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La Escuela Municipal E-78, Edmundo de Amicis, localizada en Erasmo Escala 2767, comuna de Santiago, fue fundada hace 60 años y desde siempre ha acogido a estudiantes con discapacidad intelectual, autistas y con síndrome de Down.
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Sus profesores se titularon en la universidad como educadores diferenciales y en la actualidad esa escuela tiene una matrícula de 170 alumnos, los que mayoritariamente (37%) viven en la comuna de Santiago, teniéndose en cuenta que existen otras 3 escuelas similares en esa comuna. Dicho sea de paso, en las comunas adyacentes a la anterior no hay este tipo de establecimientos municipales.
En esa comuna existían hasta el año 2004 el doble de este tipo de escuelas, es decir 8, las que, paulatinamente, han sido cerradas y en casos fusionadas con diferentes argumentos, trasladándose a sus vulnerables alumnos a escuelas comunes, lo que ha significado que esos estudiantes se han debido adaptar a proyectos educativos para los cuales ellos no estaban preparados y es más, tuvieron que incorporarse en realidades sociales distintas.
Ahora bien, con ocasión del terremoto del 27 de febrero pasado, la Escuela E-78 sufrió algunos deterioros en sus paredes de adobe y ladrillos, daños de menor cuantía respecto de los ocasionados en otros colegios y/o construcciones del sector. Coherente con la política municipal de reducir gastos y aprovechando la situación puntual derivada del movimiento telúrico, se concibió al interior del municipio la “genial” idea de cerrar esta escuela y trasladar a sus alumnos a la Escuela Municipal F-86, Juan Sandoval Carrasco, situada en Lord Cochrane 1819, cuyos alumnos presentan características de deficiencia mental y síndrome de down, como observamos, particularidades en cierta medida distintas a las que tienen los alumnos de la Escuela que nos preocupa.
Inmediatamente después del terremoto, el lunes 1º de marzo, visitaron la Escuela E-78 un par de arquitectos municipales, quienes realizaron una inspección técnica en el inmueble y en días siguientes se colocó en el frontis de la escuela un llamativo pendón con lectura “las clases se inician el 5 de abril en este mismo establecimiento”. Esta forma de comunicación con los apoderamos se utilizó en todos los establecimientos educaciones de la comuna de Santiago.
Pero, ¡oh sorpresa! el 30 de marzo entra en escena la Directora de Educación Municipal, quien, muy suelta de cuerpo, informa a la comunidad de esa escuela que los alumnos serían trasladados a la otra escuela ya reseñada, porque la edificación tenía daños estructurales (sic). Esa funcionaria fue un tanto desprolija, porque en la oportunidad en que comunicaba a los apoderados su decisión de traslado, el aludido pendón permanecía instalado, lo que produjo desconcierto en algunos y burlas en otros.
Como consecuencia del intríngulis provocado por la funcionaria, los apoderados con justa razón obedecieron el mensaje oficial plasmado, con llamativa impresión, en el pendón municipal y llevaron a sus hijos a clases el día lunes 5 de abril, día que se conmemora el glorioso abrazo entre San Martín y O”Higgins en los llanos de Maipú.
Los niños y jóvenes estudiantes asistieron normalmente a clases entre el lunes 5 y el miércoles 7 de abril, pero a las 11,00 hrs. de este día, abruptamente se interrumpieron las actividades docentes porque se hizo presente en la escuela otra funcionaria, quien retirando el clarificador pendón, impartió enérgicas instrucciones en orden a que la escuela no podía seguir funcionando por los presuntos daños estructurales que tendría. Para formalizar el necesario cierre de la escuela, se tramitó con extrema urgencia un decreto alcaldicio firmado el 9 de abril por la alcaldesa interina, en donde se declaró el inmediato desalojo de los alumnos, profesores y administrativos de la escuela, con lo cual todo el procedimiento fue muy “legal”.
Pero el Centro de Padres y Apoderados de la escuela, consciente de sus derechos y decepcionados por el desaprensivo comportamiento municipal iniciaron acciones para recuperar el establecimiento, teniendo en su poder los dirigentes del mismo, 2 informes técnicos de expertos en estructuras que contradecían abiertamente los planteamientos de la municipalidad. Conocedor del impasse que se vivía, tomamos contacto con el Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Arcis, vecina de la escuela clausurada, solicitándole su asistencia profesional para que evaluara los hipotéticos daños que hizo valer el municipio para determinar su cierre.
Esa universidad no pudo hacer nada y para cumplir con las formalidades de rigor, el Concejo Municipal de Santiago, en una atildada sesión del 14 de abril acordó fusionar las Escuelas E-78, Edmundo de Amicis y F-86, Juan Sandoval Carrasco, con lo cual se produjo lo que se buscaba, es decir, reducir costos de mantención, criterio economicista que rechazamos de plano.
Pero a los ideólogos del mercantilismo les salió el tiro por la culata, debido a que se mantienen en su integridad las plantas docentes y administrativas de ambas escuelas y sólo un mínimo de alumnos de la “terremoteada” Escuela E-78 se han matriculado en la F-86, lo que se traduce en un descenso significativo de los ingresos por concepto de subvención que otorga el Ministerio de Educación. Ergo, se mantiene el costo fijo, bajan los ingresos por asistencia media mensual de alumnos y por lo tanto crece el déficit estructural que curiosamente se pretendió reducir con el desalojo.
En razón a que los alumnos de la Escuela E-78 tienen que volver pronto a su casa de estudios especiales, quisiéramos que Lavín, flamante ministro de Educación y ex alcalde de Santiago, conocedor de la realidad educacional de esa comuna y experto en números, hable con Zalaquett para resolver el conflicto, tal como se lo manifesté a sus asesores en una pasada reunión sostenida en ese ministerio.
Patricio Herman
Fundación “Defendamos la Ciudad”
En esa comuna existían hasta el año 2004 el doble de este tipo de escuelas, es decir 8, las que, paulatinamente, han sido cerradas y en casos fusionadas con diferentes argumentos, trasladándose a sus vulnerables alumnos a escuelas comunes, lo que ha significado que esos estudiantes se han debido adaptar a proyectos educativos para los cuales ellos no estaban preparados y es más, tuvieron que incorporarse en realidades sociales distintas.
Ahora bien, con ocasión del terremoto del 27 de febrero pasado, la Escuela E-78 sufrió algunos deterioros en sus paredes de adobe y ladrillos, daños de menor cuantía respecto de los ocasionados en otros colegios y/o construcciones del sector. Coherente con la política municipal de reducir gastos y aprovechando la situación puntual derivada del movimiento telúrico, se concibió al interior del municipio la “genial” idea de cerrar esta escuela y trasladar a sus alumnos a la Escuela Municipal F-86, Juan Sandoval Carrasco, situada en Lord Cochrane 1819, cuyos alumnos presentan características de deficiencia mental y síndrome de down, como observamos, particularidades en cierta medida distintas a las que tienen los alumnos de la Escuela que nos preocupa.
Inmediatamente después del terremoto, el lunes 1º de marzo, visitaron la Escuela E-78 un par de arquitectos municipales, quienes realizaron una inspección técnica en el inmueble y en días siguientes se colocó en el frontis de la escuela un llamativo pendón con lectura “las clases se inician el 5 de abril en este mismo establecimiento”. Esta forma de comunicación con los apoderamos se utilizó en todos los establecimientos educaciones de la comuna de Santiago.
Pero, ¡oh sorpresa! el 30 de marzo entra en escena la Directora de Educación Municipal, quien, muy suelta de cuerpo, informa a la comunidad de esa escuela que los alumnos serían trasladados a la otra escuela ya reseñada, porque la edificación tenía daños estructurales (sic). Esa funcionaria fue un tanto desprolija, porque en la oportunidad en que comunicaba a los apoderados su decisión de traslado, el aludido pendón permanecía instalado, lo que produjo desconcierto en algunos y burlas en otros.
Como consecuencia del intríngulis provocado por la funcionaria, los apoderados con justa razón obedecieron el mensaje oficial plasmado, con llamativa impresión, en el pendón municipal y llevaron a sus hijos a clases el día lunes 5 de abril, día que se conmemora el glorioso abrazo entre San Martín y O”Higgins en los llanos de Maipú.
Los niños y jóvenes estudiantes asistieron normalmente a clases entre el lunes 5 y el miércoles 7 de abril, pero a las 11,00 hrs. de este día, abruptamente se interrumpieron las actividades docentes porque se hizo presente en la escuela otra funcionaria, quien retirando el clarificador pendón, impartió enérgicas instrucciones en orden a que la escuela no podía seguir funcionando por los presuntos daños estructurales que tendría. Para formalizar el necesario cierre de la escuela, se tramitó con extrema urgencia un decreto alcaldicio firmado el 9 de abril por la alcaldesa interina, en donde se declaró el inmediato desalojo de los alumnos, profesores y administrativos de la escuela, con lo cual todo el procedimiento fue muy “legal”.
Pero el Centro de Padres y Apoderados de la escuela, consciente de sus derechos y decepcionados por el desaprensivo comportamiento municipal iniciaron acciones para recuperar el establecimiento, teniendo en su poder los dirigentes del mismo, 2 informes técnicos de expertos en estructuras que contradecían abiertamente los planteamientos de la municipalidad. Conocedor del impasse que se vivía, tomamos contacto con el Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Arcis, vecina de la escuela clausurada, solicitándole su asistencia profesional para que evaluara los hipotéticos daños que hizo valer el municipio para determinar su cierre.
Esa universidad no pudo hacer nada y para cumplir con las formalidades de rigor, el Concejo Municipal de Santiago, en una atildada sesión del 14 de abril acordó fusionar las Escuelas E-78, Edmundo de Amicis y F-86, Juan Sandoval Carrasco, con lo cual se produjo lo que se buscaba, es decir, reducir costos de mantención, criterio economicista que rechazamos de plano.
Pero a los ideólogos del mercantilismo les salió el tiro por la culata, debido a que se mantienen en su integridad las plantas docentes y administrativas de ambas escuelas y sólo un mínimo de alumnos de la “terremoteada” Escuela E-78 se han matriculado en la F-86, lo que se traduce en un descenso significativo de los ingresos por concepto de subvención que otorga el Ministerio de Educación. Ergo, se mantiene el costo fijo, bajan los ingresos por asistencia media mensual de alumnos y por lo tanto crece el déficit estructural que curiosamente se pretendió reducir con el desalojo.
En razón a que los alumnos de la Escuela E-78 tienen que volver pronto a su casa de estudios especiales, quisiéramos que Lavín, flamante ministro de Educación y ex alcalde de Santiago, conocedor de la realidad educacional de esa comuna y experto en números, hable con Zalaquett para resolver el conflicto, tal como se lo manifesté a sus asesores en una pasada reunión sostenida en ese ministerio.
Patricio Herman
Fundación “Defendamos la Ciudad”
