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Agosto 18, 2026

Ola desatada de nacionalismo español

 Muchas son las banderas españolas que lucen los balcones de casas, edificios públicos, restaurantes  y locales comerciales.  Sin excepción, en las grandes ciudades capitales de las comunidades autónomas o en los pueblos  más recónditos  se  observa esa misma reacción ante los triunfos conseguidos en un campo de futbol, por los ahora recalificados héroes nacionales. Así lo lleva en contraportada el periódico deportivo de mayor circulación: “La selección española ha conseguido lo que nada ni nadie había logrado antes: unir a todo un país en torno a un sentimiento, a un equipo. Cada balcón de cada calle de cada ciudad de la geografía nacional esta engalanado con la rojigualda…” Todos con la roja.

El patriotismo es un  valor en alza frente a la crisis. Políticos, empresarios, sindicalistas, profesionales de la comunicación, todos  se han reconvertido en forofos de una camiseta y sus atributos. En  los autobuses, el metro, o las terrazas de los chiringuitos,  la conversación gira en torno al éxito de la selección de futbol. Las analogías  sirven para justificar cualquier  estrategia. Los partidos políticos buscan “arrimar el ascua a su sardina”. Rodriguez Zapatero, a la sazón Presidente de gobierno y ministro plenipotenciario de deportes, nombramiento ad-hoc,  se explaya en un artículo de opinión: “…durante decenas y decenas de años hemos vivido decepciones, tristezas, frustraciones e injusticias que impidieron la culminación de nuestro gran anhelo como selección….La furia se ha transformado en una entrega apasionada e inteligente…tenemos una personalidad clara y definida que nos hace más fuertes. Esta selección nos muestra bastante de lo que es y de lo que debe ser nuestro país”. En el extremo opuesto, Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, no pierde comba y declara: “Todos nos sentimos parte de una misma energía colectiva donde se integran de manera armoniosa y fructífera quienes hasta ahora eran rivales enconados…La España que nuestra selección presenta al mundo es joven, moderna, desinhibida y eficaz. Una España moderna que inspira confianza y optimismo…Han demostrado que la furia española es mucho más eficaz cuando va acompañada por la paciencia, la perseverancia y el control. Son un ejemplo impagable..y no sólo en términos deportivos”   La furia española se convierte en la columna vertebral de ambos discursos.

 Es el gran triunfo político de la transición en 2010. Hoy la bandera rojigualda arropa a todos los españoles, sin distinción de credos e ideologías.  Atrás quedan los años donde el deporte rey fue considerado una manera de adormecer  conciencias y desviar la atención de la realidad política, cultural y social vivida en la cotidianidad del franquismo. Represión, torturas, exilio y asesinatos políticos.  El futbol junto a los toros se convirtieron en las dormideras  del régimen.  Así,  los españoles de las emergentes clases medias, provenientes de la industrialización y la tecnocracia del Opus Dei,  pudieron disfrutar de la llamada furia española. España era una, grande y libre. Sólo sus enemigos querrían desprestigiar los años de paz social vividos junto al caudillo. No cabía duda, los ataques formaban parte de la conspiración comunista, judeo-masónica, cuyo fin era  romper la unidad de España en lo Universal.

El futbol ahogaba las penas y las esperanzas de quienes, más allá de su afición, tenían un proyecto de España democrática, pluralista y libertaria. Durante años, en plena clandestinidad, los militantes de izquierda   no exteriorizaban su pasión por el futbol o los colores de un equipo, hacerlo era caer en la trampa del franquismo. En esta lógica, se imputó al régimen fascista la utilización del futbol,   como  medio para acallar las voces de la protesta social y los gritos pidiendo democracia y libertad.  El ejemplo de esta conjunción entre franquismo y futbol lo constituyó, sin duda alguna,   el  Real Madrid, club de futbol. En los años sesenta con  su generación Ye-Ye y sus seis copas de Europa se convirtió en la enseña  del régimen. Era el espejo donde proyectar  el orgullo, la raza, la casta y el tesón,  símbolos de identidad del franquismo cultural. Así nace la  “furia española”. Hoy,  Zapatero y Rajoy, olvidan su origen bastardo y la reivindican como parte de la unidad  de España e idiosincrasia de los españoles. Así lo deja entrever Zapatero en una entrevista: “Este equipo no tiene ideologías partidistas. Este equipo es la España de todos”,  los triunfos de la selección hacen subir “…el producto interior de nuestras emociones, de nuestra confianza, de nuestro orgullo, de saber que podemos afrontar los desafíos de un tiempo difícil. Y además la economía es un estado de ánimo y sin duda este equipo lo mejora”   

 Si con Franco, la política exterior era fiel reflejo de lo que sucedía en los campos de futbol, hoy se mantiene dicha constante. Si durante la dictadura los triunfos del Real Madrid  buscaron  compensar la desilusión por ver rechazadas sus peticiones de incorporación a la Comunidad Económica Europea y la OTAN,  hoy la furia española se transforma: es moderna, dinámica, tolerante e integradora de las diferencias, un ejemplo para los países aliados en un mundo globalizado. Nada mejor  que las palabras del presidente de gobierno,  Zapatero, para corroborar lo dicho: “La selección. Un equipo que simboliza un país plural que quiere convivir en armonía. La felicidad y las emociones de estos días demuestran además que estamos bastante más unidos de lo que afirman algunos fatalistas…. España como país debe jugar…con creatividad, talento, compañerismo, espíritu de equipo y máximo esfuerzo”. La síntesis de tanta furia española  es una  visión patriotera y chovinista. España se ha quedado sin rivales en tenis, baloncesto, ciclismo, motos, formula uno, gimnasia rítmica y de paso en democracia y gobernabilidad. Para poner la guinda en el pastel, la Casa Real absorbe los triunfos deportivos como suyos. Así,  otorga los premios Cervantes del deporte  a Nadal, Alonso, Sánchez Vicario, etc. El gobierno encantado.  La reina y los príncipes se convierten en los abanderados de la “roja”. Eso sí, los gastos a costa del contribuyente.  En tiempos de crisis, el entrenador de la selección, gana dos millones doscientos mil euros netos al año. Y los jugadores, solo por ser convocados al mundial, exceden los trescientos mil euros, sin sumar regalías y publicidad. Así, para evitar males mayores, los seiscientos mil euros que  obtendrá cada jugador en caso de victoria, será, según dicen algunos, no todos,  donados a ONGs. Un detalle altruista que desgrava en hacienda. Un record de la obscenidad.

En esta  perspectiva, como en los viejos tiempos del franquismo,  ha pasado casi inadvertido,  el millón de personas que se han manifestado en Cataluña, contra la sentencia del Tribunal Constitucional que ha cercenado el nuevo Estatuto aprobado en referéndum. Asimismo, encubre la privatización de la sanidad, el recorte de los derechos sindicales, el aumento de desigualdades y la edad de jubilación., por esta razón está justificado gritar:  ¡¡viva la furia española y la madre que le parió!!