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Agosto 18, 2026

Los generales se abrazaban

Ay, Luli, todo el Chile entusiasmado con el 18 y 19 de Septiembre. Pásmate flaca, como embolados por la independencia, los muy güevones, que a la Junta le gustaba, se notaba, que cada vez que se llenaba un cacho con chicha gritaban: “ Viva Chile Mierda”, los generales se abrazaban, pero como si hubiese sido un relajamiento que no es igual a un abrazo de vencedores, Luli.  

18 y 19 de Septiembre era una fecha en la cual se creía lo que más convenía, porque, y que se sepa, la resistencia también andaba enfiestada, figúrate, que los milicos marchaban con un ojo mirando hacia adelante y el otro pegado en la nuca, palabra, que luego de terminar la parada militar, algunos llegaban hasta cagados a su regimiento, que yo digo, Luli, fíjate, que podíamos tomarnos los regimientos en dos días, fíjate, todos los milicos en el parque, los regimientos con pocos soldados de guardia que, ya sabemos, califas los cabros, podíamos engatusarlos con piernas frescas de lolas combatientes, y, PAF, Luli, como en las mejores películas de los yankis.

Y como andábamos enfiestados, no se pensaba en tomas de regimientos sino en resistencia continua, Luli.

Tú dirás, Luli, éramos ingenuos, cierto que lo éramos porque no fuimos impulsivos, que yo recuerdo los soldados encaramados en los catres de unas putas pinochetistas y en la calle una furgoneta estacionada hasta con cinco ametralladoras adentro, Luli, que muchas veces caímos hasta con fiebre en la cama por no haber tomados esos regalos.

Nos cagábamos en los pantalones…, no Luli, teníamos disciplina, no era miedo, era cariño a nuestras vidas, Luli, porque el Roberto, decía, “puede ser una trampa, que los milicos no son tan güevones”, porque te diré que a muchos de nosotros nos hubiese gustado ver a los soldados hechos prisioneros y entregados a la Cruz Roja, claro, unos decían, que era mejor fucilarlos, date cuenta, caíamos en el fascismo puro, calamidad, Luli, nosotros de novio con la muerte, de novios con la idea de la toma del poder, y eso que no andábamos revueltos como antes, Luli.

El 1973 habíamos jurado lealtad al Chicho y, como si nada, unos de los nuestros se habían ido al exilio…, todo el juramento se fue a la mierda.

Pero un buen día te levantas y te encuentras con la noticia que al Tuco chico lo encontraron ahorcado a la entrada de la piscina militar, y tú piensas, “se acabó”.

Es cierto que todavía quedábamos millones y millones contra la Junta pero los malditos, Luli, los judas, esos que se infiltraban y trabajaban para la Junta, cuando los encontrabas por la calles, te decías a ti mismo: “si te he visto no me acuerdo”.

18 y 19 de Septiembre, Luli, fecha en que nos encontrábamos en el parque: asados, pollos, huevos cocidos, pan amasado y un guiño de ojo.

En el parque veías los viejos militantes del PC, otros del PS, y otros de movimientos y sectas de la izquierda, tan patriotas y santos como nadie, entre unas presas de pollo y jugando una pichanga con una pelota de trapo, algunos, los más ancianos, se iban a la gruta de la Marinita, e, hincados rezaban, o sino pagaban unas mandas y, de paso, dejando mensajes para la resistencia…, y los otros, los de la DINA, Luli, vendiendo globitos, barquillos, banderitas chilenas, fotos del chacal Pinochet, retratos de la Virgen del Carmen, patrona del tirano, y, banderines del Colo Colo…, esos eran los comandos pronto a disparar y también a matar, Luli.

Sabíamos algo, nunca todo, Luli, que andaban escuchando lo que se hablaba en los grupos de familias y de amigos en el parque y, muchos de los DINAS, hacían el toni y se quedaban en grupos de sospechosos; unos acariciaban un bebé o pidiendo un vasito de chicha para, ya te das cuenta, entrar en confianza y, de paso, empapelar de chuchadas al General.
Y fue un 19 que un hombre, sentado al lado de nuestro grupo, se atoró con un pedazo de carne y de repente, Luli, la muerte se hizo presente porque el hombre empezó a cambiar color en su cara y los vendedores de la DINA, haciéndose los güevones, para ver si con la muerte del hombre saltaba un grito de “venceremos”, pero nada, todos socorrían al moribundo, unos lloraban, otros discutían, otros, más racionales proponían abrirle la garganta y de paso meterle un tubito o sino un lápiz bic…, No había tiempo…, pero tiritaba la mano…, había que tomar chicha, tanta chicha…, había que tener un cuchillo bueno pero nadie tenía… uno, por milagro, sacó un bisturí de su chaqueta pero nadie se atrevía dar el corte de la salvación. Y muchos, Luli, tantos se hicieron los miopes… y el hombre ya se estaba despidiendo del mundo… porque estaba completamente morado… y el viento del 19 se hizo furioso, el día imaginario…, la banda del ejercito había comenzado a entornar el himno nacional, Luli, mientras el atorado ya había perdido el conocimiento…, una fiesta super-güevona, Luli, porque estábamos viendo una persona que moría lentamente al son del himno nacional…, y nadie fue capaz de salvar la vida al hombre… Lo que nunca sabremos…, amiga, si el muerto fue uno de la Junta o uno de los nuestros.

Godosky