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Desde principios de diciembre de 2009 se sabía que la deuda pública de Grecia era una especie de bomba de tiempo. Y no era la única; había un pequeño arsenal de estas bombas, que se han ido activando en los meses recientes en Europa.
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El caso es que la organización del mercado de deuda sigue girando en torno a las tres calificadoras. Pero la calidad de su diagnóstico es cada vez más incierto. No existen los incentivos para que eso cambie y en la medida en que la situación se tensa, cada una de ellas intentará ganar un margen de utilidad sobre las otras con la consiguiente pérdida de calidad de la calificación que dan.
El periódico Financial Times citó hace apenas unos días un mensaje electrónico de un analista de S&P en medio de aquel colapso hipotecario a finales de 2007, en el que decía: “Si esta compañía sufre un evento tipo Arthur Andersen (refiriéndose a la empresa de auditoría involucrada en la quiebra de Enron), no caeremos por una falta de ética… No será tampoco por avaricia, que pesa tan poco en nuestras motivaciones. Será por la arrogancia”. Y, bueno, así está el cóctel de penitencias que enmarca la actual situación financiera del mundo.
El periódico Financial Times citó hace apenas unos días un mensaje electrónico de un analista de S&P en medio de aquel colapso hipotecario a finales de 2007, en el que decía: “Si esta compañía sufre un evento tipo Arthur Andersen (refiriéndose a la empresa de auditoría involucrada en la quiebra de Enron), no caeremos por una falta de ética… No será tampoco por avaricia, que pesa tan poco en nuestras motivaciones. Será por la arrogancia”. Y, bueno, así está el cóctel de penitencias que enmarca la actual situación financiera del mundo.
El periódico Financial Times citó hace apenas unos días un mensaje electrónico de un analista de S&P en medio de aquel colapso hipotecario a finales de 2007, en el que decía: “Si esta compañía sufre un evento tipo Arthur Andersen (refiriéndose a la empresa de auditoría involucrada en la quiebra de Enron), no caeremos por una falta de ética… No será tampoco por avaricia, que pesa tan poco en nuestras motivaciones. Será por la arrogancia”. Y, bueno, así está el cóctel de penitencias que enmarca la actual situación financiera del mundo.
