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Agosto 18, 2026

El crimen de Guzmán y la nueva autoamnistía

Las últimas declaraciones del señor Hernández Norambuena, hechas al que fuera Canal del Presidente Piñera, han caído miel sobre hojuelas en las fauces de la UDI. Y de algunos RN. Y de Piñera. Por cierto de Hinzpeter. Una justicia, impactada por el gobierno, ha reabierto el caso Guzmán.

Ex funcionarios de la dictadura, como Cuadra, están expectantes, y se preparan para limpiarse unos con el desprestigio de otros, sembrando cizañas y dudas, como lo ha hecho Francisco Javier con Ballerino, brazo izquierdo de Pinochet en esa época, que hoy sufre de parálisis cerebral.

Al mismo tiempo bocetan una estrategia maquiavélica. Apresar en Chile a ex FPMR (algunos quieren volver) con el fin de usarlos de moneda de cambio con los condenados terroristas de Estado. El lenguaraz Hernández Norambuena por el enfermo general Contreras, que acaba de casarse, ¿por qué no?  La Iglesia Católica lo pediría. 

El crimen de Guzmán – si es como dice el Sr. Hernández Norambuena – fue una brutalidad política.

Como el de Edmundo Pérez Zújovic, en 1971, atribuido por algunos derechistas como Campos Menéndez al gobierno pero asesinado por la VOP, que también se decía de izquierda, peleaba contra Salvador Allende y terminó eliminada y autoeliminándose.

El crimen político lo condenamos ayer y lo condenamos hoy.

Permitió además a los fascistas decir “Ve, señor, son igual a nosotros, secuestran, matan, si pudieren torturan”.

El de Guzmán fortaleció a Pinochet, golpeado por el plebiscito y la derrota de Büchi. Debilitó la naciente democratización. Fue un magnicidio de los que Lenin condenaba. Hasta hoy sectores claves de la Concertación “igualan” a los posibles asesinos izquierdistas de Guzmán con los DINA y CNI. Dicen incluso que ambos sectores preocupaban por igual al gobierno de Aylwin: los bomberos locos y los sostenedores del terrorismo de Estado que querían reinstalar el terrorismo de Estado.

Hubo, y reabierto el caso debería haber, múltiples hipótesis acerca de quiénes lo asesinaron y por qué fue asesinado el teórico principal de la dictadura. No basta con que una organización reclame la autoría. En Chile, incluso, la confesión de un delito no es prueba suficiente.

Las más sustantivas hipótesis son aquellas que sospechan del mundo de la infiltración y de las capacidades que los especialistas despliegan cuando actúan en medio de grupos o subgrupos, en algunos casos compartimentados, con mentes un tanto desquiciadas y proclives a acciones mesiánicas y violentas, justificadas, para ellos, con tal o cual ideología que imaginan.

Todas las organizaciones de izquierda, y la democracia cristiana, fueron infiltradas en tiempos de la Unidad Popular por sectores fascistas. Todas. Los dirigentes actuales lo han denunciado.

No hay duda que entre el golpe de 1973 y 1990 esa infiltración continuó con más motivos, recursos, técnicas y caldo de cultivo. Está probado que las cárceles y las torturas posibilitan incluso la inhumana captación. Todo el aparato del Estado fascista, y sus herencias, servía de respaldo a los infiltrados.

Es posible, también, que recién reabierto el proceso de democratización desde el gobierno no se haya descargado toda la mano que hoy aparece como necesaria para combatir el terror. Pinochet, por ejemplo, siguió enarbolando su cavernario poder desde los cuarteles, las calles con rostros pintados  y el Congreso.

El crimen de Guzmán, ¿fue un crimen político o un asesinato por motivaciones personales? ¿No había ni hay elementos como para pensar en esta última hipótesis, partiendo de la extraña personalidad de la víctima?

Si fue un crimen político ¿éste fue intrasistémico o planeado y ejecutado por personeros de la ultraizquierda? ¿No había gente, probadamente criminal, del interior del antiguo régimen dictatorial que tuviera intenciones de asesinar a Guzmán? ¿Dónde estaban y qué hacían los adversarios de Guzmán, ex DINA y ex CNI, en el momento del asesinato del principal teórico de la dictadura? ¿Si Frei Montalva pudo ser asesinado en 1982, no pudo haber sido asesinado Guzmán nueve años después y una vez derrotados en el plebiscito?

Si el crimen fue planificado, como dice Hernández Norambuena, por un colectivo del FMR autónomo, surgen interrogantes políticas.

No hay duda que “un crimen político” debe sustentarse, para su ejecución, en un análisis político y una decisión política.

Puede ser que quienes planificaron el crimen político, si lo fue, hayan pensado que Guzmán era, en ese momento, un personero del fascismo que había cumplido su tarea como teórico de la reconstrucción burguesa 73-89 y que se había transformado en una figura peligrosa por su ascendente poder.

Si hubiesen hecho un análisis prendido a “los porfiados hechos”, se hubiesen dado cuenta que el asunto era al revés.

El “gran triunfo” del principal teórico de una dictadura que hizo lo que quiso durante 17 años, fue el alcanzar, al final de ella, un 17,19% de los votos en una elección ciudadana. Más del 82% de la gente no votó por él. Guzmán era, en 1991, un cadáver político que difícilmente resucitaría. Y lo sabía. Él no estaba conforme con manejar un partido político del tamaño de la UDI, que debía navegar ya no con el poder del Estado dictatorial en las manos sino en la competencia de la naciente democracia. La UDI, con Guzmán de presidente del partido, era la mitad de Renovación Nacional, alcanzó un 9 por ciento en votación nacional de diputados y un 5 por ciento en votación de senadores, poco más que el P. Radical de la época y con muchos más recursos.  Y él se mantenía en el Senado defendiendo todas las instituciones antidemocráticas establecidas en la Constitución de 1980. La UDI era sólo una militante trinchera de minoría. Guzmán, un capo de trinchera.

Hoy Guzmán tiene una aureola, ha sido beatificado, tiene monumento (lo que no tiene Pinochet), tiene calle (que tampoco tiene Pinochet), es un mártir, su partido es el más grande del país y ha vuelto al gobierno, y de él se puede inventar cualquier cosa, hasta un cierto pensamiento “humanista”, una visión alturada de la sociedad y una capacidad para hablar desde ultratumba con los que fueron sus delfines. Ah, y el haber fundado “un partido cristiano”.