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La derecha, que en las elecciones parlamentarias del año pasado le quitó la mayoría en ambas cámaras al gobierno y a sus aliados, y esperó construir una aplanadora en el Congreso para ir preparando un golpe de Estado institucional que acorralase a la presidenta Cristina Fernández, la desestabilizase, como hizo la democracia cristiana en Chile con Salvador Allende, y eventualmente la obligase a renunciar, está recogiendo decepción tras decepción, en parte debido a las iniciativas gubernamentales, en parte por los efectos de la crisis internacional sobre la economía argentina.
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Para muestra basta un botón: la cosecha gruesa en la provincia de Córdoba rindió 22.2 millones de toneladas de granos (el récord nacional había sido 23.8 en el ciclo 2007-2008) por un valor de casi 7 mil millones de dólares, casi mil millones más que en la cosecha anterior. Eso significa que los pequeños propietarios que rentan sus tierras y se han ido a las ciudades seguirán comprándose autos de lujo y departamentos. Córdoba es sólo una de las provincias cerealeras, y no la más grande, pues Buenos Aires y Santa Fe son aún más ricas. Esa prosperidad impulsa la producción de maquinaria e insumos, da trabajo en pueblos y ciudades, aumenta el consumo interno… y otorga divisas para la política distributiva del gobierno en este periodo prelectoral, al mismo tiempo que les quita combatientes posibles a los líderes sociales de la derecha en el campo (o sea, a los fideicomisos soyeros, a los terratenientes de la Sociedad Rural Argentina, a sus agentes reaccionarios en la Federación Agraria, todos ellos constituyentes del bloque social y económico de la derecha política). Ahora bien, a menos que China entre en una profunda crisis y deje de comprar forrajes argentinos y de que Brasil se hunda y no compre más autos, el viento sopla a favor de los Kirchner. Hasta se podría decir que menos mal…
Para colmo, la derecha le apostó a la crisis, a la desocupación y al hambre, esperando que desgastasen al gobierno. Pero, a diferencia de otros países, hasta ahora la crisis no afectó demasiado al país, donde la desocupación disminuye, los salarios reales se mantienen o aumentan, la producción industrial, la construcción de viviendas de lujo o de segunda habitación y las obras públicas van viento en popa y la producción de autos, para exportar a Brasil, bate récords históricos. Por si eso fuera poco, acabada la sequía, se obtuvieron cosechas extraordinarias (y exportaciones sin precedentes, sobre todo a China), de modo que la reserva de divisas supera los 50 mil millones de dólares (no obstante la repatriación de buena parte de la deuda, pagándola con ellas) y el Estado tiene ingresos enormes en las recaudaciones y en la balanza de pagos a pesar del aumento de las importaciones.
Para colmo, la derecha le apostó a la crisis, a la desocupación y al hambre, esperando que desgastasen al gobierno. Pero, a diferencia de otros países, hasta ahora la crisis no afectó demasiado al país, donde la desocupación disminuye, los salarios reales se mantienen o aumentan, la producción industrial, la construcción de viviendas de lujo o de segunda habitación y las obras públicas van viento en popa y la producción de autos, para exportar a Brasil, bate récords históricos. Por si eso fuera poco, acabada la sequía, se obtuvieron cosechas extraordinarias (y exportaciones sin precedentes, sobre todo a China), de modo que la reserva de divisas supera los 50 mil millones de dólares (no obstante la repatriación de buena parte de la deuda, pagándola con ellas) y el Estado tiene ingresos enormes en las recaudaciones y en la balanza de pagos a pesar del aumento de las importaciones.
Para colmo, la derecha le apostó a la crisis, a la desocupación y al hambre, esperando que desgastasen al gobierno. Pero, a diferencia de otros países, hasta ahora la crisis no afectó demasiado al país, donde la desocupación disminuye, los salarios reales se mantienen o aumentan, la producción industrial, la construcción de viviendas de lujo o de segunda habitación y las obras públicas van viento en popa y la producción de autos, para exportar a Brasil, bate récords históricos. Por si eso fuera poco, acabada la sequía, se obtuvieron cosechas extraordinarias (y exportaciones sin precedentes, sobre todo a China), de modo que la reserva de divisas supera los 50 mil millones de dólares (no obstante la repatriación de buena parte de la deuda, pagándola con ellas) y el Estado tiene ingresos enormes en las recaudaciones y en la balanza de pagos a pesar del aumento de las importaciones.
