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Agosto 18, 2026

Y la tierra ríe

Se mistifica la desgracia y también la irresponsabilidad de los culpables de un drama que dura una eternidad. Todos se han vuelto “Chapulin del rescate”, todos son el marisma de la risa. El trastorno es sabroso, chilenos, porque el rescate es tan delictuoso que esconde la explotación o el asesinato de los obreros al mandarlos a morir bajo tierra y teniendo como compañera una silicosis tan puta como los salvadores. La tierra ríe, obvio, porque la pisan más los infelices que los responsables del inmenso manantial de obreros empapados de pobreza.  

Carcajadas de la historia porque no se ha aprendido a respetar la vida de los necesitados. Muchos obreros llegan a sus casas sin un centavo en sus bolsillos y no encuentran la razón de haber vuelto a su hogar cuando los críos, enmoscados de miserias, lloran por el pan faltado.

Pero, bueno, la tierra es de estómago humilde porque tiene la maldita costumbre de tragarse los infelices.

Pero el mundo habla de los mineros y toma puesto en las butacas del norte en cuyo asiento se sentó hasta la luna a gustar de un teatro triste que se fue llenando de pobre gente.

Entre banderitas  se construyó el rigor de creer en la salvación de los mineros, pues, se impuso el llanto iluminado arquitectónicamente por velas como muros o como espejos de inspiración casi clasicista.

Todos alteran la historia, obvio, también alteran los dolores, los llantos, “el viva Chile” las fotos de las víctimas bajo tierra, la regla de adobe que mide barros y no la falta de techos o de etapas.

Se vive en lo fijado y no en lo impuesto. Se podrá decir que no dejamos pasar una contra los gobiernos chilenos. Un rescate casi igual a una conquista del barroco… Se esconde el desempleo de los mineros sin minas, y se habla de grandes cambios para el futuro. 18 minas cerraron sus túneles y galerías. Cierto para ellos el rescate no existe.
El sentimiento es salvaje. El sufrimiento bajo tierra es la obra de arte para los hombres nuevos con técnicas de lavanderías clandestinas. El delito del salvaje. El desierto chileno no tiene el problema sino aquellos que arriesgan su vida por un misero pan y bajan a las profundidades para ir blasfemando la puta vida que los espera mientras los otros, ya se sabe, se quedan días y noches en los grandes hoteles puteando con Pedro Juan y Diego.

La tumba del minero y del roto chileno no requiere de inversiones, al contrario si no bajan hacia la muerte se les quita lo poco y nada que tienen…

Pero, bueno, el frío y el hambre no nace con el derrumbe de las minas… el rugido del tigre se lo pueden ir metiendo en el poto, señores, porque la injusticia no es nueva sino que se ha vuelto sacramentada con quiñes de copas para regios y de tarros de leche nestle para los shilenos sin choros  apellidos o llenos de hijos a punto de ser descarriados.

Los pobres trabajadores han sufrido tanto.
Los mineros viven el drama de todos los obreros explotados… no hay metros para medir el sufrimiento… es común el lloriqueo… unos lloran por la muerte del “antes fui libre y respetado” otros por el drama que se les obligó poner en un escenario lleno de promesas lujosas cuando la verdad es que ni las latitudes del planeta creen en un tesoro para todos.

Pero, ya, los hombres han nacido para sufrir… por eso somos de pelo en pecho, compadre… porque somos shilenos y al que no le guste que pida traslado.

Una historia que nació por sinvergüencería y no por “cosas de la vida”. Los 33 sufridos mineros, repito, no serán los apóstoles de una revolución del mañana… sino que se les ha utilizado de una forma tan bárbara que no hay evangelio que los supere.

En fin de cuenta el espectáculo se vendió a las mil maravillas…
Hoy afloran los regios que hicieron estremecer a los incautos… pero, una cosa es cierta, la historia no se olvida de los mineros ametrallados ni de los pobres del mundo… esa huevada molesta… obvio… porque una cosa es que nos hacemos en mil para condenar las injusticias y la otra es que se nos meta el dedo en la boca mostrando el sufrimiento humano como un pobre paso de tango en una película de putas que buscan sobrevivir en un mundo de putos.

Juan Godoy