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Agosto 18, 2026

Encuesta CEP: la fotografía de un gobierno mediocre y una oposición destruida

Nada se gana con criticar las encuestas; que las estadísticas sean puras mentiras sirve para poco cuando la mayoría de los políticos actúan con base en ellas: aceptemos, al menos, que pueden constituirse en una buena fotografía de un momento dado. Está claro que, en menos de un semestre de gobierno, Sebastián Piñera logra el más bajo apoyo de los gobiernos de la transición a la democracia y viene a culminar un descenso permanente desde Aylwin, pasando por Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

Las promesas del candidato de la derecha – de gobernar con los mejores sin importar su adhesión política, de derrotar la delincuencia y de mejorar la gestión, entre otras lindezas demagógicas ofrecidas a los pacientes ciudadanos – han quedado minimizadas ante el pésimo resultado de un 45% de apoyo, que es mucho menor que el logrado en la elección presidencial.

Se creía que, al menos, el presidente Piñera tendría un alto grado de aceptación en materia económica, pero en esta encuesta el resultado fue inesperado, con un pesimismo, rechazo y desconfianza respecto a la capacidad del equipo de gobierno para conducir la economía.
    
 Esto de las cualidades de los personajes políticos es una completa estupidez, pues no cuentan con ningún fundamento científico que las sustente; es evidente que el presidente de la república es la antítesis de Michelle Bachelet respecto al carisma y cercanía, razón por la cual todos los gestos populistas – alojar en casas de emergencia, comer tallarines y porotos con rienda, memorizarse estupideces respecto a Marcelo Bielsa y los jugadores, enojarse con un humorista que lo imita casi a la perfección, vestirse de bombero, de escolar, de Diego Portales y hasta de policía y, para colmo, vistiendo horribles parcas rojas cual diablillos y otras tantas linduras como si estuviera en campaña, que parecieran planeadas por el peor de sus enemigos – le juegan más en contra que a favor.

Respecto al terremoto, la gente captó, mejor que nadie, quién lo hizo bien y quién dejó el desastre, tanto por acción, como por omisión – bomberos, carabineros, el ejército, los medios de comunicación, Techo para Chile, se lucieron, y es lógico, son instituciones cercanas a la sociedad civil – los gobiernos de Bachelet y Piñera fueron desastrosos, pues demostraron completa incapacidad para enfrentar situaciones difíciles; la ONEMI “se lleva todos los premios”.

Las dos expresiones del bipolio – La Concertación y la Coalición – siguen siendo rechazadas por más de la mitad de los encuestados; la crisis de representación del sistema político continúa igual que en el pasado reciente y el único cambio que se constata es el reemplazo de la derecha concertacionista por el populismo conservador piñerista.

La Concertación ha demostrado ser incapaz de construir una oposición y hoy completamente desnuda de poder  no le resta más que esperar el rechazo ciudadano; así ha ocurrido con la encuesta CEP bajando de un 41% al 21%. Con la Coalición por el Cambio ocurre lo contrario: del 21% sube al 41%. La cercanía al poder, por lógica, favorece a los partidos de gobierno, en un presidencialista absolutista, como lo es el chileno.

El Chile actual está al extremo estancado en un invierno de la política, cuyo gélido amanecer se asemeja a la mañana en que escribo este artículo. Los personajes son, prácticamente, los mismos y sólo ha cambiado el decorado: Bachelet y Lavín encabezan el apoyo de los encuestados, en cada una de las dos combinaciones políticas, incluso, Ricardo Lagos aparece con algún apoyo – no más del 3% -; no hay ninguna cara nueva – Carolina Tohá, Lagos Weber, los Walker, y otros, son jóvenes con ideas viejas, que se niegan a romper con el pasado dogmático, totalitario y alejado de la sociedad civil que les legaran sus antepasados y que terminó por destruir la Concertación.

Rafael Luís Gumucio Rivas
02/08/2010