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Agosto 18, 2026

Puro salto y pedo

Sebastián Piñera se asemeja a un personaje de tiras cómicas que publicaba El Mercurio, en mis años mozos, que se llamaba El reyecito; este personaje miraba la realidad desde su punto de vista y, por supuesto, cargado de altas dosis de narcisismo.

Los tres tenores de la derecha mundial, Nicolás Sarkozy, Silvio Berlusconi y, ahora, Sebastián Piñera en conjunto están practicando una categoría que podríamos llamar “de espectáculo”: en este caso, lo que interesa es no perder, por ningún motivo, el monopolio de la pantalla de televisión – no en vano Berlusconi y Piñera son dueños de sendos canales y de clubes deportivos -.

El síndrome de la farándula, en estos tres casos, es completamente incontrarrestable. Si por azar cualquiera de estos presidentes símbolos dejaran de aparecer en pantalla y se dedicaran a trabajar se les produciría una depresión tan profunda que, seguramente, exigiría tratamiento psiquiátrico de urgencia. Esta es una forma de gobernar que, en términos populares, podríamos denominar de puro “salto y pedo”.

El espectáculo no ha dado, a ninguno de los tres, el rendimiento esperado: Sarkozy tiene menos del 30% de apoyo ciudadano en las encuestas de opinión y el “cabalieri”, una cifra similar; Sebastián Piñera apenas logra un 52%, el mismo porcentaje de votos obtenidos en la elección presidencial y el peor de los presidentes de la “transacción”.

Si pudiéramos caracterizar estos primeros meses del gobierno de Piñera, el elemento central se ubica en un activismo permanente; el presidente corresponde, perfectamente, a  su sobrenombre “la locomotora”: un día prepara tallarines a los terremoteados, otro, visita el lugar de concentración de la selección, en Pinto Durán, desplegando un discurso mete pata – tratando a los futbolistas por su sobrenombre y, sobretodo al serio y sesudo y reconcentrado Marcelo Bielsa, a quien llamó “el loco”; en cada espectáculo, como aquellos tenores novatos, pareciera que anduviera buscando no los aplausos, sino el abucheo del público que, por muy ignorante que parezca, tiene el buen sentido de distinguir entre los buenos y malos espectáculos – los ciudadanos no se dejan pasar, tan fácilmente, “gato por liebre”.

El drama del presidente y su gabinete es que está rodeado es que cada uno de ellos está dominado por los conflictos de interés – Su Excelencia no ha podido o no ha querido, que para el caso es lo mismo, desprenderse de ChileVisión y de Colo Colo; el jefe de Chile Deportes es, a su vez, uno de los principales accionistas del Club Albo; el superintendente de Isapres era fiscal de una de ellas y, así, suma y sigue. En este gobierno no hay ninguna separación entre lo privado y lo público: Chile es una gran empresa y sus ciudadanos, clientes y proveedores; los únicos que no existen en este marasmo  son las personas y su dignidad, como si en Chile se realizara la peor de las anti utopías contemporáneas: los fenicios contemporáneos son sólo cultores de “mamón”.

Con una política tan miserable y un panorama tan triste, sólo va quedando la estulticia de celebrar triunfos que no son tales – Chile apenas le ganó a Suiza y a Honduras y llegó al mismo lugar, en el mundial, que otrora lo llevara Nelson Acosta- y anunciar propuestas que nunca se van a llevar a cabo, como aquella de llegar a un millón de empleos o equipararnos con Portugal hacia el año 2018, lo que equivale a puros saltos y pedos, y levantar el orgullo en base a falsas promesas que, finalmente, se convertirán en “desesperanzas aprendidas”.

El pobre “reyecito” de nuestra historia no puede dormir pensando en la mano que le negó Marcelo Bielsa que, espero, no sea a causa del invento del genial imitador Kramer. Son tan  mediocres nuestros políticos actuales que no sería nada raro que Marcelo Bielsa se convierta en el líder de la oposición a Piñera; dentro de sus pesadillas también se imagina que la sirena Michelle Bachelet, con su dulce voz, sigue conduciendo el barco de su gobierno a los arrecifes como aquel de odiseo

La verdad es que toda esta situación de puro espectáculo y saltos y pedos demuestra, una vez más, que derecha chilena es incapaz de gobernar democráticamente y que, al corto tiempo, estos gobiernos personalistas, bonapartistas, terminan en la completa debacle; si usted quiere encontrar similitudes en la historia con respecto al actual gobierno, debe recurrir a Carlos Ibáñez del Campo y a Jorge Alessandri: doce desastrosos años de gobiernos personalistas en nuestra historia.

Rafael Luís Gumucio Rivas
05/07/10