Mi prima en tercer grado es una excelente narradora. A nivel mundial. No es envidia pero ojalá yo tuviera esa virtud que no se estudia. He ido a Montevideo y allí está en todas las vitrinas de todas las librerías. En Madrid supe de una estudiante japonesa que admiraba el castellano y cuya única obsesiva aspiración era hacer un doctorado no sobre Cervantes o Lope de Vega o Becker o Neruda sino sobre mi prima en tercer grado.No caldeó su éxito con la farándula o el destape de sus íntimas privacidades. No mechoneó a otra escritora ni la atacó con sus uñas, buscando ser más leída.
No escribió acerca de Allende “Los amores con mi tío Salvador”, que pudo fabular, sino que trató siempre al Presidente con una elegante y respetuosa distancia, incluso en vida.
Es como Diamela Eltit, sí, depende del gusto, que es muy subjetivo.
Es como Marcela Serrano, que no es mi prima en tercer grado pero fue mi cuñada, que escribe muy bien, pero es mejor.
Mi prisma me dice que el primer gran premio de mi prima en tercer grado es haber vendido lo que vende.
Hay buenos escritores que no venden, es decir venden mil libros o quinientos.
Hay otros que para vender libros venden a su madre.
El buen escritor o la buena escritora, que vende 55 millones de ejemplares, es sin duda un premiado, un gran premiado.
Estamos ante un fenómeno. En la historia de Chile, además de ella, sólo Neruda es millonario en lectores.
Hacerle el bien a 55 millones de personas en 33 idiomas, de manera no paternalista sino con libros bien escritos ¿no tiene mérito?
Ahora ha sacado el segundo premio.
Muchos narradores que son bastante menos que ella fueron honrados con el Premio Nacional.
Arturo Aldunate Phillips y Enrique Campos Menéndez, “por sus vidas consagradas a la literatura” y no por su calidad literaria.
Y un señor Sady Zañartu, cuya más excelsa obra fue la letra del himno del Regimiento Buin. Sólo la letra.
Nadie se preocupa –literariamente- de ellos. Debe ser porque venden poco.
Marcela Paz es Premio Nacional. No se trata de una excelsa escritora. Se trata de la madre de Papelucho. Aún más: creo que Marcela Paz se parece a Isabel Allende, en su literatura y en sus méritos.
Yo no he andado cargoseando a mi prima en tercer grado. Hablé sólo una vez con ella y nunca ni siquiera le he escrito. Una vez le hice llegar con Panchita, su mamá, a quien llamé por teléfono, un ejemplar de un libro mío, sin respuesta. Panchita es pariente de mi papá, ya fallecido.
Con mi prima no coincidimos en todo –ella dice que Piñera lo está haciendo bien y que tiene un equipo de jóvenes (como Lavín y Larroulet digo yo) que estudiaron en EEUU (como si eso fuera un mérito) – pero coincidimos no sólo en que compartimos antepasados sino en que los dos escribimos libros sobre Haití, el suyo bastante más largo que el mío. En mi caso no es raro: viajé por primera vez a Port au Prince hace veinte años, viví después tres años intensos allí, y me quedé pegado a sus colores y sus dioses. Lo raro es que elegimos, sin tener idea y cada uno por su loa, la misma ilustración de un mapa africano al interior del libro. Debe haber sido la serpiente de siete cabezas o Francisco de Asís. O Mambo, la sacerdotisa vudú.
Prima, la felicito, y perdone porque el premio no se lo dieron ni Lagos ni Arrate sino Lavín. Claro que Ud. ha dicho, con inteligencia, que la distinción, en tiempos de Piñera, no puede oler a arreglín político.
