Hace algún tiempo llegó a mis manos, dos libros del autor Benedicto Cerdà, alter ego de Carlos Cerda. El Primero, “El bombero afortunado” y el segundo “El tarro con piedras”, ambos de su autoría. Ambos volúmenes son cuentos cortos que muestran la inclinación literaria de Benedicto y el desarrollo que ella ha tenido.
Es un trabajo nada fácil. Los cuentos cortos tienen un problema que es que, como no son una simple sucesión de anécdotas, sino una estructura literaria que en pocas palabras deben desarrollar el discurso, es decir como se debe hacer una introducción al cuento, desarrollarlo y terminar con un desenlace, el autor debe sintetizar en sus episodios y en su estructura literaria. Entonces, se corre el riesgo de no extender bien el núcleo de la historia o bien, de hacer un cierre anticipado dejando al lector con la sensación de que falto algo, que todavía al autor le faltaba algo por contar. Entonces especial cuidado debe tener un escritor de desarrollar todas las aristas de la narración con la misma importancia.
En el caso de los cuentos de Benedicto, se aprecia un buen manejo de la estructura pero, en ocasiones se observa saltos en la narración que lo más probable, tuvieron como objetivo agilizar la narración del cuento pero que en ciertos episodios generan un problemas de comprensión de la lectura ya que de repente da la sensación de no entender bien porque razón la narración tuvo ese desenlace
Sin embargo, lo que se aprecia son dificultades técnicas que todo autor ha tenido en algún momento y que no opacan el talento. De esa manera, la motivación inicial del autor favorece su aprendizaje ya que las dificultades relativas a la inexperiencia se superan con el tiempo y con el deseo de superarlas. Bien. Nada que no se cure con el tiempo. Además, es de justicia decir que espero que en el tiempo transcurrido desde la publicación de su último libro haya publicado otros cuentos.
Escribir un libro siempre es un desafío interesante en el que confluyen multitud de personas, técnicas y elementos de toda índole que deben dar un único resultado unitario. Por lo demás un libro, es una variada y arriesgada aventura en la que hay que hacer un poco de todo: imaginar una historia, hacerse la pregunta que quiero contar o qué me dice aquello; investigar, trabajar en el interior y en el exterior del autor, planificar y evaluar los resultados que va a juzgar un número elevado de personas al leer los relatos.
Es una aventura que muchos han elegido enfrentar y que no está exenta de dificultades en que un escritor pueda pasarse la vida entera tratando de escribir una gran obra dándole vueltas y forma, hasta no acabar nunca. Pero en eso consiste la evolución intelectual y espiritual ¿o no? Dar cosas por terminadas, no en un buen o mal momento, sino cuando es necesario, y seguir adelante con proyectos nuevos.
