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Todos los hombres que roban lo hacen por destruir la felicidad de su víctima. Algunas pobres madres han empeñado el alma y, en cuanto sube a la metro, le roban sus pesitos que le servían para comprar el remedio a su guaguita tan enferma o para parar la olla tan chica y de familia numerosa.
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Sabemos que en Chile todos pueden ser héroes, pero, temen a las represalias, al cañón humeante de un desesperado que busca ser detenido de la misma forma con la que actúa.
Llamar a los ladrones que respeten a los débiles es como reconocerlos, aceptarlos, sindicalizarlos en el hampa.
La delincuencia se explota en los medios políticos… Todos se declaran los “Chapulines” pero al lograr su sillita en el parlamento no hay más tiempo para ocuparse de problemas tan rascas.
( ¿Qué dicen los indicadores del Gobierno? Las denuncias de delito con mayor connotación social –homicidios, violaciones, robos con violencia y robos con fuerza- han crecido en los últimos 10 años un 166%. El año pasado se cometieron 4 millones de delitos, hubo 500.000 denuncias e ingresaron 1,1 millón de casos al Ministerio Público, lo cual significa un 14%. de incremento respecto del año anterior. Fuente: archivochile.com)
Pero, no podemos hablar sola de ladrones rascas… tenemos aquellos que corrompen, que evaden los impuestos, que viven a costa del Estado trabajando dentro del Estado. Si hablamos de la evasión de capitales nos caemos de espalda. Es complicado el tejido de la delincuencia chilena. Se parte desde los evasores capitalistas para terminar con el pobre vendedor de pescados fritos en la Vega.
Combatir y condenar… no basta. Se debe extirpar de la mente el cáncer de la sinvergüencería. Un gobierno que logre trabajar gratis para un Estado, pues, será capaz de entregar a Chile y sus generaciones una esperanza de trabajo y una “República Moderna, solidaria, honrada y futurista.
Godosky
