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Agosto 18, 2026

La derecha esquizofrénica: entre fascista y vendepatria

La derecha chilena sufre de una esquizofrenia político-económica que cada día se hace más notoria. Me refiero a la derecha  y no a la burguesía, pues en el primer término englobo al Gobierno, al Congreso y a los partidos políticos. La burguesía controla todos los poderes, pero no todos los individuos que conforman estos poderes pertenecen a la burguesía.

“La burguesía es la clase que detenta globalmente los medios de producción y, por lo mismo, que encierra en sí el poder económico y político: se contrapone al proletariado, que carece de dichos medios y posee únicamente su fuerza de trabajo”.*

Existe también una subclase llamada pequeña burguesía, que es lo que se conoce normalmente como clase media: funcionarios del Estado, trabajadores intelectuales, pequeños empresarios, etc.

Los cuatro gobiernos de la Concertación fueron gobiernos de derecha, pero sus presidentes no pertenecen a la burguesía (tal vez con la excepción de Frei Ruiz-Tagle con su participación en una gran empresa).  Así mismo, tanto diputados como senadores de esta misma coalición son de derecha, pero no pertenecen a la burguesía (tal vez hay alguna excepción que no conozco).

Me he permitido hacer esta distinción para dejar en claro que la derecha (especialmente la Concertación), en sus cuatro gobiernos y con su participación en el Congreso, sólo han servido durante todo su accionar, como lacayos de las burguesías tanto nacional como internacional.

¿En qué radica, entonces, la esquizofrenia de toda la derecha chilena? En que ha tomado varias características del fascismo, pero la mayoría de sus actuaciones han estado dirigidas a vender  Chile al mejor postor extranjero.

Sobre el fascismo y su caracterización se han escrito varios miles de páginas, sin embargo, me remito al Diccionario de Política, de Bobbio y Matteucci, en el cual, reconociendo la dificultad que exige una definición, se propone la siguiente: “Después de llegar al poder, el fascismo se caracteriza por las siguientes modalidades: 1) la exigencia unitaria (Piñera: gobierno de unidad nacional); 2) llegada al poder de una generación nueva (los príncipes de la DC, los “renovados” y  los Rossi del PS); 3) la llegada al poder de una personalidad carismática (Michelle Bachelet, el mismo Ricardo Lagos, antes de ser presidente), 4) la llegada al poder de una  nueva clase dirigente (Piñera y sus ministros y subsecretarios); 5) el intento de integración de las masas dentro del estado nacional (desde un principio la Concertación impidió el funcionamiento independiente de las organizaciones de base, cooptando a los dirigentes para que actuaran bajo su tutela, corrupción de por medio); 6) el eclecticismo doctrinal (los partidos políticos fueron desperfilados hasta transformarse en una montonera sin perfil ideológico) 7) la promoción del desarrollo industrial;  8) el empleo de fórmulas dirigistas; 9) la adopción de una política y de una  economía autárquica: nacionalismo y proteccionismo; 10) la propuesta de un estilo de vida peculiar (nada mejor que el consumismo al estilo yankee);
11) el recurso a la violencia contra toda fuerza nacional centrífuga y conflictiva (la violencia militarizada  contra el pueblo mapuche además de la aplicación de la ley antiterrorista y la justicia militar)”.**

He marcado en negritas para subrayar las tres modalidades (7, 8 y 9), que tal vez se podrían destacar como las únicas más o menos rescatables (sobretodo con la globalización) que caracterizan a un  Estado fascista, y son las tres que no fueron tomadas en cuenta para constituir el actual Estado fascista chileno.  Es justamente ahí donde se hace más palmaria la personalidad  esquizofrénica  de la derecha chilena, pues tiene serios problemas para encontrar una verdadera identidad y se debate entre el ser fascista o vendepatria. Pero como estamos en Chile, todo se hace a medias.

* Norberto Bobbio y Nicola Matteucci, Diccionario de política, Siglo XXI, México, 1981.
** Ibidem.