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Parecía que el sustento común que se construía en Europa con una unión política, económica y monetaria era cada vez más sólido. Pero la integración regional ha estado repleta de contradicciones y la crisis económica y financiera que surgió en 2008 ha puesto en evidencia las fisuras.
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La crisis europea se desató hace un par de semanas al romperse uno de los eslabones más débiles: la deuda pública de Grecia. Su réplica alcanzó a Portugal y España. Los tres países fueron en su momento los entrantes económicamente más débiles del esquema integrador. El libre tránsito de mercancías y de capitales, luego del movimiento de trabajadores y la operación de una moneda única y del Banco Central Europeo no han sido suficientes para consolidar la integración regional. Es, precisamente, la política fiscal la que se mantiene bajo el control de los Estados nacionales. Esta forma de la soberanía política no se cede. Es el instrumento clave para redistribuir los recursos y los ingresos entre los grupos de población. Finalmente, ahí reside la capacidad de articulación social y la misma reproducción de las estructuras políticas. Alemania, por ejemplo, es la economía más fuerte de la zona, y el bienestar general de su población depende de su capacidad de generar riqueza, es decir, aumentar la producción de mercancías y reforzar el financiamiento de la actividad económica mediante la inversión, el consumo y el gasto públicos.
La intervención en el caso griego marcó un cambio significativo en el manejo de la política monetaria común de Europa. Por primera vez el banco central compró papeles de deuda de ese y otros gobiernos para intentar devolver alguna estabilidad financiera, y apoyar al euro, que perdía valor rápidamente.
Ese país es el más beneficiado con el proceso de integración y con la moneda única. Exporta mercancías y servicios, y financia las transacciones con una banca fuerte. Tiene, además, un arreglo social interno que funciona con menos fricciones en comparación con otros de sus socios regionales. La sociedad alemana no parece dispuesta a compartir su riqueza y a poner en riesgo el orden social interno. La canciller Merkel ya recibió el mensaje con la derrota en las recientes elecciones regionales.
Ese país es el más beneficiado con el proceso de integración y con la moneda única. Exporta mercancías y servicios, y financia las transacciones con una banca fuerte. Tiene, además, un arreglo social interno que funciona con menos fricciones en comparación con otros de sus socios regionales. La sociedad alemana no parece dispuesta a compartir su riqueza y a poner en riesgo el orden social interno. La canciller Merkel ya recibió el mensaje con la derrota en las recientes elecciones regionales.
Ese país es el más beneficiado con el proceso de integración y con la moneda única. Exporta mercancías y servicios, y financia las transacciones con una banca fuerte. Tiene, además, un arreglo social interno que funciona con menos fricciones en comparación con otros de sus socios regionales. La sociedad alemana no parece dispuesta a compartir su riqueza y a poner en riesgo el orden social interno. La canciller Merkel ya recibió el mensaje con la derrota en las recientes elecciones regionales.
