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Agosto 18, 2026

Colombia: elecciones presidenciales, primera vuelta

El fin de los partidos tradicionales. Las elecciones del 30 de mayo recién pasado marcan, claramente, la tendencia mayoritaria de apoyo a la derecha uribista. Si sumamos los porcentajes de Juan Manuel Santos, (46,57%) y de Vargas Lleras (10,14%), el partido de gobierno obtendría un 57% ganando, fácilmente, en la primera vuelta.  

La dispersión dificultó que la herencia de apoyo a Álvaro Uribe fuera traspasa completamente a su delfín. El gran chivo expiatorio de esta elección en particular son los errores de las encuestas: todas ellas anunciaban lo que se llama un empate técnico entre Juan  Manuel Santos y Antanas  Mockus, es decir, la diferencia entre ellos era menor que el margen de error de las encuestas. El resultado marcó una fosa enorme entre estos candidatos.
 
      Los encuestadores se justifican sosteniendo que sus últimos sondeos fueron realizados una semana antes de la elección y que, en ese corto período, Antanas Mockus cometió una serie de errores en los foros televisivos, que le hicieron perder la mitad de su base de apoyo; por otro lado, el electorado colombiano, bastante conservador, al final terminó votando por  Juan Manuel Santos ante el temor al salto al vacío que representaba para ellos el profesor  Antanas Mockus.
 
            La izquierda colombiana siguió marcando una decadencia y pérdida de apoyo popular: el candidato Gustavo Petro, que tuvo una actuación brillante en los foros televisivos, como también una buena votación en la Costa Atlántica, sólo obtuvo el 9,18% de los votos, lo que le valió el cuarto lugar en las elecciones; si comparamos esta votación con el 22,2% obtenido por Carlos  Gaviria en las elecciones presidenciales de 2006, comprobaremos cómo el Polo Democrático ha dejado de ser una alternativa de izquierda frente al predominio de la derecha. Desde esa fecha el Polo Democrático no es un conglomerado alternativo, sino sólo una parte, bastante minoritaria, del sistema político colombiano. En las elecciones parlamentarias de marzo de 2010, el Polo obtuvo un 7,6% bajando, considerablemente, el número de representantes al Parlamento.
 
            El Partido Liberal, cuya historia se remonta hasta los tiempos de Francisco de Paula Santander (opositor a Simón Bolívar), y que junto al Partido Conservador se han alternado en el poder durante los doscientos años de la historia de Colombia, hoy se encuentra a punto de la extinción – aunque es cierto que la agonía de los partidos políticos es mucho más larga que  la de los individuos-. Los liberales obtuvieron 11,83% con Horacio Serpa, bajando con Rafael Pardo a un 6,14% en esta última elección. Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos pertenecieron al Partido Liberal, por consiguiente, un importante sector del liberalismo ya había formado parte de las filas del partido de gobierno. Ser partido de oposición en regímenes presidencialistas es una tarea titánica – ya lo estamos viviendo en los partidos de la Concertación, en Chile-, sin los cargos fiscales, los partidos languidecen; el liberalismo en Colombia sólo puede vivir del recuerdo de su pasado glorioso.
 
            El otro partido histórico, el Conservador, cuyas raíces vienen del libertador Simón Bolívar, está en franca decadencia: los conservadores, en 2006 apoyaron a Uribe y, en las elecciones parlamentarias de marzo de 2010 obtuvieron un 20,6%, lo que no es una mala cifra si consideramos que este partido se independizaba del uribismo. La candidata Noemí Sanín obtuvo, apenas, un 6,14 %, -una pésima votación que sólo se explica por la emigración de gran parte de los conservadores hacia el candidato del partido de la U, Juan Manual Santos- la única manera  de subsistir sería fusionándose con el conglomerado de los uribistas o formar parte del gobierno de Santos y sobrevivir parasitariamente.
 
            El Polo Democrático, el Partido Liberal y el Partido Conservador son los grandes derrotados en estas elecciones y confirman la tendencia latinoamericana a la paulatina desaparición de los partidos políticos tradicionales. Es evidente que este desplome no ocurre de la noche a la mañana – incluso podremos visualizar algunas resurrecciones, como el caso del PRI mexicano, o pervivencias a pesar del rechazo ciudadano, como ocurre con Blancos y Colorados, en Uruguay; con los Colorados, en Paraguay, o con los partidos chilenos surgidos de la socialdemocracia y del socialcristianismo-.
 
            El fenómeno Mockus, si lo comparamos con los resultados de las últimas encuestas, pareciera que se hubiera desinflado, sin embargo, la manera científica de compararlo es en base ala votación de este candidato en las presidenciales de 2006, en que apenas obtuvo 1,2% de los sufragios, o más próximamente, en las parlamentarias del mes de marzo de 2010, en las cuales el Partido Verde obtuvo tres diputados. La candidatura de Mockus tenía su eje en líderes como Sergio  Fajardo, ex alcalde de Medellín, y los ex alcaldes de Bogotá,   Enrique Peñaloza y Luís Garzón, rivales en las primarias, previas a la elección presidencial.
 
            Antanas Mockus tuvo la habilidad de centrar su discurso en la lucha contra la corrupción – muy arraigada en Colombia- el respeto a la legalidad y la transformación del país en base a la educación. Desarrolló una campaña Educativa  ubicándose como un profesor que repetía, permanentemente, la lección s a sus alumnos. Es cierto que esta pedagogía original y bastante creativa no logró penetrar suficientemente en el electorado para haber ganado la primera vuelta, sin embargo, el Partido Verde y su candidato han logrado atraer la voluntad de tres millones de colombianos – 21,5% del electorado, un porcentaje muy similar al de Marco Enríquez-Ominami, en Chile-.
 
            Es evidente que los grandes problemas de Colombia continuarán con el casi seguro triunfo de Juan Manuel Santos, en la segunda vuelta: el crimen de los “falsos positivos” quedará en la completa impunidad, la guerrilla continuará atacando y raptando gente inocente, los paramilitares y la parapolítica seguirán funcionando… Colombia es uno de los países donde hay más injusticia social y donde la brecha entre ricos y pobres es tan escandalosa como en Chile. Por mucho que llame a la unidad nacional el candidato del uribismo, da la impresión de que sus buenas intenciones se quedarán sólo en eso y, en lo internacional, Colombia se alineará con los países que tienen gobiernos de derecha.
 
Rafael Luís Gumucio Rivas
31/05/10