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Agosto 18, 2026

La clase obrera aún respira

El derrumbe que sepultó bajo miles de toneladas de oro y cobre a 33 trabajadores privándoles transitoriamente de su libertad, irónicamente los liberó en el intertanto de la tiranía privada, doméstica, y clasista, que regía sus penosas jornadas de trabajo.   

Atrapados en la caverna de la codicia ajena, sus vidas experimentan un giro drástico: las estructuras de autoridad, jerarquía y dominio en que consistía el “orden natural de las cosas” hasta el día antes del derrumbe, se disipan.
 
Tiene lugar espontáneamente un laboratorio sub-terra que cruelmente les  indica el camino correcto para preservar sus pechos palpitantes. Es la hora del autocontrol; el dominio sobre su fuerza de trabajo vuelve a sus manos.
 
La tragedia nos indica fríamente que existe una instancia anterior a ese “orden  natural”, existe un estado que es sencillo como el agua, un orden que está en la esencia de la humanidad, y que aparece como destellos de claridad en el primer pensamiento humano frente a un desafío insoslayable.
 
Es la cooperación, la fraternidad y auto gobierno la nueva forma de relacionarse socialmente en la caverna sellada, es la óptima asignación de recursos en una situación extrema la nueva forma de gestión, es la valoración extrema de la libertad, es la máxima expresión de la democracia, es la asamblea permanente e infatigable de los asociados unidos por la desgracia, es la suprema valoración de la libertad, aunque esta haya sido reducida a su mínima expresión.
 
El día feliz  del rescate, los mineros habrán reconquistado su antigua libertad, ellos en su nuevo rol y respirando el aire de la superficie, abrazarán a sus hijos, a sus mujeres, a sus padres y amigos. Habrán vuelto a la libertad desde el encierro involuntario, serán entrevistados, sus rostros saldrán en las pantallas de todo el planeta, sufrirán el síndrome de la repentina fama, pero finalmente, después de ese efímero paso, habrán también vuelto a la realidad anterior a su cautiverio, a la realidad que los sepultó.
 
 
René Dintrans
erredintrans@yahoo.es
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