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Agosto 18, 2026

Toxo

Me imagino que te estás preguntando de qué va el tema, intentando saber qué es el “Toxo”, si eso se come o paga IVA, si por azar tiene alguna relación con el Txoco de nuestros amigos vascos, o tal vez con el Txacolí que toman en Euzkadi.  

Nada de eso. Ignacio Fernández Toxo -a quién llaman afectuosamente Toxo, prolongando esa reciente costumbre de utilizar el apellido materno para designar a personajes conocidos- es el Secretario General de Comisiones Obreras, una de las principales centrales sindicales obreras españolas. ¿Y ahí?
 
Y ahí que, contrariando la tradición de la TV chilena que ignora a los representantes de los trabajadores, Televisión Española le tuvo como invitado esta mañana. Hace unos días TVE había invitado a Cándido Méndez, Secretario General de la Unión General de Trabajadores, la otra gran central sindical.
 
Y es refrescante escuchar a quienes hablan desde el punto de vista de los que crean la riqueza con su trabajo y sufren en carne propia los efectos de la gigantesca crisis financiera que aun no muere cuando llega la primera “réplica”, o sea la nueva crisis.
 
Una periodista de “El Mundo” se sorprende de oírle decir a Toxo que la prioridad de las prioridades es la creación de empleo, y que ella exige lanzar las reformas que deben ponerle coto a la piratería de la banca y de las instituciones financieras, así como las reformas tributarias que debiesen hacerle pagar al mundo empresarial una justa parte del sacrificio necesario para estabilizar la economía.
 
La periodista, escasa de argumentos, esgrime una manida cantinela: “pero los economistas opinan, los expertos dicen, las agencias de calificación estiman, los mercados piensan…”.
 
Toxo, tranquilo, seguro de sí mismo, erudito en materia económica, social y financiera, le responde: “Quienes propiciaron, estimularon, difundieron, accionaron y generaron las condiciones de la actual crisis no tienen ninguna credibilidad ni pueden dar lecciones para enfrentar la catástrofe que crearon”.
 
Precisamente. La nueva crisis en la que ya entramos (vas a tener que apretar las nalgas otra vez, y no es por culpa del cura Karadima), gatillada por el mal tratamiento de la cuestión de la deuda pública griega, pone en evidencia el sórdido papel que juegan las agencias de calificación de crédito. Los “expertos en riesgos”, esos que deciden quién es, o no es, digno de confianza a la hora de prestarle plata y a qué tasa de interés: Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s.
 
No me digas que no has oído hablar de esos filibusteros: la prensa chilena les tiene por una especie de gurú tendencia crística matizada de benefactor de la humanidad, algo así como un híbrido de Don Francisco, el padre Hurtado y la madre Teresa de Calcuta, no sé si me entiendes. Cada vez que los miserables, los indigentes y los pobres se quejan de la terriblemente injusta concentración de la riqueza en Chile, la prensa pone en primera página que “el riesgo país” de Chile está de cojones. En otras palabras “no hay riesgo” visto que el pobrerío está domesticado y lo mantienen ocupado con la Copa del Mundo, el culo de la Marlene y el último concierto de Arjona.
 
Mientras tanto el mundo puede venirse abajo, decenas de millones de trabajadores perder su empleo, millones de familias ser expulsadas de sus hogares en los EEUU, países enteros arrodillarse frente a los bancos rufianes y especuladores, aquí no pasa nada, todo va bien, “el riesgo país” sigue como siempre, inexistente, es el juicio de los forajidos que de estas cosas entienden: Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s.
 
Lo verdaderamente importante es el plasma que te tienes que comprar sí o sí para ver el Mundial. Las decenas de miles familias que siguen abrigadas con el plástico que Jacqueline van Rysselberghe distribuyó “al por mayor” comienzan a habituarse a la idea de que una pijotera mediagua será todo lo que obtendrán a título de la reconstrucción.
 

En Chile la prioridad no es la que señala Toxo, -o sea el empleo y los salarios de quienes crean la riqueza con su trabajo-, sino prolongar el modelo económico común a la Alianza y a la Concertación, ese modelito que hace la fortuna de un puñado de privilegiados.