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Agosto 18, 2026

Una obra de opaca lucidez: “Chile rumbo al futuro” de Don Edgardo Boeninger

 Hace unos meses atrás,  la publicación de la obra póstuma de Don  Edgardo Boeninger, “Chile rumbo al futuro. Propuestas para reflexionar”, suscitó en la prensa escrita una serie de comentarios laudatorios, caracterizados  por el uso de positivos adjetivos ad hominem, todos grandilocuentes y generosos.  

Llama la atención, puesto que se trata de una obra supuestamente erudita y técnica, que ninguno de estos homenajes periodísticos contenía el menor atisbo de análisis o de estudio,  ya sea parcial o completo,  de los contenidos y de las ponencias expresadas en el libro  que fueran más allá de la apología y de la alabanza fácil.   Y a lo más, algún comentarista político como Don  Ascanio Cavallo,  opinando también que el libro  es uno de los más importantes producidos en Chile en los últimos tiempos, se limitó a parafrasear sus contenidos sin comentario alguno. Señalando,  eso si, que estos son a la vez concisos, anti-especulativos y archi-racionales.  Sin embargo, el Sr. Cavallo, reconoce al mismo tiempo que la obra carece de sustento en la teoría social, la historia y la sociología  y que está mayoritariamente constituida por las opiniones personales del autor dirigidas de manera testamentaria y paternal a la  supuesta gran familia chilena. 
 
Estos comentarios elogiosos y cálidos del Sr. Cavallo respecto de este trabajo, a mi juicio tal vez inadvertidamente,  revelan algunos de los problemas intelectuales serios   y negativos que yo veo en esta obra dirigida a entender y a estimular la reflexión acerca del futuro de de la nación chilena.  Siendo tal vez el principal, y el más notorio, la brecha infranqueable que existe entre los diversos aspectos de la realidad material de la sociedad chilena  y el cuadro positivo,  y hasta cierto punto optimista,  que nos presenta en el texto el Sr. Boeninger de esta realidad.  Las ponencias vertidas en el libro a mi modo de ver carecen de anclaje en esta realidad y de un análisis serio de cómo ella afecta,  desgraciadamente de manera aún negativa  la mayoría de la población chilena.  Incluyendo, diversos aspectos de su quehacer diario, que envuelven a la educación, la salud, la previsión social y los servicios como transportes,  entre otros.  Por ejemplo, la  obra carece del uso de estadísticas sociales y económicas comparativas que pudieran sustentar e ilustrar algunas de sus afirmaciones.  Lo cual llama la atención,  ya que la palabra estadística deviene   etimológicamente de  la palabra Statistik que significa el arte de gobernar,  y porque además al  autor se le reconocía una importante trayectoria y experiencia en economía y finanzas.  El libro es de difícil lectura,  pero no por la profundidad de sus contenidos y de los análisis,  sino que por la abundancia y los sinnúmeros de  propuestas mayoritariamente insubstanciales  que el texto presenta respecto de variados aspectos de la sociedad chilena.
 
Estos aspectos incluyen el liderazgo, la sociedad y la política, la educación, las desigualdades económicas y la protección social, las relaciones laborales, la política tributaria, potenciales reformas y la modernización del Estado. En lo que el autor escribe respecto de la educación el texto demuestra, a mi modo de ver, una falta de juicio y de visión inexcusable cuando se dice, sin ambages, que se comparte las opiniones y propuestas que ha formulado Don José J. Brunner sobre educación.  Para alguien,  como el que escribe este comentario, y que ha tenido la paciencia y el masoquismo de leer y criticar algunas de las pueriles, ridículas  y a menudo incoherentes obras del Sr. Brunner sobre educación y otros aspectos de la cultura y ver los catastróficos resultados de las políticas impulsadas en ellas,  esta afirmación del texto es sorprendente y alarmante.  Ya que de ella se podría inferir  que los horizontes y la experiencia  sobre educación presentadas en el libro son tan deformadas y limitadas como las del Sr. Brunner y porque sugiere además que en el texto es hasta cierto punto incapaz de distinguir entre la paja y el trigo.  Este irreflexivo juicio al comienzo de la obra arroja un manto de sospecha sobre la potencial sabiduría y la ecuanimidad de sus contenidos,  no sólo acerca de la educación,  sino que también sobre otros aspectos discutidos en ella.
 
La nefasta e inmerecida influencia del trabajo del Sr. Brunner sobre educación en Chile se debe más que a la calidad y a la precisión de sus contenidos, a que ellos  favorecen ciertas posiciones políticas y económicas,  que se benefician con la privatización y el lucro en la educación y los pingues resultados económicos que ello arroja  para algunos individuos.  Así es como se ha terminado con  la creación de un sistema educativo fragmentado, desregulado, ineficiente y monstruoso; sin antecedentes o pares en el mundo, que ayuda a perpetuar la ignorancia y las desigualdades sociales, favoreciendo el enriquecimiento de algunos pocos; entre los cuales por supuesto no están incluidos los profesores.  Sin temor a exagerar, el  Sr. Brunner podría ser calificado por los resultados de su obra en educación,  como A. Pinochet de ésta ultima.  Porque ella condena a verdaderos campos de concentración de la mente, de la imaginación y de la inteligencia a  generaciones de niños y jóvenes chilenos. También sorprende que el texto no se beneficie de la visita del Sr. Boeninger como huésped de los Regentes de la Universidad de California el año 1975. En esa época  el sistema público de Universidades y Colegios del estado de California ofrecía,  prácticamente de forma gratuita una de las mejores y más completas educaciones del mundo. Educación que tenía un impacto positivo en la economía del Estado y un gran efecto democratizante,  y cuyas formas de organización y de financiamiento están  muy lejos de los  inservibles adefesios educacionales postulados por el Sr. Brunner,  y apoyados de manera sorprendente,  tan a la ligera y con tanto brío infundado en esta obra del Sr. Boeninger.
 
En los comentarios acerca del Sr. Boeninger y de esta obra se ha discutido positivamente su agnosticismo y de cómo este no le impidió militar en un partido confesional como la Democracia Cristiana,  afín con la Iglesia Católica.  Sin embargo, un lector de este libro advertirá,  que a pesar del agnosticismo del Sr. Boeninger,  el libro demuestra algunas marcadas tendencias religiosas.  Por ejemplo, en  la obra aparece un nuevo dios, o tal vez una nueva diosa,  a la cual se le rinde en el texto una extraordinaria idolatría y admiración.  Así de esta manera,  en los altares de la diosa globalización y de los dioses menores constituidos por los cuarenta y tantos tratados de libre comercio chilenos,  la obra está dispuesta a sacrificar devota y magnánimamente múltiples aspectos sociales y económicos esenciales de una sociedad moderna.  Incluyendo,  la democracia plena, los derechos individuales y colectivos de los trabajadores a organizarse y a un salario justo, una importante ingerencia y regulación del Estado en políticas nacionales en la salud, la educación, la previsión social  y los servicios públicos y el cuestionamiento democrático de las políticas económicas del Ministerio de Hacienda y del Banco Central.
 
Como era de esperar en una obra con tendencias religiosas esta también nos describe sus supuestas y aterradoras herejías.  Constituidas la mayor parte de ellas por cualquier intento serio de ampliar la democracia y de aumentar la trasparencia en la generación de políticas públicas, especialmente cuando ellas afectan negativamente el bienestar social y económico de la mayoría de la población.  Estos heréticos intentos democratizantes son designados con palabras despectivas tales como politiquería,  ideología y populismo,  entre otras.  En este proceso el autor hace abstracción, de manera asombrosa y ofuscada,  del hecho patente y claro de que su obra está también abonada  con contenidos ideológicos y  es de una politiquería conservadora y decimonónica defensora del status quo y de los privilegios de ciertos grupos. Encubierto todo esto por la aparente generosidad e imparcialidad de un lenguaje supuestamente técnico, coloquial y paternal con apelaciones débiles, vacuas y utópicas al bien común y a la solidaridad.  El lenguaje y los contenidos usados en el texto le dan a este un carácter  aparente de una reprimenda ecuánime y  magnánima.  Sin embargo, en  varias oportunidades los contenidos de el abandonan este tono ilusoriamente neutral y no son ajenos  también al uso de límpidas falacias para sustentar la supuesta validez de sus rancios y antidemocráticos  contenidos.
 
Por ejemplo, como cuando se asegura  remontando todo el conocimiento económico moderno,  y usando prestidigitaciones lógicas que desafían el sentido común, que un impuesto como el IVA  no debiera catalogarse como un impuesto regresivo (p.104).  O como cuando de una manera peregrina, insensible y cruel se nos asegura veladamente que el descontento social y las disputas por  reivindicaciones  económicas  y sociales de los trabajadores son el resultado de la envidia de éstos,  porque alguna gente gana en exceso. Y no el resultado lógico y racional de la pobreza en aumento, de la falta de acceso a servicios básicos y de la carencia de democracia,  en un país en que más del 75% de la población vive con 300 dólares mensuales  o menos (p. 199). Y cuando se nos sugiere de manera ridícula e infantil que con cierta manipulación del índice de desigualdad de Gini haríamos desparecer mágicamente la pobreza en Chile y la protesta social (p. 200). Ya que con esta maniobra. Chile tendría una entrada media anual por persona de un país casi desarrollado.  Cabe preguntarse aquí que otra ficción habríamos encontrado en el texto para explicar el aumento de la pobreza e indigencia experimentadas en Chile en los últimos 3 a 4 años.
 
El  texto abunda en falacias puntuales como las señaladas, pero existen también en el las falacias que lo atraviesan en su totalidad como aquella que señala que el crecimiento económico acelerado es esencial para la desaparición de la pobreza y el mejoramiento de la educación, de la salud y de otros servicios de bien público.  El texto esgrime esta falacia repetidamente para sacrificar en aras del crecimiento económico unilateralmente, la democracia,  los derechos de los trabajadores y el medio ambiente y para sugerir que la pobreza se debe de manera importante sólo a una falta de este crecimiento.  Cuando por ejemplo en el  libro  “Superclass”, * (Farrar, Straus & Giroux, NY,  2008),  el economista estadounidense  David Rothkopf  plantea meridianamente, incluso dando nombres,   que la desigualdad en Chile es mantenida importantemente por una cábala de políticos livianos y timoratos   (Srs. A. Velasco y Lagos Weber entre otros) coludidos con intereses económicos ( Srs. R. Claro, A. Luksic, S. Saieh entre otros)  que se benefician económicamente del status quo.  En el mismo libro “Superclass” también  se señala con sorna que la  manoseada falacia del chorreo económico (trickle down),  a la que la obra del Sr. Boeninger recurre reiterada y disimuladamente en su texto, “no tiene sustento ni en la teoría económica ni en la vida real”, constituyéndose ésta en una entelequia para justificar la pasividad política.  Como lo demostraría ostensiblemente una vez más,  el aumento de la pobreza y de la indigencia que Chile experimentara en estos últimos cuatro años 
 
La pasividad  y la impotencia política son propiciadas falazmente en el texto del Sr. Boeninger cuando repetidamente se solicita a trabajadores y empresarios que en aras de la “gobernalidad y la responsabilidad política”  morigeren el debate político y cultural en defensa de sus intereses. Como si ambas partes estuvieran en igualdad de condiciones, después de los diecisiete años de la dictadura militar y de las censurables  transacciones políticas que el Sr. Boeninger impulsara con los herederos de esta última. Esta mal entendida responsabilidad política del Sr. Boeninger requiere de la abdicación del libre albedrío, de la  renuncia de la responsabilidad personal frente a la realidad y de la mutilación de cualquier actividad individual y colectiva para modificarla.  Además, de la obstrucción a la libre competencia en el mercado de diversas ideas e interpretaciones de esta realidad.  Desgraciadamente, los  llamados a esta  mal entendida responsabilidad traen a la memoria los pronunciamientos del Sr. Henry  Kissinger. Quien justificara la dictadura militar en Chile como resultado, según el, de la irresponsabilidad política de los chilenos, que en ejercicio de sus derechos soberanos, habían elegido al presidente Allende.
           
El  resultado del quietismo y de la impotencia política prescritas en la obra en discusión pudieron apreciarse de manera clara en la amanecida del último 27 de Febrero. Cuando ante las fuerzas implacables de la naturaleza al Gobierno de Chile y a sus líderes civiles y militares se les desapareció, durante excesivas, innecesarias y fatídicas horas,  totalmente el país real, y también su idealizada imagen.  A mi modo de ver, esto fue en parte el resultado del concepto minúsculo e incompetente  de Estado y de las políticas minimalistas e infecundas de participación ciudadana impulsadas por el autor, y durante los veinte años que gobernaron los políticos que se sustentaban de sus ideas.  La contradicción que existe entre la imagen de la modernidad de Chile construida e impulsada por el progresismo y por el libro discutido, y la dura  y sombría realidad, fue ilustrada gráficamente también mejor que mil análisis,  por las fotografías de la Presidente de Chile recibiendo los teléfonos satelitales de manos de la Sra. Clinton.  El teléfono satelital es una invención con más de cincuenta años de historia, y que debía haber sido de uso habitual en Chile por las instituciones de gobierno, civiles y militares. Especialmente, dado la extensión e insularidad del territorio, y su exposición permanente a catástrofes climáticas y sísmicas.  El Sr. Boeninger ha sido llamado el arquitecto de la transición política en Chile y unos de los fundadores de la Concertación.  La lectura de esta obra, de la cual hemos señalados sólo algunos de sus graves limitaciones y falacias conceptuales, nos indican cuan débiles, engañosos, mezquinos,  y carentes de imaginación han sido al parecer los sustentos intelectuales de este conglomerado político. 
 
Esta apreciación, y un análisis político y económico de los 20 años de gobiernos concertacionistas y de sus claras restricciones,  en mejorar de manera importante la realidad material y política de la mayoría de la población del país,  permiten entender en parte la derrota electoral de la Concertación.  Ya que, como Abraham Lincoln  dijo ‘Uno puede engañar a algunas personas todo el tiempo, tal vez uno puede engañar a todo el mundo en algunas oportunidades, pero uno no puede permitirse creer que será posible engañar a todo el mundo todo el tiempo”.  También la lectura del libro permite entender el marasmo de ideas y el futuro incierto de algunos políticos concertacionistas, quienes al parecer siguen encerrados como en una jaula  de hierro,  por las prescripciones estériles, supuestamente democráticas y de impotencia política del  Sr. Boeninger y de otros autoproclamados intelectuales del progresismo. Como puede apreciarse por ejemplo en los pronunciamientos de las llamadas caras jóvenes o renovadas de la “nueva”  Concertación (Sra. Toha, Srs. Enriquez-Ominami,  Lagos Weber,  Rossi).  En cuyos pronunciamientos, la verborrea frívola y la hiperkinesia estacionaria, pretenden disimular en ellos la falta de contenidos políticos serios, realistas, dinámicos, imaginativos  y originales para resolver los problemas de Chile.  Paradojalmente,  la obra en discusión, que comienza lamentándose por la carencia de líderes políticos, de opinión y culturales en el país, contiene a mi modo de ver su propia refutación. Esto último porque será difícil que en Chile surjan nuevos lideres, jóvenes y maduros,  si ellos continúan aceptando los arreglos sociales y económicos deletéreos para la mayoría, justificados de manera tan presuntuosa y desventurada en los contenidos de esta obra.  Y si aceptan además sin crítica y análisis, las nocivas  y deslucidas prescripciones de imposibilidad y de sumisión política presentadas en ella.  Ya que estas adhieren de manera transparente  y tacita, a la fugaz y ya defenestrada tesis conservadora del  fin de la historia y  también a la caduca  fábula y espantapájaros del conservadurismo, acerca de lo nefasto y de lo superfluo de los cambios fundamentales en diversas actividades humanas.
 
* Agradezco a I. Auger la recomendación  para leer la obra  Superclass