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En Internet circula profusamente parte de un secretísimo informe preparado por un tal Anatoly Sagalevich, del Instituto de Oceanología Shirshov, de Rusia, quien ya lo hizo llegar al señor Vladimir Putin. En él se afirma que el fondo marino del Golfo de México está fracturado irreparablemente al quedar fuera de control el pozo petrolero que explotaba la British Petroleum.
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En cambio, aunque Álex pasó a 400 kilómetros de Cancún, y sin fuerza extrema, las playas reconstruidas perdieron entre tres y cinco metros. En Playa del Carmen, tres; la lluvia causó inundaciones en las ciudades costeras del golfo, que mostraron, de nuevo, la fragilidad de las áreas donde viven los pobres, que son la mayoría, y de los sistemas de drenaje. Aunque se nos dice que avanzamos en la tarea de prevenir los desastres naturales y remediar sus efectos, en Nuevo León y Tamaulipas autoridades y población fueron los últimos en enterarse de que Álex era un peligro, pese a ser apenas una tormenta tropical. El recuento de los daños no termina. Son enormes, aunque las autoridades de esas dos entidades dijeran inicialmente que tenían todo bajo control.
En cambio, y pese a tantos anuncios oficiales, de lo que sí estoy seguro es que México no está preparado para detener en sus aguas nacionales y costas la mancha de petróleo, en caso de que llegue en agosto o noviembre, dependiendo de los huracanes y las corrientes marinas. Tampoco lo está el poderoso vecino, que lucha ahora por limpiar las islas y la costa afectadas los días recientes por más arribo de crudo debido al oleaje ocasionado por , la primera y temprana tormenta-huracán formada en el Atlántico. Y es que en nuestros seis estados costeros del golfo brilla por su ausencia la estrategia para enfrentar los efectos del derrame. Los centros de investigación carecen de recursos para desarrollar los estudios básicos necesarios en estos casos. Un ejemplo: la sede que el prestigioso Centro de Estudios Avanzados del Politécnico Nacional tiene en Mérida no consigue el dinero para medir el posible impacto del petróleo en la península de Yucatán.
En cambio, y pese a tantos anuncios oficiales, de lo que sí estoy seguro es que México no está preparado para detener en sus aguas nacionales y costas la mancha de petróleo, en caso de que llegue en agosto o noviembre, dependiendo de los huracanes y las corrientes marinas. Tampoco lo está el poderoso vecino, que lucha ahora por limpiar las islas y la costa afectadas los días recientes por más arribo de crudo debido al oleaje ocasionado por , la primera y temprana tormenta-huracán formada en el Atlántico. Y es que en nuestros seis estados costeros del golfo brilla por su ausencia la estrategia para enfrentar los efectos del derrame. Los centros de investigación carecen de recursos para desarrollar los estudios básicos necesarios en estos casos. Un ejemplo: la sede que el prestigioso Centro de Estudios Avanzados del Politécnico Nacional tiene en Mérida no consigue el dinero para medir el posible impacto del petróleo en la península de Yucatán.
En cambio, y pese a tantos anuncios oficiales, de lo que sí estoy seguro es que México no está preparado para detener en sus aguas nacionales y costas la mancha de petróleo, en caso de que llegue en agosto o noviembre, dependiendo de los huracanes y las corrientes marinas. Tampoco lo está el poderoso vecino, que lucha ahora por limpiar las islas y la costa afectadas los días recientes por más arribo de crudo debido al oleaje ocasionado por , la primera y temprana tormenta-huracán formada en el Atlántico. Y es que en nuestros seis estados costeros del golfo brilla por su ausencia la estrategia para enfrentar los efectos del derrame. Los centros de investigación carecen de recursos para desarrollar los estudios básicos necesarios en estos casos. Un ejemplo: la sede que el prestigioso Centro de Estudios Avanzados del Politécnico Nacional tiene en Mérida no consigue el dinero para medir el posible impacto del petróleo en la península de Yucatán.
