar con Correa o Chávez para condenar los golpes que sufrieron). Pero lo más importante es mirar de cerca la ‘desenfrenada realidad’ latinoamericana y nombrar de manera adecuada a sus fenómenos. Ya que estos siguen superando las fantasías de cualquier literatura.
* Periodista polaco
Cuándo todavía no bajó el polvo después del putsch, seguía vigente el estado de excepción declarado por Correa y por las calles de Quito aún rondaban los tanques, de Estocolmo llegó una noticia de que la Academia Sueca había otorgado el Premio Nobel de Literatura 2010 a Mario Vargas Llosa, el mismo que habiendo desplazado a Borges tras su muerte de ‘eterno candidato’ al reconocimiento. Según el veredicto el escritor peruano ha sido galardonado por ‘la cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo’ presentes en su obra. Conocido por sus críticas de las dictaduras, por su defensa general de las ‘sociedades abiertas’ y aversión particular hacia los gobiernos de la izquierda de la región, Vargas Llosa brilló por su ausencia en la defensa de la democracia en Ecuador. No obstante es demócrata a modo: cuando cree que queda amenazada, es el primero y el más categórico – hace poco en un texto amplio criticó a Hugo Chávez por sus supuestas conductas dictatoriales. Vargas Llosa detesta casi igual a Correa que a Chávez, tachando a éste primero de ‘populista’ y ‘demagogo’, aunque la verdad es que Correa le ha dado a Ecuador un periodo de excepcional estabilidad democrática, aún con todas sus fallas y contradicciones hacia los movimientos populares e indígenas (dicho sea de paso, Álvaro, el hijo del Nobel, conocido también por las mismas posturas políticas de derecha, descartó cualquier posibilidad de un golpe, calificando por su parte a gobierno ecuatoriano como un ‘régimen semi-autoritario’). Es de temer, que el Premio para el escritor latinoamericano más que ayudar a dilucidar la realidad de la región, sirva al mundo para optar por el ‘realismo mágico’. Pero en vez de sumergirse en la literatura, convendría mejor estudiar la realidad misma. Si ésta fuera la opción, se podría – ¡porqué no! – tomar en serio el legado del autor de “Conversaciones en la Catedral” y en caso de Ecuador mirar de cerca las ‘estructuras de poder’ (¿quién estuvo detrás del golpe?), las ‘aceradas imágenes de la resistencia y la rebelión’ (¡los ciudadanos que salieron a las calles en defensa del presidente!) o ‘la derrota del individuo’ (aunque Correa sobrevivió la intentona golpista, quedaron en evidencia varias contradicciones y debilidades de su proyecto político). Tratando de entender la historia y la realidad de la región, no se puede prescindir de la literatura; tampoco se puede prescindir del mismo Vargas Llosa, con quién se puede estar de acuerdo o no en lo político, pero cuya literatura se puede disfrutar (de la misma manera no hace falta concordar con Correa o Chávez para condenar los golpes que sufrieron). Pero lo más importante es mirar de cerca la ‘desenfrenada realidad’ latinoamericana y nombrar de manera adecuada a sus fenómenos. Ya que estos siguen superando las fantasías de cualquier literatura.
* Periodista polaco

I.- En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1982, Gabriel García Márquez habló de América Latina como un continente asolado no sólo por guerras y golpes de estado, sino también incapaz de describirle al mundo de manera creíble su ‘realidad desenfrenada’, que a menudo supera cualquier imaginación o creación literaria.