google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 19, 2026

Sobre “Detenidos Desaparecidos”

Estimado Sr. Auth: Si bien es cierto que su artículo “Memoria histórica. Detenidos desaparecidos. II. Los familiares” publicado el 4 de Agosto de 2010 en el Clarin de Chile arroja trascendente información sobre los “Detenidos Desparecidos” en Chile, datos que lamentablemente desde la finalización de la dictadura han sido mayormente ignorados por los medios de comunicación, me veo empero en la obligación de rectificar algunas consideraciones que en su relato refieren directamente a mi familia.

María Cristina ha estado siempre presente en nosotros, en el nombre (Cristina) que llevo en su honor, en el afiche que confronta a cada visita a nuestra casa con la pregunta: ¿Quién es ella? ¿Por qué no está? En la divulgación de sus poemas, en la incesante labor de difusión y de concientización que mis padres realizaran durante su exilio en la Alemania Federal, donde publicaron libros sobre la represión política y económica de la dictadura chilena: “Yo llevo la sal” (Ich bringe das Salz) y una novela sobre una madre integrante de la Agrupación llamada “Detenidos Desaparecidos en Chile” (Politische Verschwundene Gefangene in Chile), en la creación de la editorial “ediciones Concepción” para la publicación mensual de la revista “Resistencia” difundida con tanto esfuerzo en todo el mundo, en los trabajos cooperativos con entrañables amigos alemanes en Amnistía Internacional, en la organización de huelgas de hambre y marchas en homenaje a los presos políticos en Chile, en el trabajo diario de relatar, de transmitir la experiencia a quien planteara el más mínimo interés y curiosidad, que, es oportuno aclarar, fueron tantos. También quisiera recordar que aún antes del exilio, durante los años más sangrientos de la dictadura, mi abuelita Charlie y mi madre Patricia buscaron infructuosamente –asistiendo al nacimiento de la “Agrupación de Detenidos Desaparecidos”- a la tía Mari en los diversos centros de detención e incluso interpusieron un “habeas corpus”; le hablo de aquellos tiempos en que hacerlo significaba arriesgar la propia vida.

Mi familia nunca ha dejado de buscar a la tía Mari. Pero he de puntualizar: nunca buscamos sus restos, sino su vida, su persona, sus ideas, su integridad, sus convicciones. Mediante cada uno de los trabajos que hemos emprendido, tanto en el extranjero como en Chile, mediante cada actividad individual y/o colectiva que hemos realizado; siempre ha regido su ejemplo como principio. Creo que más allá de las necesarias reparaciones, debemos todos -no solamente los familiares- rescatar a los “detenidos desaparecidos” en su calidad de personas vivas, miembros de esta comunidad nuestra. Es decir, devolverles la identidad que les robaron, recordar que fueron amigos nuestros en el jardín, en la escuela, colegas en el trabajo, compañeros de Universidad, vecinos, conocidos, novios, compinches, que dejaron un vacío en la sociedad. Y reconociendo esto, entenderemos que todos nosotros somos sus deudos.  Entonces la reparación implicará reescribir la historia y nombrar una escuela “María Cristina López Stewart” o una calle “Muriel Dockendorff”.

Insisto, mi familia nunca ha dejado de buscar a la tía Mari, mas la buscamos reivindicando el proyecto político que ella defendió hasta la muerte y que hoy –estoy convencida- tiene tanta actualidad como entonces. No solamente hubo “detenidos desaparecidos”, sino también – y aquí cito a un gran amigo-, “hay un Chile que se detuvo y que desapareció”. Hablo de los años de la Unidad Popular, hablo de Allende, hablo del medio litro diario para cada niño de Chile. Reparación significa para mí la reivindicación de ese “Socialismo con vino tinto y empanadas”. Reparación implica recordar aquellos tres años en que el mundo entero tenía puestos sus ojos expectantes en Chile y estaba dispuesto a aprender de y con nosotros; estábamos escribiendo la historia con letras mayúsculas.

Quisiera además agregar que mi abuelita Charlie falleció en el año 1996 y no en el 1997 y que esa partida supuso no sólo la angustia previa sino una rabia a secas ante tamaña injusticia. Una de las cosas que más lamento es que no haya alcanzado a presenciar la detención de Pinochet en Londres y la de los torturadores y asesinos de su hija que acaso hoy están presos, que no haya alcanzado a vivir la reconceptualización internacional de los crímenes dictatoriales definidos ahora con justicia como “crímenes de lesa humanidad”, que no haya atestiguado esta parcial superación de la “ley de amnistía” por la figura del “secuestro permanente” que acuñara el juez Guzmán en el año 1998, y que justamente ha posibilitado que algunos de aquellos victimarios estén en prisión. Puntualizo que, en función de esa figura, la búsqueda de los restos no debiera ser –a mi entender- lo prioritario.

Tal como refiriera la abuelita Charlie cuando le preguntaron por su hija, por el origen de su convicción: Mari se propuso “no dormir esta noche si hay aún un niño en la calle”. Le aseguro –y sospecho que no es de su conocimiento- que su hermana, mi madre, ha reivindicado sobradamente a través de su arduo trabajo aquél principio. Digo esto, pues miles de niños chilenos y latinoamericanos de sectores desposeídos y olvidados han podido desarrollarse hasta aquí y seguirán desarrollándose gracias a su labor educativa.

Rindo homenaje al incesante, valiente e invaluable trabajo de las integrantes de la “Agrupación de Detenidos Desaparecidos” así como a tantos héroes anónimos que han dedicado sus vidas a esta causa y así seguirán actuando en provecho de un anhelo universal de justicia.

Agradezco en particular a la periodista Lucía Sepúlveda Ruíz y al escritor Martin Faunes por su notable contribución en pos de la difusión de la vida y obra de María Cristina como de la de sus compañeros.

Cristina Alarcón López (candidata a Doctora de la Humboldt-Universität zu Berlin).