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El 4 de septiembre recién pasado se conmemoraron los 40 años del triunfo electoral del ex presidente Salvador Allende. Un mes antes, el 2 de agosto, se conmemoraron los 30 años del peor atentado terrorista que ha sufrido Italia en la post guerra: una bomba colocada en la sala de espera de la estación de trenes de Bolonia, deja 85 muertos y más de doscientos heridos.
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¿Qué relación tienen estos dos acontecimientos? Ambos tienen que ver, de una u otra forma, con el terrorismo de la derecha, sólo que en el primer caso (la elección de Allende), pudo alcanzar sus frutos después de instalado el gobierno de la Unidad Popular.
Mucho se ha hablado sobre los intentos de la derecha chilena, apoyada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, de evitar que Allende asumiera la primera magistratura de la nación. Lo más conocido es el asesinato del comandante en jefe del ejército, general René Schneider, cuyos autores se encuentran en libertad, gracias al indulto otorgado, después del golpe de Estado, por la dictadura cívico-militar. Sin embargo, la conspiración se iniciaba un año antes de la elección de 1970.
“A fines de 1969 tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares chilenos en las afueras de Washington. El anfitrión era Gerardo López Angulo, entonces coronel de aviación y agregado a la misión militar de Chile en los Estados Unidos; dos de los invitados chilenos eran sus colegas de las otras armas. La cena se realizaba en honor del general Carlos Toro Mazote, director de la Escuela de Aviación de Chile, llegado la víspera en viaje de estudios. Los siete militares comieron ensalada de frutas y asado de res con arvejas, bebieron vinos que evocaban cálidamente la lejana patria del Sur con sus playas llenas de pájaros luminosos, mientras Washington se hundía bajo la nieve, y conversaron (en inglés) de la única cosa que entonces parecía interesar a los chilenos: la elección presidencial del próximo septiembre. A los postres, uno de los generales del Pentágono preguntó qué haría el ejército chileno si el candidato de la izquierda, Salvador Allende, ganara la elección. El general Toro Mazote respondió: ‘En media hora tomaríamos el palacio de La Moneda, aunque hiciera falta incendiarlo’ (negritas en el original). (1)
Pero la eventual elección de Allende, no era sólo preocupación del Departamento de Estado, sino también de la tristemente famosa ITT (Internacional Telephone and Telegraph Corporation), pues como consta en la correspondencia entre sus ejecutivos de Chile y de los Estados Unidos, se sostenían conversaciones tanto con altos personeros de la Casa Blanca, como con representantes de la derecha chilena, y, a través de ellos, con militares de alto rango, e incluso con el entonces Presidente de la República, Eduardo Frei Montalva. Todas ellas con el único objetivo de impedir que Allende llegara a La Moneda.
“En una reunión con Arturo Matte en su casa, el domingo 13 de septiembre, parecía él estar de ánimo más tranquilo que en la última visita; hizo algunos comentarios:
La “Fórmula Alessandri” que abriría el camino a nuevas elecciones, tenía la aprobación del Gobierno y la aprobación personal de Frei. Una vez elegido por el Congreso, Alessandri renunciaría cumpliendo así su promesa hecha antes de la elección de que así lo haría salvo que hubiera recibido la mayoría relativa de los votos en la elección general”.
Más adelante, el texto de esta carta explica que “Matte dijo que las fuerzas armadas están de acuerdo sobre el grave peligro para la democracia que implica la llegada al poder de Allende. Están de acuerdo en que debe ser detenido. Sin embargo, los dirigentes de las fuerzas armadas y Frei prefieren una salida constitucional (o sea, elección de Alessandri por el Congreso), la que no excluye la violencia, espontánea o provocada”. Y prosigue: “Una solución constitucional, por ejemplo, podría resultar de desórdenes internos masivos, huelgas, guerrilla urbana y rural. Esto justificaría moralmente una intervención de las fuerzas armadas por un período indefinido. Pero se desprendía de la exposición de Matte que hay pocas esperanzas de que esto ocurra. Los marxistas no se dejan provocar. ‘Se les puede escupir en la cara en la calle’ dijo Matte, ‘y darán las gracias’. Esto significa que la ultraizquierda se da cuenta y toma todas las precauciones para neutralizar la provocación” (los subrayados son nuestros). (2)
Si bien, con el vil asesinato del general René Schneider, la derecha no pudo lograr su objetivo de impedir que Allende se terciara la banda presidencial, los atentados del grupo terrorista Patria y Libertad se fueron haciendo cada vez más frecuentes (voladuras de puentes, destrucción de gasoductos, bombazos a las torres de alta tensión, asesinato del edecán naval del Presidente Allende), y fueron creando un clima de terror que agudizaban las medidas llevadas a cabo por el Departamento de Estado (“hacer crujir la economía” Nixon dixit), y por la oposición del Partido Nacional y de la Democracia Cristiana en contubernio faccioso.
Una vez derrocado Allende y el gobierno de la Unidad Popular, se instaura el terrorismo de Estado llevado a cabo por la dictadura cívico-militar.
Decíamos al inicio de esta nota, que Italia había sufrido el peor atentado de post guerra. En efecto, el 2 de agosto de 1980, el grupo terrorista de derecha Ordine Nuovo, hace estallar una potente bomba en la estación de trenes de Bolonia con el trágico saldo ya descrito. Sin embargo, los atentados terroristas de la derecha habían comenzado en 1969 en la Piazza Fontana, luego en Peteano en 1972 y en Brescia en mayo de ese mismo año. Sobre estos hechos, y la relación de la derecha chilena con el terrorismo internacional, hablaremos en la próxima nota.
(1) Gabriel García Márquez, “Chile, autopsia de un asesinato”, Le Nouvel Observateur, reproducido por El Día, de México, 10 de marzo de 1974.
(2) Documentos secretos de la ITT, Santiago de Chile, Quimantú, 1972, pp. 13-14.
Mucho se ha hablado sobre los intentos de la derecha chilena, apoyada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, de evitar que Allende asumiera la primera magistratura de la nación. Lo más conocido es el asesinato del comandante en jefe del ejército, general René Schneider, cuyos autores se encuentran en libertad, gracias al indulto otorgado, después del golpe de Estado, por la dictadura cívico-militar. Sin embargo, la conspiración se iniciaba un año antes de la elección de 1970.
“A fines de 1969 tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares chilenos en las afueras de Washington. El anfitrión era Gerardo López Angulo, entonces coronel de aviación y agregado a la misión militar de Chile en los Estados Unidos; dos de los invitados chilenos eran sus colegas de las otras armas. La cena se realizaba en honor del general Carlos Toro Mazote, director de la Escuela de Aviación de Chile, llegado la víspera en viaje de estudios. Los siete militares comieron ensalada de frutas y asado de res con arvejas, bebieron vinos que evocaban cálidamente la lejana patria del Sur con sus playas llenas de pájaros luminosos, mientras Washington se hundía bajo la nieve, y conversaron (en inglés) de la única cosa que entonces parecía interesar a los chilenos: la elección presidencial del próximo septiembre. A los postres, uno de los generales del Pentágono preguntó qué haría el ejército chileno si el candidato de la izquierda, Salvador Allende, ganara la elección. El general Toro Mazote respondió: ‘En media hora tomaríamos el palacio de La Moneda, aunque hiciera falta incendiarlo’ (negritas en el original). (1)
Pero la eventual elección de Allende, no era sólo preocupación del Departamento de Estado, sino también de la tristemente famosa ITT (Internacional Telephone and Telegraph Corporation), pues como consta en la correspondencia entre sus ejecutivos de Chile y de los Estados Unidos, se sostenían conversaciones tanto con altos personeros de la Casa Blanca, como con representantes de la derecha chilena, y, a través de ellos, con militares de alto rango, e incluso con el entonces Presidente de la República, Eduardo Frei Montalva. Todas ellas con el único objetivo de impedir que Allende llegara a La Moneda.
“En una reunión con Arturo Matte en su casa, el domingo 13 de septiembre, parecía él estar de ánimo más tranquilo que en la última visita; hizo algunos comentarios:
La “Fórmula Alessandri” que abriría el camino a nuevas elecciones, tenía la aprobación del Gobierno y la aprobación personal de Frei. Una vez elegido por el Congreso, Alessandri renunciaría cumpliendo así su promesa hecha antes de la elección de que así lo haría salvo que hubiera recibido la mayoría relativa de los votos en la elección general”.
Más adelante, el texto de esta carta explica que “Matte dijo que las fuerzas armadas están de acuerdo sobre el grave peligro para la democracia que implica la llegada al poder de Allende. Están de acuerdo en que debe ser detenido. Sin embargo, los dirigentes de las fuerzas armadas y Frei prefieren una salida constitucional (o sea, elección de Alessandri por el Congreso), la que no excluye la violencia, espontánea o provocada”. Y prosigue: “Una solución constitucional, por ejemplo, podría resultar de desórdenes internos masivos, huelgas, guerrilla urbana y rural. Esto justificaría moralmente una intervención de las fuerzas armadas por un período indefinido. Pero se desprendía de la exposición de Matte que hay pocas esperanzas de que esto ocurra. Los marxistas no se dejan provocar. ‘Se les puede escupir en la cara en la calle’ dijo Matte, ‘y darán las gracias’. Esto significa que la ultraizquierda se da cuenta y toma todas las precauciones para neutralizar la provocación” (los subrayados son nuestros). (2)
Si bien, con el vil asesinato del general René Schneider, la derecha no pudo lograr su objetivo de impedir que Allende se terciara la banda presidencial, los atentados del grupo terrorista Patria y Libertad se fueron haciendo cada vez más frecuentes (voladuras de puentes, destrucción de gasoductos, bombazos a las torres de alta tensión, asesinato del edecán naval del Presidente Allende), y fueron creando un clima de terror que agudizaban las medidas llevadas a cabo por el Departamento de Estado (“hacer crujir la economía” Nixon dixit), y por la oposición del Partido Nacional y de la Democracia Cristiana en contubernio faccioso.
Una vez derrocado Allende y el gobierno de la Unidad Popular, se instaura el terrorismo de Estado llevado a cabo por la dictadura cívico-militar.
Decíamos al inicio de esta nota, que Italia había sufrido el peor atentado de post guerra. En efecto, el 2 de agosto de 1980, el grupo terrorista de derecha Ordine Nuovo, hace estallar una potente bomba en la estación de trenes de Bolonia con el trágico saldo ya descrito. Sin embargo, los atentados terroristas de la derecha habían comenzado en 1969 en la Piazza Fontana, luego en Peteano en 1972 y en Brescia en mayo de ese mismo año. Sobre estos hechos, y la relación de la derecha chilena con el terrorismo internacional, hablaremos en la próxima nota.
(1) Gabriel García Márquez, “Chile, autopsia de un asesinato”, Le Nouvel Observateur, reproducido por El Día, de México, 10 de marzo de 1974.
(2) Documentos secretos de la ITT, Santiago de Chile, Quimantú, 1972, pp. 13-14.
