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Agosto 18, 2026

La Esquina

 Venía de pagar algunos diezmos: el teléfono que te lo cortan en nombre de San Expedito y la señal de Internet, que cada vez se parece + a una especie de carnet de identidad inalámbrico.

Entonces apareció su amigo Javier Maldonado que no dudó en saludar pero se quedó parado en la equina aguardando de que levantara la mirada del suelo.

   Actor y lector permanente, de grata sonrisa tras bigotes ya semiblancos como los de Charly García y gordo y feliz como su amigo Raoul Ruíz.

   Gusto de verte, mira vengo llegando de México. Tengo un hijo en DF.

DOS

 Bueno y pongamos que el capitán Suárez pasara con cuatro camiones hacia Estados Unidos y luego de vuelta a unos galpones donde le esperan los del cartel de los zopilotes.

Maldonado me hablaba a mí pero también a un señor con casco metido en la vereda, como los que soplan en las obras de teatro.
También de bigote y bueno para conversar en una esquina.

A ratos se hablaba a sí mismo y a una pareja de jóvenes que se pusieron piola, agazapados al aguaite del chileno.
 Detrás de Maldonado.

Enarbolando un libro sobre un situacionista francés que RR desde su punto de vista les decía a Maldonado que ya se había sentado en una silla que le prestara una señorita de Salco Brand.

 Una esquina soleada después de un frío invierno y la peste hin1 había quedado rápidamente atrás porque el ojolector ahora recuerda esa esquina con Pacheco y Maldonado conversando un poco ajenos al mundo y con el señor que parecía soplador de teatro les miraba con agrado por lo insólito para él que ya llevaba dos días arreglando los claves, esos nervios frágiles de las ciudades y por cierto la esquina que nos atañe.

Maldonado parecía mayor a ratos. Le mostraba un libro de un tal Guy del París del 1968.
-Un situacionista.

-Como nosotros dijo sorpresivamente el hombre del casco.

TRES

A Pacheco a ratos le parecía que todos hubieran salido a tomar sol al patio.

Como si hubieran estado varios días en sus casas o depas y de pronto hubieran dicho voy a comprar las marraquetas del día.

Maldonado le había preguntado a la pasada por la hermana.

Pacheco sobre que las gotas sintientes en esa esquina con sombras y movimiento de personas por una de las veredas del puerto de Constantine.

A veces segundos de silencio y uno enciende un Nevada y el otro mira a una señora con un perro y a dos avestruces que se quedaron mirando lo que sucedía en la esquina.

La señorita de Salco Brand había visto o reconoció a Maldonado en Palomita Blanca yo ví esa película le dijo mientras RR conversaba sobre el hielo en una película de WH.

Dos personas en una esquina y detrás de cada uno de ellos sus sombras alegres del viejo arte de la conversación.

TRES Y MEDIO

Y el hombre que nos miraba desde debajo de la vereda le gustó eso que comentó Maldonado sobre que se parecía a los que soplaban los textos en las viejas obras de teatro.

Como si hubiera descubierto un papel que no conocía el hombre les preguntó por el próximo temblor.

 Entonces Maldonado le dijo que el mejor papel de su carrera de actor era el de perdedor.

No me estará hueveando le dijo el hombre que se había quedado mudo porque el otro parado en la vereda le había dicho lo mismo.

   Pese al terremoto la situación de la esquina se había vuelto mucho más excitante,delirante por el hombre que parecía de los que soplaban los textos a los actores de teatro.

Por Quintero y Kon Kon nuevamente las gasolineras llenas de gentes.

El lector nuevamente escriviviendo. Arriba de un bus en una cola enorme para entrar a los altos de Viña.

Cuatro temblores al hilo.

Maldonado se despertó a la tercera réplica.

El lector quería dar por terminado el cuento por cosa de la naturaleza inestable de su mente y de la realidad de este país colgante.

Cada vez que había un telúrico de esa extensión de tiempo y territorio el día se acortaba unas décimas y la tierra se quejaba cual clavo en la mano del rezador.

Decidieron bajar por el agujero aceptando la invitación del obrero que parecía soplador de teatro.

Pero el lector no quiso bajar y enrumbó hacia el taller “Palabras de La Boca”.

Allí debía leer la tarea y escuchar los haikus de Legov y la novela Valdivia de la dama Pile y se volvió a cortar la luz.

Jordi Lloret