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Estamos ante algo realmente sorprendente. Se trata, sin duda, de uno de los mayores logros del conocimiento humano, que nos remite a los sueños de los antiguos alquimistas. Se ha conseguido, por primera vez, crear una célula cuyas funciones están controladas por un genoma producido artificialmente. Este descubrimiento marca el comienzo de una nueva era en la biología, y tiene importantes implicaciones científicas y filosóficas.
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El ADN recién ensamblado se trasplantó a una bacteria diferente, llamada Mycoplasma capricolum. En el proceso de trasplante, el genoma de la bacteria receptora fue completamente remplazado por el ADN creado artificialmente. Las células creadas de esta forma muestran la capacidad de autorreplicarse, es decir, se reproducen formando colonias. Su forma, evaluada a través de la microscopía electrónica, es parecida a la de la bacteria M. mycoides. Pero no sólo eso: hay un cambio en el tipo de proteínas que se producen en las nuevas células, proceso que es ahora guiado por el ADN sintético: La progenie, o sea, las células hijas, no contienen ninguna de las moléculas proteicas presentes originalmente en la bacteria receptora (M. capricolum).
Estos resultados nos dejan atónitos y a la vez maravillados. De confirmarse, estaríamos ante una nueva revolución en la ciencia, en particular en la biología. Se estaría abriendo una puerta que nos conduciría a nuevas dimensiones para comprender en detalle los procesos de la vida, así como a aplicaciones potenciales en los campos de la salud, la energía o el medio ambiente. Pero también, como todo conocimiento, lleva aparejados nuevos desafíos, por sus implicaciones éticas y sociales. Algunos se preguntan si estos resultados significan que nuestra especie ha logrado crear nuevas formas de vida. No lo sé, pero lo que sí es seguro es que al menos se ha logrado crear una nueva subespecie, que antes de estos experimentos no existía (el ADN creado tiene diferencias en 19 sitios respecto del genoma original de M. mycoides).
Como la antigua alquimia que empleaba azufre, sal y mercurio para transmutar los metales, ahora los nuevos alquimistas ensamblan las letras (A, C, T y G) para crear células sintéticas. Según la leyenda, en la Edad Media y el Renacimiento los magos y protoquímicos buscaban crear con sus procedimientos el Oro (con mayúscula) a partir de metales imperfectos. En el camino creaban homúnculos y panaceas, pero su meta no era la forma metálica del oro, sino su sentido filosófico, cuyo significado más profundo era aproximarse a Dios.
