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Agosto 18, 2026

Hermana de su marido

!Que hermosa eres, Paloma, qué bella eres, Paloma! Tus cabellos son cómo los míos.., y perdóname que te lo diga, Paloma, que a lo mejor me pongo pesado, pero no es una locura que lo diga, que para mi, tú eres chilena, fíjate, por más que intentes ser europea pues no lo eres. 

Pues no lo eres, mujer, no son rabias las mías, ya ves tú, que, el día que nos encontramos en París nos enamoramos, luego nos casamos y hoy tenemos tres hijos. Y, date cuenta, no es por hablar o porque yo me haya tomado unos tragos con los viejos de la pescadería del Quartier Latín, no, paloma, mis palabras son de penas, de llantos porque, bueno, tú fuiste adoptada, no conoces tus padres y la historia se repite, críos separados de las madres en el tiempo del fascismo…, acuérdate de una cosa, Paloma, de las palabras que te dijo un anciano en el barrio de Pigalle: ” usted parece ser hermana de su marido”. Sabes, pobre mi vieja, ella fue marxista, mirista, mejor dicho, y tuvo una vez una hija la cuál se la quitaron a los tres días que nació. Pobre mamita mía, lloraba todo el tiempo. No había nadie que la defendiera y las otras compañeras de calabozo la consolaban, le decían que un día Dios, piadoso, le entregará su hija con otros hijos. Era una formula religiosa que funcionaba, que siempre ha funcionado cuando un hombre o mujer se siente en abandono ya que corre en busca de Dios. Eso es el remedio metafísico, el mejor remedio porque yo, al decir la verdad, he hablado con Dios y le he preguntado mil cosas, Paloma, mil cosas, y no busco compromisos con él, pero si me preguntan como cresta se puede hablar con don gecho, no me avergonzaría en decirlo porque, el pantera, ya sabes, antes fue un comunista visceral y ahora es un evangélico visceral, y en la cárcel yo iba a misa, tal como suena, Paloma, yo iba a misa.

Paloma, nos casamos de un !Pum!, prácticamente sin haber casi pololeado, de un porrazo nos sentimos el uno para el otro, y, mira que cosa, me sentía con la moral en las patas, siendo feliz a tu lado, y lo que dijo el caballero en el Pigalle me ha cambiado toda la vida. Me siento tu hermano mayor, Paloma, el hombre que nunca pretendió casarse con su hermana.

Mi vieja, sigue buscando a mi hermanita perdida. Hoy, Paloma, hoy, luego de haber hablado con el médico de los cielos, con gechito, me doy cuenta que él nos unió en un sacramento, y lo hizo, tan bueno él, para ponerle el punto al problema de mi hermana desaparecida.

Nunca has querido conocer a mi madre, eso no lo entiendo, pero lo comparto contigo ya que montones de veces te he visto llorar en la cama y hasta hablas en los sueños en busca de tus padres, Paloma. Por eso te lo digo, son años que deseaba tomar fuerzas para decirlo, tú eres mi hermana.

“Por eso tomas tanto?”

Si Paloma, por eso ando chupando tanto porque quiero poner la mano sobre la cruz y pedir al gechito que anule nuestro matrimonio.

“Estás loco?”

Paloma, por qué te voy a decir mentiras. Ya ves la otra noche tomé unos apuntes que mi madre había escrito sobre los lunares que tenía su hijita robada. Tú tienes esos lunares, los tres lunares que bajan del pecho al ombligo son iguales a las que señala mi vieja.

“Cariño, que lo que decía tu madre puede ser verdad, pero date cuenta, es demasiado tarde para que nos volvamos “fréres”, porque la gente no tiene piedad si supiera que nos hemos casado sin saber que éramos hermanos y, ya ves, la vida de nuestros hijos se arruinaría y toda la felicidad se volvería hasta antipática. Entre nosotros dos, cariño, para que lo sepas, somos gente civilizada y debemos comportarnos como seres civilizados. He leído las cartas de tu vieja, el adiós a la búsqueda de su bebé robado, pero sería impertinente si hoy viajáramos a Chile y conociera a tu madre porque no sabría que decirle, no sabría como abrazarla… y por si fuera poco, me metería a llorar como una tonta en los brazos de una desconocida.

Traeré a mi madre a París, Paloma, ella dirá la última palabra.

“Eso no puedes hacerlo, cariño, por más que quieras hacer feliz a tu madre, pues inicias a hacerme infeliz a mí.

“Te prometo, Paloma, te prometo una cosa; yo deseaba encontrar mi hermana, y ahora la tengo como esposa, sólo falta que mi vieja lo sepa y podrá morir en paz.

“Estas cosas, cariño, requieren mucha responsabilidad, que no es que yo no quiera saber de mis padres, eso te lo dejo claro, pero el mundo de hoy no es el mismo del 1973. Mis padres adoptivos son franceses, llevo apellido francés y soy francesa y no chilena, cariño, convéncete, si no aceptas la realidad pues es un lío y te hundirá en el trago y, sin darte cuenta, perderás tu familia, tu hermana y tus hijos.

Ivan Godosky