No son palabras vacías, sino que llenas de verdad. Hoy un amigo, nos dejó: falleció Ozren Agnic de un infarto fulminante. Conversador nato, sabía llenar una reunión contando sus historias, anécdotas de vida. Me encantaba escucharlo, sobre todo cuando contaba su historia como secretario privado de Salvador Allende.
Su literatura reflejaba a su autor. Ozren se leía rápido, captaba nuestro interés de inmediato y en su conversación siempre hablaba de cosas que venían al caso, con autoridad pero sin la pedantería de quien “sabía”.
Su literatura amable, que la construía de manera inteligente, estaba arraigada en la experiencia de un testigo y de un protagonista de su época porque ella, nos evocaba todo lo que él amaba: su país, Antofagasta, Croacia, su familia.
Conocí a Ozren y su familia a los pocos días de haber llegado a mi nueva casa. Cuando Ozren publicó “Memorias de un Secretario Privado”, me pidió que se lo comentara y de esa manera inicié una larga seguidilla de comentarios literarios que me han ido enriqueciendo como profesional.
San Agustín decía que morir es solo cruzar una calle, donde de un lado estamos nosotros y del otro, quienes se adelantaron. Luego de cruzar la calle y reencontrase con su padre y con otros amigos, Ozren ya debe haber organizado una tertulia para comentar y dar su opinión sobre el mundo.
Extraño esas conversaciones, pero lo más probable que algún día volveremos a conversar juntos en una mesa de sol y nubes junto a otros grandes amigos.
