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Agosto 18, 2026

TELESCOPIO: La visita

No sé si en todas partes del mundo donde la ex presidenta Michelle Bachelet va de visita, causa la misma conmoción entre los chilenos residentes como lo hizo aquí en Montreal hace unos días.

Lo cierto es que las reacciones de muchos integrantes de la comunidad fue un tanto bochornosa y probablemente hasta la ex mandataria debe haberse sentido un tanto incómoda con el trato de celebridad – comparable al que se da a un cantante de rock – que esos miembros de la comunidad le brindaron: abalanzándose para sacarse un foto con ella que luego pondrán en un marco o, mejor aun, en Facebook.

Más allá de este detalle anecdótico y que de algún modo refleja cierta mentalidad provinciana en por lo menos parte de esta comunidad de chilenos del exterior, lo cierto es que la visita de la dama que ha encarnado la imagen más positiva de lo que ha sido la Concertación, da la oportunidad para varias reflexiones. La visita de Michelle Bachelet se debió a la entrega de una distinción otorgada por el Consejo de Relaciones Internacionales de Montreal, un organismo privado sin fines de lucro dedicado a promover un mayor conocimiento de los asuntos internacionales, actualmente presidido por Raymond Chrétien, ex embajador de Canadá en Estados Unidos y sobrino del ex primer ministro Jean Chrétien; junto a Reporteros sin Fronteras, un organismo internacional fundado en Francia y que se dedica a la defensa de la libertad de expresión abogando por periodistas que son víctimas de persecución, y a Radio Canadá, el radiodifusor público de Canadá en lengua francesa.


La ex presidenta fue honrada con el Premio Courage au féminin (Coraje de mujer) que ese organismo entrega y que en una ocasión anterior le fuera entregado a la colombiana Ingrid Betancourt. Después de una larga lista de oradores que resaltaron diversos aspectos tanto de su vida durante la dictadura, como luego sus logros como presidenta, le tocó finalmente el turno a la homenajeada misma. Michelle Bachelet no le hizo el quite a temas candentes que por lo demás se arrastran desde su propia administración, como el de los mapuches en huelga de hambre (un par de mujeres de la comunidad chilena había desplegado rápidamente un lienzo en apoyo a la causa mapuche a los pocos momentos de que la ex mandataria iniciara su discurso, sorprendiendo a la audiencia, aunque sin que la oradora se percatara sino hasta cuando a los pocos instantes guardias de seguridad removieron a las manifestantes).


Hablando en inglés, idioma que ella domina desde su tiempo de exilio en Australia, la ex mandataria no titubeó en caracterizar la dictadura de Pinochet como “el peor período de Chile en el siglo 20” y reconoció la deuda pendiente de la sociedad chilena con los pueblos aborígenes, tampoco eludió el hecho de las profundas desigualdades que sufre la sociedad chilena. Una de sus afirmaciones que su discurso pareció subrayar fue que “para que la democracia desarrolle raíces fuertes, debe rechazarse toda forma de autoritarismo”. Este mensaje democrático fue también resaltado en su mención a la defensa de la libertad de expresión, saludando en esto la acción de Reporteros sin Fronteras.


Naturalmente, siendo ahora su nuevo rol el de poner en marcha el organismo de Naciones Unidas para la condición femenina, el tema del rol de la mujer fue también de importancia en su discurso, aludiendo tanto al rol que la mujeres han tenido en Chile, como también al caso de las mujeres en Haití después del terremoto en ese país y terminando su discurso comprometiendo su empeño en luchar contra las diversas formas de discriminación contra las mujeres ejercidas en la actualidad en una gran cantidad de países. Sin duda esto último una parte central de lo que deberá ser su trabajo al frente de ese nuevo organismo de las Naciones Unidas dedicado a la condición femenina en todo el orbe.


Como señalo, fuera de la conducta propia de “calcetineras” buscando acercarse a su ídolo, demostradas por algunos miembros de la comunidad, probablemente más adecuadas para recibir a Américo que a una ex mandataria, la visita de la dama que al dejar la presidencia lo hizo con el más alto índice de apoyo ciudadano, estuvo enmarcada por reales reconocimientos de parte de la sociedad canadiense (el propio primer ministro Stephen Harper, quien no pudo asistir al acto, hizo llegar un saludo en video) y de organismos que por cierto tienen peso en la arena internacional.


Se puede decir que de este modo ha sido un comienzo auspicioso para la tarea que Michelle Bachelet deberá iniciar próximamente, una vez que esté instalada en Nueva York, al frente del nuevo organismo ONU-Mujeres. Un trabajo de relevancia internacional pero detrás del cual también cabe plantearse qué ramificaciones él puede traer para la política doméstica de Chile. En otras palabras – y para ser concreto – cómo esta designación de la ex presidenta a ese cargo internacional encaja en los esquemas – hasta ahora no afirmados ni negados por ella misma, como es natural – respecto de su posible postulación presidencial en 2013 (su cargo en la ONU es por tres años y finaliza justamente ese año).


A primera vista – independientemente de cómo su designación se generó – lo cierto es que la ausencia de la ex presidenta por tres años tiene todos los visos de jugar a su favor. Estar lejos de Chile le evita tener que andar respondiendo preguntas de reporteros (preguntas no siempre muy inteligentes) sobre cualquier tontería: que el ministro tal dijo tal cosa, que el presidente dijo tal otra… Muchas veces, o más bien, la mayor parte de las veces, materias completamente irrelevantes pero que los reporteros televisivos necesitan simplemente para llenar espacio y que – en caso de una respuesta inapropiada – puede costar horas o días de trabajo de reparación (“clarificaciones”, “palabras tomadas fuera de contexto”, etc.) que a veces pueden costarle caras a una personalidad política. Dado el clima de mediocridad que rodea la mayor parte de la interacción política chilena, es ciertamente bueno que la ex mandataria no quede expuesta a ese tipo de cosas, por cierto es bueno “no echarse al trajín” como se dice, especialmente cuando cada vez más los límites entre la política y la farándula se tienden a diluir (ya basta con imaginarse a la ex mandataria siendo invitada a bailar cumbia a alguna teletón… ¡no hay salud! Como se solía decir).


Michelle Bachelet podrá evitarse así todo ese accionar cotidiano sin que por otro lado su estada en la Big Apple necesariamente la aísle del acontecer chileno, especialmente ahora con todos los recursos tecnológicos disponibles que existen para comunicarse. Pero con la ventaja que ella sea quien decida qué responder y cuándo.


Por cierto no faltan los escépticos que mencionan que estas designaciones internacionales no le fueron de mayor utilidad a José Miguel Insulza (secretario general de la OEA) ni a Ricardo Lagos (comisionado para dirigir una agencia sobre medio ambiente en la ONU) lo cual si bien es cierto, por otro lado no toma en consideración las diferencias en personalidades de los involucrados. Mientras Insulza y Lagos confiaron en que sus entornos harían el trabajo por ellos en Chile, en las estructuras partidarias así como en la opinión pública y en especial en los centros de poder, da la impresión que Michelle Bachelet hará un buen uso de su capacidad de llegar a la gente de un modo personal. Caramba, no por nada dejó la presidencia con el mayor grado de apoyo popular de la historia, ciertamente muy superior al que cualquiera de los partidos de su coalición podía aspirar.


Naturalmente la visita de la ex presidenta a Canadá no iba a despejar dudas sobre si será candidata a la presidencia o no, eso todavía es muy prematuro y por lo demás uno no hace esos anuncios en un país extranjero. Pero sin duda – por lo menos a este momento – es la mejor carta que tiene tanto el Partido Socialista como la Concertación (sea que se mantenga como tal, con ese nombre, o que se reconfigure bajo otra denominación), para reconquistar la presidencia.


Como ya se visualiza, la clase política hace cálculos para 2013 dando como hecho que los actuales alineamientos políticos y sus respectivas correlaciones de fuerza se mantendrán para los futuros tres años. Las dos fuerzas políticas principales también esperan que potenciales amenazas a su existencia (el movimiento que representó Marco Enríquez Ominami para la Concertación, o las persistentes grietas que se manifiestan entre UDI y Renovación Nacional en la coalición gobernante) se diluyan y desaparezcan de aquí al momento de la próxima elección presidencial. Pero eso no es todo lo que tanto los partidos que hoy hacen la Concertación como aquellos de la Alianza, o incluso los actores periféricos como Enríquez Ominami o el PC, tienen que entrar a considerar.


Si en el mejor de los escenarios para la Concertación, se lograra mantener la presente unidad de sus fuerzas, se lograra sumar a Enríquez Ominami e incluso al PC en una candidatura única – probablemente, pero no de seguro porque en política no hay nada seguro ni ciento por ciento previsible –  encabezada por la ex presidenta Bachelet, ello no garantiza un éxito electoral ni mucho menos, un renacer del espíritu de esperanza que pudo haber existido al momento de iniciarse ese penoso y largo camino de transición a la democracia hace ya más de veinte años.


El problema para la Concertación (o como quiera que en el futuro se llame ese conglomerado de fuerzas) no es tanto derrotar a la derecha, sino derrotar el escepticismo, el sentimiento de apatía e incluso el sentimiento de haber sido traicionados, que impera entre muchos sectores del pueblo chileno hoy día, actitudes que ya se vieron reflejadas en los resultados electorales últimos.


Michelle Bachelet, ocupada como ciertamente va a estar en Nueva York echando a andar el nuevo organismo, tendrá que hacerse algún tiempo también para pensar qué sería de esa eventual nueva campaña y segunda presidencia (si es que efectivamente quiere ser candidata de nuevo, y en esto como digo, todo puede suceder, de inmediato descarto esos juicios de los que supuestamente “se las saben todas” y dan por descontado que ella es la candidata. Prefiero en esto apoyarme sólo en los datos concretos: ciertamente ella a este momento es la mejor carta, pero aun así ello no asegura que vaya a ser la candidata presidencial de las fuerzas opositoras).


Y si algo nos ha traído como experiencia estos días de huelga de hambre mapuche es que las demandas de esa minoría simplemente no pueden resolverse en el marco de la presente estructura institucional del país. Los mapuches, como nación al interior de Chile (si es que efectivamente los queremos al interior del país y no constituyendo en el día de mañana un nuevo estado) precisan de un efectivo reconocimiento que únicamente puede darse replanteando la organización política del país, esto es una nueva constitución. No ya pequeños parches aquí y allá a un neumático que ya amenaza con reventarse: derechamente se necesita una nueva constitución. Y lo que vale para los mapuches vale para las otras minorías aborígenes del país, y también para las regiones, y para dar una verdadera igualdad de derechos a las mujeres, y para terminar con la discriminación contra las minorías sexuales, y para un efectivo resguardo al medio ambiente, y para… en fin, para todas las áreas y sectores que reclaman una justa atención en un país que por muy largo tiempo ha tenido una institucionalidad que margina a todos, excepto claro está, a aquella minoría que por la mayor parte de estos doscientos años ha actuado como dueña de él.


No es mi intención aquí entrar en el debate sobre cuán bueno o malo el gobierno de la presidenta Bachelet fue. Tampoco es muy efectivo desde el punto de vista del accionar político, sustraerse del tema de la sucesión presidencial arguyendo que se está en algo de más trascendencia como construir una efectiva alternativa revolucionaria para Chile, cuando en verdad se ve poca evidencia de que ello – si existe – tenga un real peso en el pueblo chileno ahora o en el futuro inmediato. Tampoco es de mayor utilidad desenterrar el viejo debate de si la Izquierda debe separar aguas de la democracia cristiana y tratar de levantar su propia alternativa, porque por donde se sumen los votos, socialistas y comunistas solos más otros pequeños grupos no harían más de un magro 15% del apoyo popular. Esa es una realidad innegable. Si se ha de arrebatar el gobierno a la Derecha, tendrá que hacerse con el concurso del centro (esto es, la democracia cristiana) así es que mejor guardarse todos los vituperios que muchos gustan lanzar contra ellos (y yo mismo – lo confieso – cuando echaba garabatos contra los “beatos” en la universidad allá por 1970 si alguien me hubiera dicho, mirando una bola de cristal: “en veinte años socialistas y demócratacristianos van a ser aliados en el gobierno…” lo hubiera descartado por loco). No se trata de una visión oportunista, sino como señalo lo importante es tener un programa común y es preferible que los DC estén de este lado que del otro, a no ser que uno quiera convertirse en una Izquierda testimonial, una suerte de Pepe Grillo o conciencia moral del accionar político chileno, apuntando a todo lo malo que hay pero sin oportunidad de implementar sus propias ideas.


La ex presidenta tendrá entonces mucho de que pensar en los escasos ratos libres que su nueva tarea le deje en Nueva York, pero una cosa debe quedarle muy cierta, a pesar de las manifestaciones de adulación sea aquí en el exterior o en Chile mismo, la eventualidad de una segunda presidencia sólo tiene un sentido histórico si es que ella se atreve a propiciar un real vuelco de timón, encabezar una plataforma en la que el establecimiento de una asamblea constituyente y la redacción de una nueva constitución política sean los ejes centrales de ese nuevo mandato. Y naturalmente cumplir ese punto programático central. Sólo entonces uno podrá decir que Michelle Bachelet habrá dejado una marca indeleble en la historia de Chile, más allá del mero hecho de haber sido la primera mujer que ocupara la presidencia. No hay que equivocarse, como señalé anteriormente los juicios sobre su gobierno aun provocan discusión en los círculos de la Izquierda, pero no hay que olvidar que en definitiva de aquí a tres años habrá un nuevo proceso electoral y – gústele a algunos o no – esta mujer podría aun catalizar, si no por ella misma, por el proceso que genere un posible retorno de las fuerzas de Concertación (o como se llame en ese momento) al gobierno: el desencadenamiento de un proceso que lleve a una situación límite frente a la cual una asamblea constituyente y una nueva constitución sean los únicos caminos posibles. Proceso para el cual deberán confluir una fuerte movilización social y condiciones políticas de alza, esto último algo que la ex presidenta podría concitar, en este momento, más que cualquier otra figura sea de la Izquierda o el Centro. Aunque por cierto no se podría tratar de ninguna manera de una mera segunda parte de su primera administración, tendría que ser algo cualitativamente diferente y que posiblemente no todos pueden prefigurar todavía, aunque eso sí, la nueva constitución sería su piedra angular.